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Opinión
06 | 05 | 2016
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Se olvidaron de D'Alessandro

Eduardo Verona
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Por Eduardo Verona


Regresó Andrés D'Alessandro a River en enero de 2016. Y a los 35 años volvió a demostrar la vigencia de su zurda que arma, organiza y desequilibra. En este rol de media punta que también es enganche porque siempre fue un enganche, asoma su deuda en la Selección. Y las deudas y olvidos que los sucesivos técnicos contrajeron con él.

Se olvidaron de DAlessandro
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   Ahora es tarde. Muy tarde. Andrés D'Alessandro ya cumplió 35 años el pasado 15 de abril. Su etapa en la Selección nacional ya terminó hace varias temporadas, aunque salvo en lapsos muy aislados (por ejemplo en la Copa América de 2004 en Perú cuando en varios partidos fue titular en aquel equipo que armó Marcelo Bielsa) no haya disfrutado de la posibilidad de instalarse como un protagonista importante e influyente de una estructura colectiva.

   La realidad es que esta versión actual de D'Alessandro en el crepúsculo de su carrera (buena o muy buena según los partidos), convoca a cierta injusticia futbolera que padeció el enganche nacido en River y que a partir de julio de 2003 jugó en Alemania, España, Inglaterra y Brasil. La pregunta es muy simple: ¿por qué tuvo tan pocas chances en las distintas selecciones que dirigieron José Pekerman, Alfio Basile. Diego Maradona, Sergio Batista y Alejandro Sabella? Y otra pregunta: ¿qué era lo que no les cerraba de D'Alessandro?

   Es cierto, Juan Román Riquelme fue un organizador brillante. Un 10 clásico en todas las facetas. Un armador tiempista que manejaba y administraba lo que no se enseña ni se aprende: la calidad del pase con ventaja para el que lo recibe. Y la profundidad implacable de ese pase para desatar la aventura del gol inminente. Tenía la cancha en la cabeza Riqueime, como la tuvieron Ricardo Bochini y el Beto Alonso, más allá de la cumbre que alcanzó Maradona expresando un fútbol total. Pero Riquelme no se adueñó en la Selección de la camiseta número 10 durante ciclos extensos. Estuvo más afuera que adentro por decisiones ajenas y por determinaciones que tomó el ídolo del Boca en momentos clave.

   Sin embargo, ausente Riquelme por distintas circunstancias, D'Alessandro nunca sonó en el ambiente de la Selección con la fuerza suficiente para ganarse un lugar. Y es sugestivo que mientras se reclamaba que a la Selección le faltaba un enganche para coordinar los movimientos ofensivos, ese enganche que fue y es D'Alessandro no era tenido seriamente en cuenta, como si se subestimara su aporte.

   ¿Qué factores conspiraron para que el juego siempre filoso y desequilibrante de D'Alessandro pudiera manifestarse sin continuidad en la Selección? ¿Los gustos particulares y específicos de los entrenadores? ¿Los sistemas tácticos que proponían esos entrenadores? ¿Cierto perfil polémico de D'Alessandro que se naturalizó a partir de una personalidad fuerte y despojada de tibiezas que le valieron algunos conflictos en los clubes por donde pasó?

   El fútbol de todos los tiempos siempre encerró algunos misterios nunca develados. Por ejemplo en la Argentina, extraordinarios jugadores como Angel Clemente Rojas, Bochini y Alonso, no conquistaron en la Selección el destino que sus grandes condiciones reclamaban. Sus participaciones fueron demasiado erráticas. Nunca encontraron respaldos plenos y absolutos. Podían estar. Y al partido siguiente podían salir. Esa inestabilidad para confirmarse como titulares los terminó mostrando como piezas accidentales o periféricas de un equipo.

   Con D'Alessandro, sin intentar hacer ninguna comparación de niveles ni calidades, ocurrió algo parecido. Lo fueron convirtiendo los sucesivos técnicos de la Selección en un jugador casi providencial. En un suplente a veces del suplente. Que en algún caso era convocado para conformar o completar una lista. Pero nunca fue un número puesto. Nunca le tiraron la camiseta como se la tiraron a otros de menor jerarquía, como Javier Pastore (lagunero hasta la exasperación), para citar un caso que se dio en los últimos años. O como Pablo Aimar.

   Es verdad, D'Alessandro no entra en la categoría de super crack que identifica a Riquelme. No lo iluminan las luces que iluminaron a Riquelme en el arte de la construcción y la elaboración ofensiva. Pero siempre fue un zurdo con el potrero, el manejo, el pase, el remate y el ADN intransferible del fútbol argentino.

   Claro que los hechos revelan que no le alcanzó. Como en otros tiempos no les alcanzó a otros notables. Hoy, a los 35 años, ya con la zanahoria de la Selección fuera de su horizonte, continúa mostrando la vigencia del juego que siempre lo identificó. Porque sigue jugando muy bien D'Alessandro. Aunque a River no le suenen los violines.

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