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La construcción de Milito

Eduardo Verona
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Por Eduardo Verona


Llegó donde quería llegar Gabriel Milito. Ser entrenador de Independiente fue un desafío con algunas postergaciones. Su experiencia previa en Estudiantes durante 7 meses resultó positiva en la suma de puntos, pero no logró darle al equipo una señal estratégica que expresara un perfil. ¿Cuál es la idea de Milito?

La construcción de Milito
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Los números siempre insuficientes y para nada esclarecedores sostienen que Gabriel Milito dirigió a Estudiantes durante 30 partidos, que el equipo ganó 16 encuentros, que empató en 8 oportunidades y perdió 6, logrando el 62 por ciento de los puntos en disputa.

¿Qué significación tienen esas cifras? La misma significación que recordar los números que acompañaron a Mauricio Pellegrino en su reciente estadía en Independiente. Dirigió en 41 partidos, sumó 21 triunfos, 13 empates y 7 derrotas, logrando el 58 por ciento de los puntos en disputa.

¿Qué tal es Milito como técnico? No se sabe. Cualquier análisis que se intente realizar a partir de su breve desempeño en Estudiantes, será tan precario como aventurado. Porque Milito está dando sus primeros pasos en la profesión. Es como si se pretendiera hacer un juicio de valor definitivo sobre un jugador solo porque jugó 5 meses en Primera. Alguna vez el Pato Fillol dijo que para medir las virtudes y las falencias de un arquero, por lo menos habría que mirarlo durante un año. El Flaco Menotti, por su parte, confesó que recién se sintió entrenador cuando dirigió al Barcelona a partir de enero de 1983. Antes ya se había consagrado campeón con Huracán en 1973, campeón del mundo con Argentina en el Mundial de 1978 y con la selección juvenil en 1979, en Japón. Pero la plenitud para ejercer una función no fue inmediata. Sucedió mucho después.

Ahora Milito llegó al lugar donde algún día quería llegar después de retirarse como jugador con la camiseta de Independiente a mediados de 2012, un año antes del colapso inolvidable que terminó con el descenso. En Estudiantes experimentó. Quiso probarse primero en otro club que no fuera Independiente. Y lo hizo bien en Estudiantes en el plano de los resultados obtenidos. ¿Pero qué dejó en el club platense? ¿Y a qué jugaba Estudiantes con Milito? Eso ya es mucho más difuso.

Aquel Estudiantes de Milito no mostró un perfil futbolístico visible, más allá de que intentara salir del fondo sin tirar pelotazos. Esto no deja de ser un detalle. Y no es un detalle que en su primera experiencia formal como entrenador no haya capturado junto al equipo una idea potente. No hablamos de resultados favorables. Ni de títulos ganados. Ni de ser más ofensivo o más defensivo. O de jugar con 3 o 4 en el fondo o con 3 o 4 volantes. Hablamos de un concepto y una línea muy determinada para leer, interpretar y abordar el juego.

Ese Estudiantes que Milito condujo durante 219 días no denunciaba un rasgo particular. Si a cualquier desprevenido se le hubiera informado que el equipo por aquellos días estaba manejado por el Vasco Arruabarrena, Miguel Angel Russo, Mauricio Pellegrino, Diego Cocca, Pedro Troglio o Jorge Burruchaga, por mencionar a algunos nombres, nadie lo habría puesto en duda. ¿Por qué? Porque no alcanzó a revelar ni una estrategia clara ni una búsqueda definida. Y esto es precisamente lo que distingue y diferencia a los técnicos que dejan una marca. Es el registro personal. Es lo que tienen pocos. Es una identidad que trasciende victorias, empates y derrotas. Es por lo menos la aproximación a un estilo de juego.

Milito, como técnico, naturalmente está en un período de construcción teórica y práctica. Y así arriba a Independiente en un momento de altísimas exigencias (la demanda por un campeonato está en primer plano) que pondrán a prueba su temple, su talento y su personalidad. Que reivindique a Pep Guardiola como el número uno (y que Guardiola sea recíproco con él) y al fútbol del Barcelona porque estuvo allí durante algunas temporadas, no expresa una proyección del conocimiento. Es solo una bandera que apela al voluntarismo y a una sensibilidad futbolera a la que adhieren las mayorías.

Tiene que armar lo que no está armado Milito en Independiente. Lo que no pudieron armar ni antes Jorge Almirón ni después Mauricio Pellegrino. ¿Qué es? Un equipo que tenga funcionamiento. Nunca lo consiguieron Almirón y Pellegrino, salvo en lapsos muy aislados. O en algún que otro partido que al siguiente no encontró continuidad.

¿Precisa tiempo Milito? Como lo precisa cualquiera. El tema es que no lo va a tener. Porque no lo tiene nadie. Hoy en Independiente sobran urgencias y falta tiempo. Es lo que le tocará vivir a Milito en los próximos meses. La experiencia anterior que tuvo en Estudiantes durante los 30 partidos ya citados, no se transfiere. Todo es irrepetible. El fútbol es irrepetible. Y allí descansa su mayor atractivo. 

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