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Historias de vida
02 | 05 | 2016
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Vico intuyó que el jazz tiene el ritmo de la sensibilidad

Sergio Tomaro
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Por Sergio Tomaro


El éxito que alcanzó como compositor ya lo percibía cuando empezó a dar los primeros pasos en su carrera, la que después se abrió como un inmenso abanico para así transitar nuevas formas de expresión y conocimiento.

Vico intuyó que el jazz tiene el ritmo de la sensibilidad
Foto: Laura Tenenbaum
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La formidable expresividad de Vico no se agota en su extensa obra por la que fluyen la música, la poesía, la pintura y el cine sino que también domina cada uno de sus diálogos, siempre vivaces y profundos, porque su perfil polifacético lo lleva a pararse también en la vereda de la filosofía para, desde allí, entender y proyectar su vida.

Vico Berti, tal el nombre con el que ganó notoriedad en las distintas etapas que atravesó en los últimos 71 años, es un creador nato como lo define un curriculum que destaca su autoría en 300 temas de jazz, diez libros, otras tantas obras de teatro, más de mil pinturas, 500 artículos de divulgación científica y un cortometraje. Es casi seguro que algún otro dato se haya escapado al registro periodístico en un manantial de realizaciones que salta entre pentagramas, páginas y cuadros.

Pero un detalle que valora esa nutrida foja de servicios es el vínculo que Vico estableció con otro grande, Leonardo Favio, al que de un encuentro ocasional en la madrugada porteña los hizo transitar juntos un camino en el que marcaron hitos importantes como la música del film El Dependiente -para muchos la mejor película argentina de todos los tiempos- y canciones populares como "Fuiste mía un verano", "Anny", "Me siento libre" y "Extrañándote, extrañándote", entre otras.

Lo singular de esta historia es que Vico siempre supo cuál iba a ser su derrotero como si un don para percibir lo que iba a tener por delante le anticipara situaciones y experiencias. 'Sin la intuición yo no soy nada", confesó a HISTORIAS DE VIDA quien afirma creer "en la autotransformación permanente, hasta el último suspiro, porque al fin al cabo uno es muchos uno hasta llegar a ser uno".

"La experiencia es conocimiento y en la medida que vivimos nos damos cuenta que no somos el mismo que éramos hace un tiempo. Es que si se vive se enriquece y la experiencia es sabiduría", puntualizó en el living de su casa dominado por libros, cuadros, CD y tapas de discos que lo tuvieron como protagonista.

"Por ejemplo, yo ahora soy el cuarto Vico. Tuve una vida hasta los 25 años, otra -explicó- a partir de los 45, a los 60 empecé con una nueva y ésta, la cuarta, es la que estoy transitando".

Sambiase, Parque Chas, su ruta

Justamente su punto de partida es el pueblo calabrés de Sambiase, Italia, en lo que en la antigüedad fue Magna Grecia, desde donde a los 7 años se vino a la Argentina con su familia para al poco tiempo empezar a residir en Parque Chas, al que define como un verdadero "'laberinto urbano".

Domingo, que trabajaba como empleado municipal, y María, que ayudaba a la economía familiar como costurera, hicieron cuanto estuviera a su alcance para que su hijo cumpliera sus sueños, o mejor dicho, viera cristalizadas sus intuiciones.

Aquel chico que, como dice hoy de grande, empezó a silbar antes que a hablar, de joven empezó a componer música, llegó a las grabadoras y un día el autor y productor televisivo Alberto Migré le dio lugar a temas suyos en sus novelas.

Fue así que Vico creció y se expandió por un amplio espectro de expresiones en los que la música, si se quiere, ocupa un espacio central. Esa es la razón por la que en su reducto de Congreso también junto a tantos discos, pinturas y libros que copan el espacio sea el jazz sinfónico, género en el cual experimenta ahora, el que se exprese profundo y colorido como leiv motiv de creación, sensibilidad y vida.

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