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Vida
08 | 05 | 2016
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Cuando los chicos se adelantan al futuro

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Personal o estimulada, la pregunta puede referirse a inquietudes internas o motivaciones que se traslucen desde el contexto. Acompañar ese proceso y, sobre todo, no frustrar los deseos manifiestos, puede ayudar a que el interés no quede condicionado o desdibujado. Por qué es importante dejar claro nuestro parecer.

Cuando los chicos se adelantan al futuro
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Es frecuente escuchar a los niños decir qué les gustaría ser en su adultez. Pero, ¿de dónde proviene este deseo? La fuente de donde surgen estas manifestaciones es diversa:

Culturales: el nivel socio cultural al cual el niño tiene acceso.

• Familiares: las ocupaciones que observa en las figuras significativas de su entorno cercano, la satisfacción o insatisfacción que observa en ellos respecto de la tarea que realizan.

• Personales: las competencias naturales del niño.

"Estos comentarios hablan de la diversidad, la imaginación, y la riqueza de la mente de los niños en desarrollo. Pero también pueden ser indicadores de la fuerte influencia que reciben, a veces de la confusión que les genera el futuro, o de una actitud de aplanamiento para ser aceptados con las elecciones que hacen sus pares", explica la Dra. Edith Vega (MN 14.363), doctora en Psicología de Fundación Hospitalaria. Es bueno considerar que estas manifestaciones son diferentes según el momento evolutivo en que se encuentran. Suelen representar una proyección al futuro más que elecciones definitivas.

¿Esta clase de inquietudes surgen sólo de los niños? "Sin duda es un intercambio entre dos necesidades, entre dos interlocutores. Las personas desde el nacimiento hasta la muerte construimos nuestra identidad, es un largo proceso que se inicia tempranamente. Es por este motivo que siendo adultos encontramos en nuestros hijos el reflejo de aquello que nos impulsa a seguir. El riesgo es forzar al niño más que sugerir alternativas favoreciendo el proceso de elección", explica la profesional.

Jorge Luis Borges decía "...desde mi niñez se consideraba de manera tácita que yo cumpliría el destino literario que las circunstancias habían negado a mi padre. Era algo que se daba por descontado (y las convicciones son más importantes que las cosas que meramente se dicen). Se esperaba que yo fuera escritor..."

El proceso de elección es un fenómeno complejo: hay muchos elementos en juego, y muchos interjuegos entre los elementos que lo componen. Actualmente se observa una relación importante con la realidad virtual a la cual los niños tienen acceso. Ésto agrega un elemento diferente de elección.

"El interjuego se da entre las habilidades naturales y/o adquiridas del niño y la expectativa de los adultos, o lo que el niño supone que más coincide con lo que él cree que sus padres quieren", dice Edith Vega.

Y agrega: "El riesgo es que los padres quieran que sea lo que no pudieron ser o que interfieran u obstaculicen el proceso de construcción de la identidad del niño. La tarea de ser padres y madres exige un diálogo abierto entre los deseos de los padres y los del niño".

No es unilineal, es interesante el proceso en los estudios realizados con familias numerosas: un mismo mensaje, escuchado por diferentes hijos es tomado de modo diferente. Algo que para uno representa un mandato ineludible, para otro, es un comentario al pasar, casi olvidado. Por otro lado, no para todas las personas los mensajes de los padres son vividos como algo necesariamente negativo. En algunas experiencias, es un ordenador que permite marcar un rumbo en la vida. Muchas personas manifiestan de adultos tener problemas emocionales porque sintieron que les faltó una guía, un mandato que marcara un rumbo en algo que vivían.

Otros, en cambio, manifiestan que pueden hacer lo que quieren aunque coincida con lo que los padres quieran. Esto, no es otra cosa que un indicador del final de la adolescencia.

Recomendaciones

eDejarse sorprender por la manera que tiene el niño coincida o no con la propia expectativa.

eApoyarlo aunque no coincida con lo que hubiéramos elegido como padres.

ePedir ayuda cuando nos sentimos abrumados por la labor que la vida nos presenta cotidianamente en la crianza de nuestros hijos.

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