martes 6.12.2016 - Actualizado hace
Política
04 | 05 | 2016
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El Congreso más adverso que haya tenido un gobierno

José Di Mauro
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Por José Di Mauro


Con alianzas muy frágiles y una cámara donde es clara minoría, a Cambiemos se le hace muy dificultoso consensuar en un Congreso donde la oposición se maneja por momentos de manera implacable, sin darle tregua.

El Congreso más adverso que haya tenido un gobierno
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El kirchnerismo se las arregló en el Congreso para obrar a su estilo, que consistía en hacer y deshacer a su antojo, limitando las modificaciones a cero, cuando podía, o a lo superfluo, cuando correspondía mostrar cierto nivel de apertura. En este último caso podemos poner como ejemplo emblemático a la Ley de Medios, que estuvo abierta a las sugerencias de aliados, pero donde estaba claro e inamovible qué era lo que no podía cambiarse.

No siempre tuvo la mayoría plena con la que terminó gobernando; recordemos que tuvo perdió las dos elecciones de medio término durante los dos mandatos de Cristina Kirchner. Pero solo una vez quedó en minoría en una cámara (la Baja), y entonces trató de reducir al máximo la actividad legislativa, cosa que logró con gran efectividad sobre todo en el segundo de los dos años en que se extendió esa situación. Pero en general, las bancadas oficialistas de los Kirchner tuvieron siempre el número suficiente como para garantizar la tranquilidad del Ejecutivo.

Incluso al principio, cuando el kirchnerismo no existía en el Congreso y el presidente Néstor Kirchner heredó los legisladores de Eduardo Duhalde. Y cuando rompió con él, no le jugaron en contra. A la larga, terminaron sumándose al Frente para la Victoria.

No es ni por lejos la situación que encontró Mauricio Macri. Por el contrario, este Parlamento en el que muchos celebran que haya vuelto la diversidad, se haya acabado la hegemonía y predominen las minorías, muestra prematuramente un estado prácticamente beligerante con relación al Ejecutivo. Nunca como ahora en los años que lleva esta recuperada democracia un gobierno tuvo tan tempranamente una oposición que exhibiera tal nivel de confrontación.

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Cierto es que Cambiemos se las arregló en los primeros meses de este año para modificar el estado de situación en la Cámara baja, donde terminó dando vuelta la situación con relación al Frente para la Victoria, al que relegó en número a partir de la escisión de una parte de esa bancada. Y sorprendió a propios y extraños al lograr sendas trabajosas mayorías para aprobar por más de los dos tercios en ambas cámaras el arreglo con los holdouts.

Entusiasmado, el presidente Macri felicitó la noche de la aprobación en el Senado a Gabriela Michetti y le pidió un resultado similar para los abogados propuestos para integrar la Corte Suprema. Pero esos pliegos, que en un principio el Presidente quiso imponer por decreto, están inmóviles desde hace semanas en esa misma Cámara. Hoy por hoy, lo más probable sería que al menos uno de ellos fuera rechazado, con argumentos difusos: algunos reclaman que al menos uno de esos puestos sea para una mujer; otros siguen reprochándole al Presidente que haya querido imponerlos por DNU; y unos cuantos no les perdonan a Rosenkrantz y Rosatti haber aceptado en un primer momento ser designados de la manera como intentó Macri. Ayer, por caso, el senador del GEN Jaime Linares condicionó su apoyo a que la ley antidespidos no sea vetada.

En su reunión con poco más de la mitad de la bancada FpV del Senado, Cristina Kirchner les pidió sin vueltas a esos senadores que rechacen los pliegos. Ese es el mensaje que resume el espíritu que la ex presidenta ha planteado ante la tropa que la sigue en ambas cámaras, sobre todo Diputados: no dar tregua al gobierno que la sucedió. No faltan quienes ven en esa actitud un irrefrenable deseo por acelerar los tiempos del gobierno. Queda claro qué significa eso. Sea o no cierto, es innegable que se busca desgastar todo lo posible al gobierno que lleva poco más de cuatro meses en el poder.

Pero contrariamente a lo esperado por el oficialismo, esa actitud no se limita al kirchnerismo. Les quedó claro cuando la oposición en pleno se encolumnó tras el reclamo de las centrales obreras que se dieron cita en ambas cámaras y en una suerte de operación de pinzas suscribieron sendos dictámenes de la emergencia laboral, tanto en Diputados, como en el Senado. En un mismo día, esos proyectos quedaron listos para ser tratados en el recinto. Nada pudo hacer el oficialismo para trabarlo, y menos para evitar que lo aprobaran en la Cámara alta por amplia mayoría.

Pareció que se restablecían los puentes con el massismo cuando ese sector sugirió una propuesta alternativa, pero el experimento naufragó cuando desde el gobierno no hubo demasiadas señales positivas, y sobre todo en el sindicalismo y dentro del propio bloque renovador comenzaron a cuestionar a Sergio Massa por un eventual retroceso. Terminó de alinearse el lunes cuando con la reunión con Miguel Pichetto el ex candidato presidencial logró mantener vigente su objetivo de conservar la centralidad. Y en esas circunstancias, enterró cualquier entendimiento con el gobierno en este tema, aunque las negociaciones puedan reflotarse.

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Con todo, Cambiemos aspira a estirar los tiempos, dilatando el tratamiento de la ley antidespidos aprobada en el Senado. La oposición, con las firmas del kirchnerismo, pero también de socialistas, Libres del Sur, la izquierda y otros, pidió una sesión especial para este jueves, que reglamentariamente podría estar habilitada. Como el massismo y el bloque Justicialista ya anunciaron que no participarán, no les alcanza para tener quórum. Es preferible, pues en ese caso necesitarían aprobarlo con los dos tercios para convertirlo en ley, pues el proyecto no pasó por comisión.

¿Y si participaran los que ahora dicen que no irán, pues quieren debatirlo en comisión? En ese caso el oficialismo tiene el número suficiente como para evitar que la oposición llegue a los dos tercios, pero debería estar presente a la hora de votar, pues son los dos tercios de los presentes los que hacen falta. No puede arriesgarse entonces a que la oposición en soledad sesione y convierta en ley la emergencia ocupacional.

El camino que quiere hacerle recorrer el oficialismo a esa ley prevé un periplo en comisión que pueda extenderse lo más que pueda, con exposiciones del ministro de Trabajo, empresarios, y hasta gobernadores. Pero la oposición quiere evitar semejante trámite y emitir enseguida dictamen para mandar el proyecto al recinto cuanto antes.

Es en este marco que también se ha dado un hecho inédito: contrariamente a lo que se estila después de la aprobación de un proyecto en una de las dos cámaras, que es remitido inmediatamente a la otra, el proyecto de emergencia ocupacional aprobado en el Senado fue cajoneado deliberadamente por las autoridades de la Cámara alta, que demoraron su envío a Diputados. Al cierre de esta edición, todavía no había llegado a la Cámara baja. Se espera que eso suceda hoy, y mañana mismo arranque la discusión en comisión, aunque los que convocaron a la reunión especial no la levantarán y sesionarán en minoría, cuestión de hacer catarsis contra el gobierno, al que no piensan darle tregua.

El macrismo, que ya ha verificado la fragilidad de las alianzas que supo constituir, sigue esperanzándose en el segundo semestre.

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