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#NiUnaMenos
26 | 04 | 2016
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Caso Karina Abregú: la tortilla comienza a darse vuelta

Maximiliano Montenegro
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Por Maximiliano Montenegro


Sigue respirando, tiene proyectos y sueños simplemente porque al momento de ser atacada por su ex marido Gustavo Albornoz con alcohol y fuego, pudo arrojarse a una pileta de natación

Caso Karina Abregú: la tortilla comienza a darse vuelta
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Karina Abregú no está viva por un milagro. Sigue respirando, tiene proyectos y sueños simplemente porque al momento de ser atacada por su ex marido Gustavo Albornoz con alcohol y fuego, pudo arrojarse a una pileta de natación y apagar las llamas que le afectaron el 55% de su cuerpo. No fue un milagro cuando resistió cinco paros cardíacos.

Tampoco fue un milagro su tolerancia a las decenas de operaciones quirúrgicas a las que fue sometida.

No fue un milagro, ayer, cuando Karina entró a la sala de juicios orales de Morón con el rostro atravesado por la certeza de que su verdad era irrefutable. De que no sólo lleva en la superficie las marcas del machismo violento, sino que todo su ser fue marcado para siempre.

De qué milagro se puede hablar cuando ella, Karina, a fuerza de pura voluntad, no para de caminar y golpear puertas y brindar testimonio sobre lo que hace falta para que eso del "Ni una menos" sea una realidad, y se aleje de un eslogan vacío, con cartelitos acompañados de rostros compungidos.

Karina quiso vivir, es verdad. Y ese 1 de enero de 2014, cuando Albornoz la prendió fuego con alcohol, le dijo no a la muerte.


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Pero no fue milagro. Tal vez fue suerte.

Porque todas las mujeres que son asesinadas en femicidios cada 30 horas quisieron seguir viviendo. Y el milagro no apareció para ellas. Las quemaron y sus cuerpos no soportaron el dolor. Las ahorcaron y ya no pudieron respirar. Las apuñalaron y la sangre derramada fue tanta que colapsaron. Las balearon de manera fulminante.

Karina se convirtió en símbolo porque es un híbrido, entre aquellas mujeres que siguen con vida y las 2.064 víctimas fatales registradas por el Observatorio de Femicidios de La Casa del Encuentro desde 2008 hasta 2015.

Pero Karina no quiso ser híbrido, ni sobreviviente, ni símbolo. Es todo eso porque su espíritu la empuja siempre hacia adelante. Aún cuando el sistema que protege y ampara a los violentos prometía darle la espalda, ella luchó y ayer salió del tribunal con una condena de 11 años prisión efectiva para el femicida.

¿Es poco? De ninguna manera. Si hasta ayer el femicida estaba libre. Se reía el femicida. Gozaba de su impunidad el femicida. Jugaba el femicida con la posibilidad de terminar su obra, esta vez sin errores.

Karina dijo no. Muchas mujeres que la acompañaron dijeron no. Y la tortilla comenzó a darse vuelta.

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