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Arturo Bonín: "El teatro estimula a pensar"

Sergio Pjaseczny
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Por Sergio Pjaseczny


Lamenta la falta de audacia de los productores que no tienen en cuenta que los actores, "estamos dispuestos a bucear dentro de nosotros mismos y hacer cosas distintas". Además, cuenta que sus pasiones ocultas son la refacción de casas y la carpintería.

Arturo Bonín: El teatro estimula a pensar
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En esta oportunidad, Arturo Bonín, quien se encuentra protagonizando la pieza teatral "Tarde" en Timbre 4, revisa su carrera profesional y brinda su parecer sobre aspectos medulares que hacen al rol que deben jugar los actores en el mundo del teatro y en el universo televisivo y cinematográfico, con la claridad que otorga la experiencia.

l En el terreno profesional, ¿de qué está de vuelta?

-De nada, pero siento que tengo mayor habilidad y más elementos para captar un guión y para defenderlo. En ese sentido, cobré experiencia. Me siento más seguro y más capacitado, pero también me puedo equivocar, como me ha pasado tantas veces.

l A su juicio, ¿cuáles son los principales obstáculos con los que tropieza un actor en nuestro país?

-En general, tienen que ver con la poca audacia de algunos productores que sólo te llaman para ocupar lugares comunes, sin advertir que la mayoría de los actores estamos dispuestos a bucear dentro de nosotros mismos y de hacer cosas distintas. A veces, veo un colega que sé que tiene capacidad para poder encarar otros roles y sólo lo llaman para hacer algo similar a lo que viene haciendo.

l En lo profesional, ¿con qué se conectan las decisiones que más le cuestan tomar?

-Con el tiempo que debo invertir para ciertas cosas. A estas alturas, para mí el tiempo es esencial. Además, sin entrar en la cosa lacrimógena, cada vez me cuestan más las cosas. Sin ninguna duda, la cédula ataca (risas).

l ¿Qué lugar ocupa el trabajo en su vida?

-Antes, ocupaba muchísimo lugar. Ahora está relativizado. En cierta época, vivía para trabajar, hoy trabajo para vivir y, casi siempre, consensúo con los más cercanos para ver si no la estoy pifiando.

l ¿Qué lo motiva a hacer lo que hace?

-Un buen texto y la gente con la que me conecto para hacer cosas. Me puedo sumar a un proyecto grandilocuente como a uno acotado, en función de las personas que se involucran.

l ¿Estos motores han cambiado con los años?

-Son los mismos, pero más pulidos y con mayor certeza.

l En alguna ocasión, ¿sintió ganas de tirar todo por la borda y dedicarse a otra cosa?

-Sí, pero no lo concreté. Cuando terminé de hacer mi casa, le dije a mi mujer: "Quiero mandar todo al diablo y dedicarme a esto", que era la modificación de casas. Eso me entusiasmaba, porque existe un costado mío vinculado con lo creativo, con ponerle el cuerpo a las cosas. Soy un eterno aprendiz de carpintero.

l A la hora de actuar, ¿de qué duda?

-De poder transmitir lo que acordamos antes de salir a escena.

l ¿Esto le sucede sólo en el teatro?

-En la tele, me sucede de manera muy esporádica. En el cine, más aún, porque el trabajo de uno entra en otro proceso del que el actor es ajeno.

l Un actor, ¿necesita pasar por el teatro?

-Creo que sí porque el teatro te da una disciplina y te estimula a pensar, a jugar, a descubrir dentro tuyo muchas cosas que, quizá, sin la posibilidad de esta suerte de complicidad que establecés con los otros, te la perdés. En la tele, la cosa es más inmediata, es más leer un texto e intentar concretar lo que se pretende pero, a veces, debido a la urgencia no se puede lograr.

l ¿Ve con buenos ojos que repitan "Dulce Amor"?

-Por un lado, es beneficioso saber que si están repitiendo algo es porque, en algún momento, tuvo su valoración pero, por otro lado, uno piensa: "Estoy en el aire. No me van a llamar para otra cosa". Por suerte, la tira tiene buena repercusión. Esto quiere decir que tan mal no estaba lo que se hizo.

l La televisión otorga masividad, ¿pero permite el lucimiento profesional?

-En una tira es más difícil. Si existe un proyecto de ensayo, de acercamiento, es más factible. A veces, en una tira, según el feeling que uno tenga con la otra persona, es posible. Yo tengo una muy buena relación con mis compañeros y con algunos de ellos construyo una suerte de complicidad, que hace más factible ese lucimiento. No es lo cotidiano, pero se da.

l En la televisión actual, ¿se sigue ensayando como en los tiempos de María Herminia Avellaneda?

-Últimamente no participé en ese tipo de programas, pero puedo advertir que hay cosas que se enriquecen si se ensaya. Algunos directores lo advierten y lo ponen en práctica. No digo que se modifique un libro pero se le puede dar un toque, una mirada distinta, estimular la creatividad en medio del vértigo de la televisión actual.

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