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Historias de vida
15 | 05 | 2016
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Gabriel, el heavy romántico que rescata a chicos sin hogar

Sergio Tomaro
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Por Sergio Tomaro


Cuando la noche de Villa Crespo le empezó a mostrar una cara oscura de la sociedad, comenzó a transitar caminos que lo acercaran a la luz para, desde allí, asistir con el cuerpo y el corazón a criaturas libradas a su suerte.

Gabriel, el heavy romántico que rescata a chicos sin hogar
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Increíblemente, fue en los años de vínculo intenso con el rock pesado y la noche no menos densa que Gabriel Macera empezó a percibir la profundidad del concepto amor, al que entendió como una manera práctica y directa de hacer algo por otro que necesita. Así, lejos de aplastar pollitos con los borceguíes, lo suyo fue poner su mirada sobre algo de la sociedad que lo conmovía: los chicos sin hogar.

Fue de esa manera que hace casi veinte años, cuando tenía 24, que comenzó a ponerle el cuerpo surcado de tatuajes a esa cruel imperfección de la sociedad para ofrecer su corazón y rescatar a la mayor cantidad de niños en situación de calle, lo que le valió en todo ese tiempo convertirse en padrino de once nenes y extender la suya al rol de familia sustituta para darle cobijo, hasta aquí, a ocho nenas.

Imbuido en el perfil solidario transmitido por su padre y montado en valores eminentemente cristianos, Gabriel desarrolló esa vocación acompañado por sus novias de turno las que, sin embargo, iban abandonando el barco cuando comprendían que semejante compromiso las superaba. En realidad, todas menos la última, Marina, madre de su hija Fiona, de 11 años, y que hoy acompaña a su pareja en la guarda por tiempo indeterminado de Milagros, Lucía y Romina, de 16, 14 y 11, respectivamente.

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"En los 90, acá en Villa Crespo, comencé a ver la realidad de la vida en las calles. Como que empecé a convivir con las consecuencias de las drogas y las malas decisiones al ver a amigos morir de HIV y a sus hijos quedar en la calle", confesó Gabriel a HISTORIAS DE VIDA.

"Nunca fui un heavy pesado, sí más bien un roquero romántico, al punto que Pil Trafa, cantante de Los Violadores, nos llamaba los heavy yogur porque consumíamos lácteos en lugar de alcohol", recordó este admirador del malogrado Germán Poloseki a quien considera el comunicador que "ayudó a entender a las tribus urbanas".

Para Gabriel, dueño de una sólida formación musical que lo acercó al canto lírico donde llegó al registro de tenor aunque después perfiló para el rock pesado, la vida le planteó otras posibilidades de desarrollo en la panadería de su padre y, más tarde, con la empresa de control de plagas que abrió hace un tiempo.

No obstante, el tema con los chicos sin hogar siempre fue una constante. 'Me nacía del corazón la necesidad de ayuda cuando me conmovía ver nenas solas -afirmó- y fue ahí donde entendí la importancia que tiene el hogar'.

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Amor directo

Gabriel, que expresa en actos el amor a Cristo pero que no se considera religioso, se referencia mucho en Juan Granado, el pastor de la iglesia punk, y considera que "actuar con amor no es otra cosa más que eso, pero ocurre que se pierde más el tiempo boludeando en torno al amor que ejerciéndolo de manera directa".

La resultante de esa forma de pensar es su hogar donde Romina, Lucía y Milagros encontraron en lo de Macera una familia sustituta que las rescató de una situación de miseria y violencia agravada por la muerte de la madre y las conductas del padre que terminó encarcelado.

En ese sentido, aquel joven "punk" que grabó dos discos de rock pesado, hoy asegura atravesar "una etapa hermosa"' porque sostiene que rescatar a un chico de la calle "es salvar una vida". Es por ese convencimiento que todo indica que al igual que su piel, su alma caritativa también acumula decenas de tatuajes marcados con la tinta indeleble del amor y el compromiso. .

Figazza, verdadero pan de Dios

La música y el rock fueron senderos que Gabriel Macera transitó intensamente en su juventud, al punto que llegó a grabar con los Attaque 77 y también hizo cortinas musicales para la radio Rock&Pop. Sin embargo, los primeros pasos en el mundo del trabajo los dio junto a su padre, Miguel Arnaldo Macera, que había heredado del suyo una cadena de panaderías. Por esa razón, hasta que un día decidió emanciparse, Gabriel se desempeñaba en el comercio familiar que tenía como cliente al colegio Vieytez, de Caballito, donde justamente cursaba sus estudios secundarios. Así, bien temprano a la mañana y antes del inicio de la clase, Gabriel concretaba el reparto en el establecimiento educativo. Con la frescura impiadosa de la adolescencia, sus compañeros de colegio no tuvieron mejor idea de, por esa tarea, imponerle el apodo de 'Figazza' que Gabriel supo llevar estoicamente en sus años de secundaria y que hoy recuerda con singular cariño.

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En ninguna plaza debe faltar una cajita feliz

Gabriel, que es integrante de la cooperadora de la escuela a la que concurre su hija Fiona, forma parte de un colectivo de organizaciones no gubernamentales que avanzan en la conformación de una entidad abocada a la problemática de los chicos en situación de calle y del fomento a las familias sustitutas como la que funciona en su hogar.

Esa historia, que acercó a las tres hermanas sumadas a su familia -en realidad son cinco pero otras dos, Camila y Mayra, viven con un tío paterno- comenzó un 5 de noviembre, día del cumpleaños de Fiona, que celebraron cerca de su casa en la plaza situada en Ramón Falcón y Benedetti, en Flores.

"Habíamos invitados a los compañeritos del colegio de Fiona y la fiesta también consistía en compartir un cajita feliz con hamburguesa. Los nenes era 27 y de golpe se acercaron la hermanitas que andaban por ahí mirando de lejos, a las que invitamos a que participaran y, obviamente, recibieron también su cajita", recordó Gabriel.

El vínculo se fue extendiendo, Gabriel siguió de cerca la evolución de lo que ocurría con las nenas que un día, poco antes que la justicia tomara medidas con su padre, escribieron un cuento en el que contaban las dificultades que padecían en la casa tomada en la que estaban por entonces, e hicieron a mano varias copias que repartieron para que los vecinos supieran de la angustiante situación que padecían.

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