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Viva la pesca
19 | 05 | 2016
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Volvió Lobos, una laguna caprichosa que enamora

Wilmar Merino
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Por Wilmar Merino


Este ámbito obliga al pescador a aguzar todo su ingenio, moverse, variar líneas, brazoladas y cebos para extraerle sus tesoros. Acortamos caminos con guía para reencontrarnos con los trofeos de este querido espejo.

Volvió Lobos, una laguna caprichosa que enamora
Foto:

La laguna de Lobos está en la memoria emotiva de todos los pescadores bonaerenses. Especialmente de los porteños, que la tienen como espejo más cercano junto con San Miguel del Monte. Muchos, incluido quien esto escribe, hemos hecho nuestras primeras armas en este espejo hace muchos años, y por eso nos alegra el corazón verla en camino de recuperación, tanto en sus niveles hídricos como en sus pejerreyes, que -fruto de la siembra- han vuelto a salir. Eso sí, Lobos puede perder todo menos las mañas. Sigue siendo difícil, con un pejerrey caprichoso y cambiante, que todo el tiempo nos obliga a pensar y trabajar para tener premio.

En esta ocasión partimos junto a una gran caña local, David Issa, quien alquila botes justo al final del camino asfaltado de la laguna, a la que llegamos por Ruta 205 y -pasando la entrada a Lobos- tomando salida a la laguna a la izquierda que está bien señalizada en la ruta.

En un pequeño botecito propulsado por un motorcito 2HP rumbeamos para el lado de La Palangana, frente mismo al embarcadero, cruzando la laguna. Allí arrancamos un garete con líneas de tres boyas Doble-T en formatos cometa y chupete, que derivaban rápido por un viento moderado que se fue poniendo cada vez peor. Y apenas logramos algunos pejerreyes juveniles. Issa soltó una frase que nos quedó en la mente: 'esto nunca debe molestar, que haya pejerreyes chicos fuera de medida hablando e que la laguna tendrá futuro". Pero lo que no tenía futuro era nuestro garete, porque el viento ya lo hacía imposible.

Entonces rumbeamos para la zona de Techo Colorado. Allí empezamos a pescar bien arriba pejerreyes de medida a 30 cm, pero nunca con una constante como para tomarle el pulso: a veces picaban cerca del bote en brazoladas de 35 cm, y en otras muy lejos en brazoladas de 15. Cambiamos líneas, pasamos a las ping pong, y David Issa mudó el aparejo a uno hecho con boyas zanahoria y pequelas yo-yo tramposas. Pero tras un par de ejemplares se nos cortó la cosa. Entonces, con un viento cada vez mas insoportable, Issa nos llevó a refugiarnos sobre la costa de Monte Córdoba, donde estaban pescando algunos pescadores locales que hacían un garete corto, de unos 200 metros, y volvían una y otra a vez a iniciar su deriva bien regulada con un muerto (peso que se arrastra por el fondo para ralentizar la marcha).

Hicimos igual nosotros y grande fue nuestra sorpresa cuando al tirar las tres líneas junto a David y nuestro compañero Gustavo Miranda, clavamos los tres al unísono. "Nos hacemos una fiesta", pensamos. Pero no, Lobos siempre tiene otros planes. Tras ese triplete pasaron largos 20 minutos sin pique hasta que David saca un pejerrey en la primera boya. Mientras lo desenganchaba, la boya puntera estaba tocando el agua y se le prendió otro peje... insólito, desconcertante. Así es Lobos, uno pretende hacer todo bien pero su pejerrey come y sale como quiere.

No obstante, repitiendo la técnica local de hacer garetes cortos desde la costa reparada hacia el centro del espejo y volviendo a empezar cuando el viento se hacía fuerte, redondeamos unas 15 piezas de 25 a 35 cm -pieza record de este día justo en el último tiro-, todas pescadas con mojarrita como carnada y con la particularidad ya descripta de ir variando aparejos en función del viento y la situación de pesca.

Antes de que estas líneas lleguen a sus ojos, hablamos con David Issa quien nos dijo que ahora el peje se estaba volcando con mayor preferencia al panzón, carnada difícil de conseguir. Así de caprichosa es Lobos. Por eso nos gusta tanto.

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