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Opinión
11 | 05 | 2016
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Los caminos de Sampaoli

Eduardo Verona
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Por Eduardo Verona


Después de amagar y sobreactuar tentando a Jorge Sampaoli, Pablo Moyano declaró que el próximo entrenador de Independiente será Gabriel Milito. El hecho de que Sampaoli quedó fuera de carrera por razones no aclaradas no invalida una mirada sobre el técnico argentino que hoy cosecha un amplio reconocimiento por sus ideas y por el fútbol que reivindica.

Los caminos de Sampaoli
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Pablo Moyano ya anunció que Gabriel Milito (35 años) será el próximo técnico de Independiente, borrando la posibilidad de que Jorge Sampaoli sea el reemplazante de Mauricio Pellegrino, desestimando por completo las opiniones de otros miembros de la mesa ejecutiva del club. ¿Por qué Moyano eligió a Milito? Porque es más accesible económicamente que Sampaoli, aunque sea una incógnita como técnico. Con esta lógica también se decidieron antes por Jorge Almirón y después por Pellegrino. A ambos les quedó grande Independiente.

  
La opción de Sampaoli fue tramposa. Hugo y Pablo Moyano nunca pensaron en contratarlo. Igual, parece apropiado y oportuno analizar el perfil futbolístico y humano del técnico argentino de 56 años que Independiente descartó.
  
¿Por qué Sampaoli se convirtió casi en un objeto de culto para muchos futboleros de Chile y de la Argentina? Porque quizás refleja a un outsider. A un tipo que está al margen. A un tipo que mira el paisaje con otros ojos. A un tipo de la periferia que dentro de la aldea global del fútbol mundial se permite reivindicar valores que trascienden al fútbol, aún estando lejos de ser un estupendo declarante.
  
Pero tiene algo que no se aprende ni se incorpora: despierta empatía en aquellos que lo escuchan, entre ellos los jugadores. Sabe leer e interpretar aquellos gestos, actitudes y palabras que generan una corriente muy favorable. Y eso transmite y contagia Sampaoli, más allá de las victorias que conquistó desde 2011 con la Universidad de Chile y con la selección de Chile en la última Copa América 2015.
  
Ese capital simbólico que no es producto de ninguna estrategia comunicacional, sino una construcción de su personalidad, le permite crear puentes muy fuertes que en el fútbol tiene una denominación muy definida: mística. Que por supuesto no garantiza triunfos, pero un equipo con mística es complejo de doblegar porque cuenta con fortalezas que van mucho más allá de la táctica, los sistemas y los planteos. Es expresar una presencia dominante aún siendo dominado. Es dar algo más cuando casi todos empiezan a dar un poco menos.
  
No es un gurú ni un mago del fútbol Sampaoli.
No se formó en ninguna escuela falsamente avanzada del fútbol moderno. El se hizo caminando. O se hizo corriendo, porque confiesa que corriendo "piensa mejor". Precisa esa adrenalina. Como precisa vincularse desde la emoción y la sensibilidad a varias bandas del rock nacional. Siente que lo representan algunas letras. Algunas búsquedas existenciales. Algunos caminos. Algunas complicidades. Lo que no significa que sea el estereotipo de un rockero metido en el fútbol. Nadie es ciento por ciento rockero o ciento por ciento futbolero. Son vasos que pueden comunicarse. Y que no se derraman. Se vinculan. Se integran. Se enamoran.
  
¿Por qué cautiva a los jugadores que dirige? Porque aunque Sampaoli diga que no tiene "grandes sueños" como en más de una oportunidad confesó, sosteniendo que está "en el anochecer de su vida", su palabra y su acción promueven la épica. Es llegar hasta donde cada uno quiere llegar juntándolos a todos. A los parecidos y a los diferentes. Esa dimensión de la épica que busca la trascendencia futbolística es el motor que alimenta a los equipos que conduce Sampaoli.
  
¿Cómo juegan y que idea persiguen sus equipos? A meterle miedo a los rivales. A someterlos con un pressing radical en las narices del arco contrario. A imponer condiciones taxativas desde el arranque de cada partido. A jugar con una determinación absoluta. A atacar con total decisión. A forzar errores ajenos ahogando todas las comodidades que puedan ahogarse. A ir al frente con todo, en definitiva, sin inmolarse en el fondo. A ocupar el ancho de la cancha y a crear superioridad numérica por la zona donde se encuentra la pelota. Todo eso es estrategia. Que tiene su táctica. Pero el fundamento es la estrategia. 
  
Como viejo admirador de Marcelo Bielsa aunque nunca haya cruzado una palabra con él, Sampaoli comenzó a ejercer como técnico adoptando la idea de la verticalidad ofensiva. Del ataque directo con escasa circulación y elaboración. Pero en los últimos años, al igual que Bielsa, le sumó posesión y control de la pelota a esa original verticalidad, seguramente fruto de la influencia de Pep Guardiola en el Barcelona.
  
"Yo no soy dogmático", comenta Sampaoli. Y no lo es. No se aferra a las verdades absolutas que nunca lo son. Siempre lo más fácil para el hombre ha sido correr detrás de las verdades absolutas. Por eso el Zurdo (es su apodo desde que jugaba al fútbol en Casilda) suma conceptos de distintas escuelas. A lo que nunca renuncia es a ejecutar un fútbol que siempre quiere abrazar la iniciativa en cualquier circunstancia y en cualquier escenario. No hace distingos entre jugar de local y de visitante. No cambia el enfoque ni las prioridades. No subordina al equipo a los movimientos del equipo que tiene enfrente. Pretende que el adversario se subordine a los ritmos y a la dinámica propia. Así quiere jugar y ganar. Como lo hizo en la Copa América, incluso ante Argentina en la final. Sin brillar, Chile condicionó a Argentina y la Selección de Gerardo Martino terminó más preocupada por neutralizar a Chile que por desarrollar su juego.
  
"Yo todo lo aprendí de la calle. No hay mejor facultad que la calle", afirmó en alguna entrevista que concedió mientras entrenaba a Chile. Cuando Sampaoli dice "todo", por supuesto supera con amplitud los límites del fútbol. Ese "todo" es la construcción de su subjetividad para mirar las cosas de la vida. Para divertirse y apasionarse adentro y afuera de la cancha. El sostiene que se apasiona "con una película, con un recital de rock y con un discurso del general Perón". Y que jugando al fútbol también "hay que divertirse". Lo que no lo divierte es la curiosidad de la prensa en observar las prácticas. No lo permite. Es más: suele perseguirse con el periodismo que apuesta a la polémica. "Buscan destruir", afirma convencido.   
 
Valora al Cholo Simeone, pero no lo pone en ningún altar. "No siento el fútbol igual que Simeone", admite. No hacía falta que lo aclarara. Se ve. Sampaoli se protege atacando. Más ataca con la agresividad que caracterizan a sus equipos, más se protege. Esa bandera incluye también aquella imagen de un personaje que sin querer ser un personaje se convirtió en un entrenador con marca registrada. A ese entrenador Independiente prefirió descartarlo. Y se queda con Milito. ¿Quién sale ganando? La respuesta está soplando en el viento.           
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