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Fútbol
16 | 05 | 2016
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Tevez: volver a ser 9

Eduardo Verona
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Por Eduardo Verona


Después de su regreso de Europa, Carlos Tevez explicó en varias oportunidades que ya no podía jugar como el punta más adelantado del equipo porque no tenía resto físico para bancarse ese rol. Sin embargo, con la llegada de los Barros Schelotto, Tevez volvió a ser 9. Se convenció y lo convencieron que un poco más arriba o un poco más atrás, su aporte iba a ser muy valioso.

Tevez: volver a ser 9
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"No estoy más para jugar de 9. Ya tengo 32 años. Mi físico no es el mismo que cuando tenía 10 años menos. Siento los golpes, las fricciones, los choques cuando hay que ir a recibir de espaldas, aguantar la pelota y me duele todo. A esta altura preciso ser la segunda punta y arrancar de atrás, como lo venía haciendo en la Juventus y en Boca mientras estuvo Calleri. Y que el trabajo sucio lo haga otro".

Estas palabras de Carlos Tevez parecieron definitorias. Anunciaban, sin dejar ninguna duda, que la función de 9 ya formaba parte de su pasado. No quería Tevez bancarse la responsabilidad táctica y estratégica de ir a comerse los bifes al área rival. No quería volver al viejo territorio del 9 clásico que toca pocas pelotas por partido, que espera pacientemente su oportunidad y que tiene que robarles el mínimo espacio a los defensores adversarios para ganar el último toque. Y que ese último toque se convierta en gol.

Ese claro mensaje futbolístico estaba direccionado al entrenador que arribara reemplazando al Vasco Arruabarrena. Guillermo y Gustavo Barros Schelotto (son una dupla técnica no confirmada en los papeles pero sí en los hechos) no acusaron recibo. No saltaron como leche hervida. No hablaron en público desafiando las explicaciones y los gustos de Tevez. Dijeron simplemente que Tevez reunía las condiciones para ser el 9 de Boca. Y que en esa función lo iban a utilizar.

No hubo autoritarismo por parte de los Barros Schelotto. Existió una lectura de las circunstancias y de las necesidades inmediatas del equipo. El mejor punta que tenía Boca para desequilibrar por el medio era Tevez. Daniel Osvaldo ya vivía en la enfermería. Jonathan Calleri ya se había puesto la camiseta del San Pablo. Quedaba Tevez mostrando su desagrado para convertirse en el primer delantero del equipo.

      Carlos Tevez


¿Lo convencieron o se convenció Tevez de que podía seguir jugando en la posición en que lo hizo debutar en Primera Carlos Bianchi hace 15 años? Las dos cosas. La realidad es que no son pocos los que le huyen a la función de delantero de área. ¿Por qué? Porque temen quedar atrapados por la obligación de ser goleadores. Y de moverse con menos espacios y con más marcas encima.

Hoy nadie llega a un club y dice que quiere ser el goleador de un equipo. Porque después hay que hacer los goles que se anuncian. Antes quizás ese rol de goleador estaba mucho más definido. Gabriel Batistuta siempre lo ejerció sin problemas. Lo suyo era nada más y nada menos que el gol. Martín Palermo lo mismo. Vivía del gol. No padecían esa demanda. La naturalizaban. Y resolvían. A los bombazos o a los cabezazos.      

Por estos días, en cambio, los delanteros suelen tirar la pelota afuera cuando se les piden goles. Argumentan que no son goleadores. Que ponen buenas pelotas. Que pueden asociarse. Pero la chapa de goleador (salvo Pepe Sand que la admite) la quieren ver bien de lejos. Tevez también entró en esa dinámica. Repetía que no le daba el físico para continuar jugando de 9. Incluso lo planteó en el ámbito de la Selección, llevando a que Gerardo Martino lo ubicara a 40 metros del arco adversario, como si fuera un enganche.

      Carlos Tevez


 
¿Y cómo es que después de todo lo que afirmó ahora Tevez juega de 9? Y lo hace bien. Porque interpretaba de manera equivocada lo que podía ofrecer. El no puede jugar de Batistuta. O de Palermo. Pero nadie le iba a pedir que jugara de Batistuta o de Palermo. Tenía que entrar y salir de la jugada. O salir y entrar. No ser posicional. No restringirse a una zona específica del campo. Pero estar en la zona de definición. Allí donde están los que no frecuentan las dudas.

Tevez no resignó nada. Es el mismo de siempre. No tiene la necesidad de chocar por chocar. ¿Cuál es el beneficio de chocar? ¿O de fajarse con los centrales adversarios como se dice ahora adoptando un lenguaje del boxeo? El choque es lo que menos tiene que provocar un delantero. El agua bendita de un delantero fue, es y será el espacio. La búsqueda del espacio y la conquista del espacio.
 
El tiempo le dio la razón a Guillermo y Gustavo Barros Schelotto. Tevez pudo seguir plasmando en la cancha su oficio de 9. Un poco más arriba o un poco más atrás. Nada significativo como para negar una condición. Y cambió su parecer Tevez. Acepta con gusto volver a ser 9. Un 9 con las características que siempre tuvo Tevez. Y que Boca sabe valorar. Lo que frente a las evidencias queda en la superficie es que la virtud de un entrenador también se expresa en estas decisiones. Aunque en este caso los entrenadores sean dos como Guillermo y Gustavo.   

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