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AMUN, una mano solidaria para los que más necesitan

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Jóvenes de Ramos Mejía decidieron armar un grupo para brindarles asistencia a pueblos originarios. “Cuando veo las tremendas necesidades que tienen ellos, me asoma un sentimiento de culpa”.

AMUN, una mano solidaria para los que más necesitan
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Asoman sentimientos a borbotones. Arranca el amor, sigue la solidaridad y continúa la satisfacción. Un grupo de jóvenes matanceros coinciden en un lugar geográfico, Ramos Mejía, y en la acción propiamente dicha destinada a dar una mano a los desamparados. Todos ellos, unos 20, conforman AMUN que forma parte de Camino a la Igualdad, organización civil. Ellos decidieron estar junto a los pueblos originarios. Así, en julio pasado tuvieron la primera experiencia cuando viajaron a Formosa.

AMUN es una palabra quechua que quiere decir en busca de. Y, en ese sentido, AMUN es una asociación civil que tiene como objeto principal promover la igualdad entre las personas. Con ese fin brindamos nuestro apoyo a comunidades originarias, acompañándolas con el objetivo de mejorar su calidad de vida y garantizar sus derechos en salud, educación, nutrición e higiene', cuenta Alan García, uno de los integrantes del grupo solidario, que se reúne en el Centro Cultural Reacción de Ramos Mejía (avenida de Mayo 1134).

6 años

'Nuestro trabajo propende a la igualdad entre las personas y los pueblos y arrancó en 2010', dice Alan, quien cuenta cómo nació AMUN. 'Nicolás Sayans es el fundador de este movimiento. Quería ir a un lugar en donde haya necesidades manifiestas y le dijeron andá a Formosa Y viajó. En la capital le indicaron a Misión San Francisco Laishi, un pueblo ubicado a 60 kilómetros de la capital formoseña. Y allí eligió una de las tantas comunidades originarias ubicadas en una radio de 100 kilómetros. Se puso en contacto con una comunidad Qom, en la que viven 25 familias en dos cuadras aproximadamente, en las afueras del pueblo. Y ahí arrancó todo', revela Alan.

Nicolás habló con el cacique de esa comunidad, Daniel Tenkay, quien trazó un estado de realidad de su gente. Y Nicolás volvió a Buenos Aires y comenzó a reclutar voluntades entre sus amigos. Uno de ellos, Alan. 'Me invitó un día Nicolás y esto me abrió la cabeza, la mente es otra, te lo puedo asegurar', confiesa. A su lado, Romina asiente. 'Llegué a AMUN luego de hacer tareas solidarias en las que Alan me ayudó y ahí surgió lo de AMUN. Fui a una reunión y acá estoy trabajando junto a los demás', cuenta.
'Cuando veo las tremendas necesidades que tienen ellos, me asoma un sentimiento de culpa, porque pensás que a mí no me tocó eso. Aparece a bronca porque ellos están como acostumbrados a esa forma de vivir y no reaccionan y satisfacción cuando no esteramos, por ejemplo, que de esas huertas que habíamos armado en julio pasado ya habían comido varias familias', explica Alan.

Sin embargo, a veces no es tan simple, sobre todo cuando asoman culturas y formas de vida. 'Nos pasa que no definimos bien en dónde está el límite entre enseñarles e invadir su cultura. El límite es muy fino', reflexiona Alan, que apunta que "además ayudan a un comedor que abrió una mujer con 14 hijos del alma, en el que comen o asisten unos 60 chicos".

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