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Historias de vida
23 | 04 | 2016
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Dando pequeños pasos, Romina siempre llega lejos

Sergio Tomaro
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Por Sergio Tomaro


Hace nueve años, cuando la desnutrición golpeaba a sus hijos, una joven que de niña fue cartonera encontró en una ONG un espacio desde el cual empezó a tirar del carro del progreso personal y familiar.

Dando pequeños pasos, Romina siempre llega lejos
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Su labor como estimuladora de los chicos que concurren a la Asociación Civil Pequeños Pasos, en Loma Hermosa, la ONG que cumplió un rol fundamental en su vida, le despertaron a Romina Gorosito los deseos de seguir alcanzado metas en la carrera que comenzó muy de abajo.

De 28 años y madre de tres chiquitos con los que habita junto a Jorge, el padre de los nenes, en Villa La Cárcova, Romina no deja una noche de soñar con un mañana mejor, para lo cual le pone empeño y dedicación.

Fue la desnutrición que afectó a su primogénito Alexis, cuando tenía 3 años, lo que la acercó a la entidad en la que también comprobó que su segunda hija, Milagros, por entonces bebita, también arrastraba problemas por el bajo peso.

Con la ayuda de los profesionales de Pequeños Pasos, alineada con la obra del Plan CONIN en San Martín, los chicos se recuperaron y su mamá encontró un lugar diferente para darle una mano a otras madres que hoy atraviesan la angustia de ver al hambre devorar a sus hijos.

"Alexis, que ahora tiene 11, llegó a tener desnutrición grado uno pero logramos sacarlo de ese cuadro después de tres años, aunque le quedaron secuelas como las dificultades para retener cosas", manifestó Romi, como la llaman en Pequeños Pasos, a HISTORIAS DE VIDA.

La nena, que ya cumplió 9, superó el problema de bajo peso en seis meses y el más chiquito, Facundo, de 5, nunca tuvo dificultad alguna por los hábitos nutricionales que su madre incorporó tras la difícil experiencia padecida los dos hijos mayores.

Después de tantos controles para sus chicos en la ONG, a la que llegó por su cuñada Tina, Romina recibió la oferta de formarse en los talleres de la entidad. "Fue así que yo, que no sabía hacer ni un huevo frito, aprendí con los cursos que daba un chef", indicó la joven siempre motivada por las ganas de crecer y progresar.

Al poco tiempo le propusieron ejercer el rol de estimuladora de los niños que concurren a la asociación para los controles nutricionales y donde sus madres realizan diversos talleres en la sede de Solís 6963.

"Así empecé con esa tarea que me gusta mucho aunque creo que más estimular lo que hago con los chicos acercarme a ellos, jugar y conectarme como lo hago con mis hijos. Y lo que sale es algo muy hermoso", aclaró.

"Por estos nenes yo hago lo que en su momento no pude hacer por mis hijos debido a que había tenido una crianza distinta" dijo, a la vez que admitió regodearse cuando ve a esos chiquitos "irse recontentos a su casa".

Sin documentos

En los nueve años que lleva en la ONG Romina terminó el secundario por medio del Plan FINES pero todavía no puede tener el título po otro detalle singular de su vida: desde que nació está indocumentada.

Cuando arregle ese tema, irá por los estudios de psicopedagogía que alternará con sus ocupaciones en Pequeños Pasos y las horas que cumple como doméstica en San Martín los miércoles a partir del mediodía.

Al fin de cada jornada, Romi vuelve al reducido monoambiente de su casita en La Cárcova, donde humildad del ámbito da lugar a una pequeña biblioteca que tiene a sus hijos como usuarios habituales.

"Pensar que hace unos años no sabía quién era Martín Fierro", subrayó. Pero además, ahora también se anima a hacer huevo frito y otros platos que para Jorge y los chicos es felicidad pero también estímulo, de lo que Romina sabe un rato largo.

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