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Tenis
26 | 04 | 2016
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Del Potro vuelve al polvo de ladrillo, su superficie más incómoda

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El tandilense regresa a las canchas lentas después de 35 meses sin pisar el polvo rojo. Se enfrenta al alemán Dustin Brown por la primera ronda del ATP de Munich. Con un estereotipo para el cemento, empieza su preparación para Roland Garros.

Del Potro vuelve al polvo de ladrillo, su superficie más incómoda
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Juan Martín del Potro puede grabar videos entrenándose. Puede dar entrevistas y decir, con la tranquilidad de un monje hindú, que piensa en el presente. Que no ve más allá del próximo partido. Del día siguiente. Del entrenamiento que viene. Sin embargo, en su intimidad, él tiene algo en claro: en un mes comenzará Roland Garros, lo que significará su regreso a un escenario de máxima atracción, a un Grand Slam.

La recuperación de la muñeca de uno de los mejores tenistas argentinos de la historia es una caminata lunar: cada paso es una incógnita. En el mediodía argentino se ensuciará las zapatillas con polvo de ladrillo en un torneo oficial por primera vez en 35 meses. Del Potro no nació para el polvo de ladrillo. Su anatomía —los dos centímetros que le faltan para alcanzar los dos metros, la potencia de sus brazos, la longitud de sus piernas—, lo destinaron a lucirse en canchas rápidas, donde la diferencia la marca la potencia.

Del Potro, en Tandil, creció en el Club Independiente, en canchas lentas. Pudo, de todos modos, marcar una diferencia notable. Pero cuando llegó a la elite y empezó a tener rodaje en cemento, brilló. Del Potro, con 20 años, ganó US Open, uno de esos certámenes en los que, generalmente, salvo algunas excepciones, los argentinos iban de paseo. En césped también se desatcó. Del Potro, con 23 años, ganó una medalla de bronce en los Juegos Olímpicos de Londres, en Wimbledon, en pasto. Y un año después, para demostrar que no había sido casualidad, se metió en la semifinal del Grand Slam. Demostró, con la violencia de quien enseña con hechos, que el pasto, al final, no era para las vacas.

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El tandilense nunca ganó un Master 1000, pero jugó tres finales, todas en superficies veloces: Canadá, en 2009, Shanghai e Indian Wells en 2013. Y disputó el partido decisivo del Master de Londres, en 2012, cuando cayó ante Nikolai Davydenko. En polvo de ladrillo, lo más lejos que llegó fueron dos semifinales de Madrid: la primera, en 2012, es recordada porque se compitió con un extraño polvo de ladrillo azul, una rareza que incomodó a los competidores.

Ahora, en el horizonte, está Roland Garros. El Abierto de Francia fue un lugar donde la Torre de Tandil tuvo una —y solo una— actuación destacada: fue en 2009, cuando estiró la batalla ante un magistral Roger Federer hasta el quinto set. Lo que sucedió ahí tuvo una dosis de magia: Del Potro hizo cuartos de final una vez más y, después, no accedió más allá de la tercera ronda.

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Del Potro vuelve a jugar en polvo de ladrillo. Del Potro vuelve. Y eso, sea donde sea, si la muñeca responde, es una buena noticia.

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