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Política
27 | 04 | 2016
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La inflación no era una prioridad de los candidatos

José Di Mauro
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Por José Di Mauro


La devaluación primero y el aumento de las tarifas después han puesto al flagelo inflacionario en el primer lugar de las preocupaciones. Qué decían los candidatos durante la campaña sobre el tema.

La inflación no era una prioridad de los candidatos
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Cuando desoyendo el mandato de Durán Barba y compañía -que sugieren dejar de hablar del pasado- algún funcionario se sale del libreto frente al reproche por la inflación, no tarda en recordar que ese índice fue del 700% a lo largo de la gestión kirchnerista. La pregunta que viene al caso es entonces por qué con Macri el tema ha escalado al primer lugar en las demandas.

La respuesta puede encontrarse en el manual básico del buen kirchnerista, que dice que durante estos años el crecimiento de los salarios fue constante y en líneas generales le ganó a la inflación. Lo cierto es que durante la campaña presidencial ningún candidato entendió que debiera hacer especialmente eje en ese ítem en particular. Mucho menos el candidato del kirchnerismo, habida cuenta la regla establecida en ese sector político de limitar a cero la mención del problema.

De todos modos en algún momento Daniel Scioli esbozó la manera como encararía la lucha contra ese flagelo que, nobleza obliga, cuando pudo admitió como tal. El entonces candidato presidencial oficialista prometió reducir la inflación "gradualmente". En esa materia, mostró siempre su obsesión respecto de no enfriar la economía, y de tal manera terminó estimando que en una gestión suya la empresa de bajar la inflación a un dígito demandaría cuatro años.

En ese sentido es coherente con lo que hoy dice, puesto que durante la campaña aseguraba que no tomaría el camino del ajuste, sino el de la inversión "a partir de una dinamización de la economía". Así las cosas, pensaba en bajar la inflación financiándose en los mercados externos, y anticipaba que conservaría los Precios Cuidados para los sectores de ingresos medios.

Sergio Massa, el otro candidato peronista con posibilidades ciertas, siempre hizo gala de contar con un equipo económico de probada eficiencia y experiencia en apagar incendios. En su campaña, el candidato del Frente Renovador puso entre sus objetivos prioritarios "bajar la inflación y recuperar el INDEC".

En el camino hacia el primer fin tenía puntos de coincidencia con el sciolismo, pues también hablaba de una resolución "gradual", aunque quedaba claro que pensaba en un tiempo menor. No más de dos años, decían sus principales espadas económicas, mientras el candidato prefería hablar de resultados, más que de la manera como los alcanzaría: había que derrotar la inflación para devolverle la capacidad de compra a los jubilados, sostenía el tigrense.

Macri era el que prometía un plazo más breve para acabar con el problema inflacionario, prometiendo que en dos años llevaría la inflación a un dígito. Se diferenciaba especialmente con Scioli en esa materia, expresando su convencimiento de que reducir la inflación era un objetivo "sencillo" de resolver. Argumentaba respecto de la necesidad de lograr ese objetivo a corto plazo que con los actuales niveles de inflación, las empresas -ocupadas en no perder capital- desatienden temas como "competitividad e innovación".

Varias de sus espadas económicas solían dar más precisiones que el propio candidato. Carlos Melconián, actual presidente del Banco Nación que en un momento picó en punta para conducir la economía macrista, consideraba a diferencia de Scioli que bajar la inflación era un objetivo sencillo de resolver, habida cuenta de que "el mundo vive sin inflación". Decía que "bajarla es fácil, y es prioritario para pensar en una agenda de desarrollo a largo plazo".

Las diferencias entre los tres principales candidatos eran más claras en cuanto a la eliminación del cepo. Obviamente Daniel Scioli era quien más problemas tenía para reconocer ese problema, pues hacerlo lo enfrentaba con su gobierno. Por eso debía dar más vueltas que lo habitual al referirse a esa cuestión, y obviando el tema de las restricciones dejaba claro que oficialmente se podían adquirir dólares. Pero para el futuro prometía "dar libertad en la compra de la moneda extranjera", aunque explicaba que "sólo se hará gradualmente, no se puede hacer de un momento a otro".

Sergio Massa era más específico, y si bien se manifestaba convencido de que se podía "salir del cepo rápidamente", decía que eso demandaría "cien días". De hecho, sus economistas discrepaban abiertamente con Macri cuando aquel prometía hacerlo el día después de su asunción. Ya consagrado presidente, Macri morigeró esas expectativas y deslizó que tal vez la salida no sería el 11 de diciembre, que podría demorar algunos días, y así terminó sucediendo.

Cepo e inflación eran para el candidato que ganó un mismo problema. O mejor dicho: la inflación era el problema. "Hay que matar al verdadero causante de esto, que es la inflación", decían los economistas macristas. Y discrepaban de una solución gradual del tema de la inflación al señalar que eso conllevaba riesgos tales como establecer pautas austeras en la reducción de los porcentajes, que cualquier trastorno podía desnivelar, volviendo a subir los porcentajes.

Ya liberado del problema de los holdouts, el ministro de Hacienda y Finanzas, Alfonso Prat-Gay dio precisiones esta semana respecto al desvelo principal del gobierno, obviamente la inflación. Sigue convencido de que se cumplirá la pauta que estableció en el verano respecto de un 25% anual de inflación. Aclara que ese porcentaje se alcanzará midiendo de enero a diciembre, no considerando los interanuales que se estiman mes a mes. Y admite que esa pauta tiene que ver con todo el país. Medido con el índice San Luis, se evita considerar el cimbronazo de los tarifazos en los servicios, que corren solo para Capital Federal y provincia de Buenos Aires, distritos donde sí se superará el índice estimado por el ministro.


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Se espera que abril será el pico y punto de inflexión en materia de inflación, con un porcentaje que será superior al 6,5% según el índice de la Ciudad. Habrá un arrastre para el mes de mayo, que llegaría al 4%, pero a partir de junio se espera que descienda al 2%, y de ahí en más continúe una tasa decreciente.

Se admite, en efecto, que en esa contención de la inflación habrá un fuerte componente de la retracción del consumo. En la intimidad, un ministro reconoció algo que no diría en público: consultado sobre si puesto en la disyuntiva de escoger entre depresión o inflación, qué prefiere Macri, el hombre que conoce bien a su jefe señaló sin dudar la primera opción.

Mientras tanto, Prat-Gay anticipó la noche del lunes que la salida de la inflación será más gradual de lo previsto: no se llegará al dígito de inflación en 2017. Para todo ese año, el ministro calcula que el porcentaje será del 17%. Lo que, comparado con la actualidad, parece una panacea, por cierto.


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