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Fútbol
23 | 05 | 2016
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Penales y versos

Eduardo Verona
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Por Eduardo Verona


La noche de Agustín Orión atajando 3 penales frente a Nacional se extiende en consideraciones superficiales y exitistas. Como si fuera un nerd del fútbol se pretende instalar que el arquero de Boca hizo lo que hizo porque estudia obsesivamente a los rivales en las pantallas digitales. Y que esa ventaja que obtiene es decisiva.

Penales y versos
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Vive días de gloria deportiva Agustín Orión. Y está bien. Atajar 3 penales consecutivos y darle a su equipo la clasificación a las semifinales de la Copa Libertadores es una conquista que no debe subestimarse. Es más: lo reivindicamos.

Y lo definimos como el determinismo histórico de Boca en los episodios de los penales inmortalizados que arrancan con aquella atajada del Tano Roma al brasileño Delem en la recta final del campeonato de 1962 que terminó frustrando a River. Y después continúa la película con el Loco Gatti, con el colombiano Oscar Córdoba, con el Pato Abbondanzieri y ahora con Orión celebrando el ritual del penal que se desvanece manso y tibio en las manos de un arquero reconvertido en deidad por una noche. Es el viejo y siempre renovado folklore del fútbol. El de antes. El de ahora.

Pero el verso implacable de que Orión atajó 3 penales porque es un profesional perfeccionista y muy estudioso de todas las debilidades y fortalezas de los ejecutantes no deja de ser un culto al exitismo y a la superficialidad.

En el Mundial de 2006, cuando Argentina quedó eliminada en cuartos de final en la instancia de los penales frente a Alemania, se instaló desde la ingenuidad o la picardía que el arquero germano Jens Lehmann le había detenido los remates a Cambiasso y a Ayala porque un papelito escondido en su media le indicaba que decisión tenía que tomar ante los jugadores argentinos. En diciembre de 2011, Riquelme en una entrevista concedida a la FIFA, interpretó que Lehmann "tuvo viveza para confundir" a los jugadores que tenían que patearle. Pero que el machete formó parte de una operación bien montada y promocionada.

En los primeros días de mayo de este año, Lehmann aclaró que el show del papelito no había sido tan eficaz como se había comentado en aquel momento, relativizando ese aporte. "No me ayudó demasiado", confesó recordando el episodio construido en el 2006.

Lo que ocurre es que el éxito siempre precipita explicaciones que dejan muy bien parado al que gana. Y la derrota siempre precipita explicaciones que dejan muy mal parado al que pierde.

En el marco de una entrevista que después derivó en una charla informal, Gatti, sin duda uno de los arqueros argentinos más influyentes de todos los tiempos junto a Amadeo Carrizo y al Pato Fillol, nos manifestaba hace un tiempo su escepticismo crónico respecto al ojo clínico para atajar penales: "Esto es una cuestión de suerte. O te tiras para la derecha o para la izquierda. O de última te quedas parado. Y lo digo yo que atajé muchos penales, más que la mayoría. Lo que pasa es que no se dice la verdad para no avivar a los giles. Atajar un penal no es ninguna ciencia. A veces, muchas veces, es una cuestión de culo".

Orión, hoy disfrutando de todo tipo de elogios, seguramente sabe que ese pensamiento de Gatti no está fuera de foco. Y que las palabras del Loco caminan por la vereda de la sensatez futbolera. No hay ciencia aplicada en el irrepetible juego del fútbol. ¿O los arqueros no lo observan e intentan analizarlo a ese gran especialista que es Néstor Ortigoza pateando penales? Sin embargo Ortigoza a pesar de todas las miradas que quisieran encontrarle una zona errónea o una repetición de su método casi infalible, sigue gozando de un nivel de eficacia altísimo. Apenas el arquero Nelson Ibañez de Godoy Cruz en el Clausura de 2012 le detuvo un penal de los 34 que ejecutó y de los cuales 32 terminaron en gol. El otro lo desvió este año frente a Huracán cuando su disparo rebotó en el travesaño.

¿Cuál es entonces la virtud más destacada de Orión? No es detenerse como un nerd en las pantallas digitales anticipando desenlaces por la vía de los penales. La virtud se concentra en su personalidad. En lo que transmite. En la confianza o la autoestima que se tiene. Pero no es la data de los ejecutantes. O la fija de que Fulano o Mengano los patea siempre abajo y a la derecha. Porque nadie hace siempre lo mismo. Porque no hay contextos iguales. Y no hay una situación idéntica a otra.

Orión, en definitiva, hace lo que puede. La diferencia es que quizás está haciendo más que otros en circunstancias parecidas. Como, por ejemplo, lo hizo Sergio Goycochea cuando se puso la camiseta de la Selección y atajó 4 penales (2 a Yugoslavia en cuartos y 2 a Italia en la semifinal) en el Mundial de Italia 90.

Afirmar hoy que Orión saca ventajas y achica rivales porque mira videos y más videos y porque un ayudante técnico le da indicaciones precisas detrás del arco, es una simplificación cultural del resultadismo.

Que por otra parte no lleva a ningún lado. Porque parte de un lugar falso. Aunque ese lugar falso tiene la magia de vender un conocimiento casi científico que la historia y el presente del fútbol siempre desmiente.  
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