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Opinión
20 | 05 | 2016
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El determinismo histórico de Boca

Eduardo Verona
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Por Eduardo Verona


Caminó Boca al borde del abismo durante el partido y en la definición por penales. Pero apareció Pavón para clavar el empate y Orión para atajar 3 de los 6 penales que le ejecutaron. Antes Gatti, después Córdoba y Abbondanzieri y ahora Orión marcan el territorio de Boca en la instancia de los penales que deciden rumbos.

El determinismo histórico de Boca
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"Hay que ser sinceros. No podemos prometer la Copa Libertadores. Sí armar lo mejor para que Boca la pueda pelear". Era fin de marzo. Guillermo Barros Schelotto expresaba su prudencia frente a las demandas que la prensa le planteaba. ¿Había abierto el paraguas uno de los dos técnicos (el otro es Gustavo) de Boca? La figura de "abrir el paraguas" no es la que mejor define esa circunstancia, pero más o menos por ahí caminaban las explicaciones.

Sin embargo, hoy hay que confirmar que Boca arribó a las semifinales de la Copa Libertadores después de estar muy cerca del colapso frente al equipo uruguayo de Nacional. Y para hacer más vibrante y emotiva su clasificación en una noche que también será muy recordada, se definió en la instancia de los penales. Otra vez los penales, como en los viejos buenos tiempos de Carlos Bianchi, determinaron una clasificación que parecía estar fuera de su control.

Si antes los penales atajados por el colombiano Oscar Córdoba refrescaron la imagen del Loco Gatti atajando el penal decisivo ante Cruzeiro en la final de la Copa en 1977 y después el Pato Abbondanzieri continuó con esa especie de determinismo histórico, en los últimos tiempos Agustín Orión fue el protagonista de una versión actualizada del arquero que ataja los penales que todo el mundo sabía que iba a atajar.

Porque parecía escrito en la noche invernal que le desmintió al otoño de mayo que en el momento en que el pibe Cristian Pavón clavó el empate (tenía amarilla, se sacó la camiseta en el festejo y fue expulsado) en una jugada electrizante de contraataque, que Orión estaba predestinado a ser el hombre que capturara todos los flashes. Se adivinaba. Se presentía. Se olfateaba en el aire esa sensación inequívoca.


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Atajó 3 penales Orión sobre 6 que le patearon. Y Boca sigue de pie. Por Orión. Por el golazo de Pavón con un derechazo cruzado al segundo palo cuando Nacional ya manejaba los tiempos del partido. Pero esas postales felices de Boca no tuvieron un correlato en el funcionamiento. Le faltó juego a Boca. Fútbol, en definitiva. No lo encontró casi nunca. Como para recordar aquellas palabras que pronunció hace una semana el Mellizo Guillermo después del 1-1 ante Nacional, en Montevideo: "Es una pena, con el empate le volvimos a dar vida a Nacional. Ahora nos esperan 90 minutos durísimos".

Le dieron tanta vida que Nacional, sin grandes producciones, casi se la termina quitando a Boca en La Bombonera. Ese gol en contra del Cata Díaz (quiso cortar un centro desde la derecha y la mandó adentro con un puntinazo) promediando el primer tiempo fue una desventaja que lo perturbó demasiado al séxtuple campeón de América. Porque no aparecieron ni las individualidades ni un rasgo convincente del equipo. Apenas Pavón como potencial carta de desequilibrio ofensivo, conjugando velocidad y manejo para ganar en el uno contra uno. Hasta que ganó una fundamental a 18 minutos del final en la maniobra que le hizo un tajo criminal al partido estampando el 1-1 para empezar a vislumbrar las secuencias que suelen acompañar a Orión en la película de los penales.

Esas son las imágenes que puede rescatar Boca. La del naufragio inminente que tuvo un final feliz. Las escenas que, en definitiva, tienen un vínculo directo con el pasado y que se reinstalan en la Copa Libertadores. Por eso reaparecieron Gatti, Córdoba y Abbondanzieri. Orión es el último eslabón. La noche lo iluminó. Aunque, por largos pasajes, abundaron las sombras.   

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