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02 | 05 | 2016
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Veinte familias resisten desalojo en hotel de Constitución

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Ocurre en “Edén”, un viejo hotel de la zona aledaña a la estación, que alberga a decenas de personas en condiciones de hacinamiento, entre ellas 30 niños.

Veinte familias resisten desalojo en hotel de Constitución
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Al menos unas veinte familias y más de treinta niños deberán desalojar el edificio que habitan, el Edén, uno de los tantos hoteles que alberga a personas en condiciones de hacinamiento con costos iguales a los del mercado formal, pero que terminan representando la única opción de vivienda para las poblaciones más vulnerables.

"Hace cuatro años compré una habitación. Al poco tiempo llegó una carta que decía que nos iban a desalojar", recordó Rocío, una enfermera de 28 años, madre de un nene de once años y una nena de seis que van a escuelas públicas del barrio.

Rocío se había enterado de la venta del cuarto a través de su entonces pareja que hacía trabajos de electricidad en el hotel Edén, ubicado en Brasil 1517 en el barrio porteño de Constitución. No sabía que el edificio tenía una sentencia de desalojo desde 2009, cuando la dueña inició una acción en contra de quien en ese momento administraba el hotel, lo que en términos legales sería el dueño del fondo de comercio.

La venta fue por 5000 pesos, y aunque no hubo firma de escritura, Rocío recibió la llave y respiró porque podía garantizarle a sus niños, por entonces la más pequeña tenía un año, que no iban a dormir en la calle. La pieza de Rocío tiene una cocina eléctrica, unas cuchetas y una cama aparte. El baño lo comparte con otras familias del primer piso; en la planta baja, en cambio, la mayoría de las habitaciones tienen baño privado.

"No estoy cómoda, los baños se tapan mucho, hay mucha humedad y como está el pedido de desalojo no vamos a arreglar porque sería tirar la plata. No queremos vivir así, pero no tenemos posibilidades reales de otra cosa", contó.

Rocío trabaja por su cuenta, la cantidad de horas que más puede porque al estar a cargo de los niños, tampoco puede emplearse en el sistema de salud formal, ya sea público o privado, porque "entonces debería pagarle a alguien que los cuide a la noche y tampoco me alcanzaría".

"Hablé con una asistente social pero me dijo que no me pueden dar un subsidio hasta que no llegue el desalojo", explicó.

La venta de las habitaciones del hotel comenzó a darse después de que el dueño del fondo de comercio desapareciera: "Durante varios meses los inquilinos le pagaron el alquiler de las habitaciones sin saber que la propiedad tenía una orden de desalojo, ni yo que era la encargada conocía la situación", aseguró Elva, hoy habitante del inmueble.

Allá por 2009, cuando llegó la primera orden de desalojo, los entonces inquilinos se enteraron de que el hotel estaba clausurado desde 2008, el contrato estaba vencido y la dueña quería disponer de la propiedad. Los vecinos se organizaron y lograron mediante una acción judicial posponer la medida.
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