viernes 9.12.2016 - Actualizado hace
Política
25 | 05 | 2016
Imprimir
Agrandar
Reducir

La tentación del veto no debería seducir a Macri

José Di Mauro
0
Comentarios
Por José Di Mauro


En sus tiempos de jefe de Gobierno, Mauricio Macri usó la herramienta del veto como práctica común. La escasa reacción adversa que tuvo su primera experiencia como Presidente no debería generar un abuso.

La tentación del veto no debería seducir a Macri
Foto: Presidencia de la Nación

En vísperas de la asunción presidencial, cada vez que se le preguntaba en el entorno macrista sobre cómo haría el presidente electo para gobernar con un Congreso en el que estaría en minoría, sugerían atender la manera como se las arreglaron en la Ciudad durante ocho años en los cuales nunca tuvieron quórum propio.

Claro que no era lo mismo, y que las diferencias cuantitativas eran sustancialmente más moderadas. En general, el PRO siempre estuvo cerca de reunir la mitad de los legisladores porteños, aunque también es cierto que no obstante esa corta distancia no fueron pocas las veces que vio fracasar el avance de sus iniciativas. El botón de muestra bien puede ser la ley contra los trapitos, en la que siempre recuerdan los macristas que el kirchnerismo -la oposición en general- no les permitió aprobar.

Cierto es que siempre se vio forzado el macrismo porteño a negociar con la oposición para aprobar sus leyes -saludable obligación-, pero también es cierto que la aplicación del veto fue una costumbre practicada por Mauricio Macri hasta en exceso, si se quiere. Al punto tal que muchas veces lo aplicó ante leyes aprobadas con el voto del PRO.

Había también otra manera de vetar sin hacer ruido, que es la de evitar que las leyes puedan ponerse en marcha, al no reglamentarlas. Macri lo hizo. Una actitud que también practicó, sin ir más lejos, Cristina Fernández de Kirchner.

Una vez aprobadas, las leyes deben ser promulgadas por el Poder Ejecutivo. Esto sucede una vez que aparece publicado en el Boletín Oficial; si en el término de diez días hábiles el proyecto no es devuelto al Congreso, obtiene una promulgación tácita. En el caso de la ley antidespidos, no había nada que reglamentar en la parte más resistida por el gobierno: la doble indemnización. Esto es, el veto era el único camino que entendía posible.

La aplicación de esa herramienta constitucional por parte de Macri generó airadas y previsibles reacciones de la oposición, pero también permitió verificar entre sus antecesores que la recurrencia al veto no ha sido nunca algo excepcional. En ese sentido lleva la delantera Carlos Menem, que entre 1989 y 1999 fue el que vetó más normas, 195, sobre un total de 1.548 leyes sancionadas a lo largo de sus dos gobiernos.

La que menos vetos implementó durante sus ocho años en el poder fue Cristina Fernández de Kirchner, que usó esa herramienta con 18 de las 830 leyes sancionadas entre 2007 y 2015. Su esposo, Néstor Carlos Kirchner, vetó 36 de las 600 leyes sancionadas entre los años 2003 y 2007. En ninguno de los dos casos el Congreso insistió para sancionar esas leyes.

Un veto más que el presidente que lo sucedió, firmó Eduardo Duhalde: 37. Las leyes sancionadas en su poco más de un año de gestión, entre 2002 y 2003 fueron 181. Fernando de la Rúa gobernó entre 1999 y 2001 y durante ese período se sancionaron 325 leyes. De las mismas, 46 fueron vetadas. El otro presidente radical de esta era democrática fue Raúl Alfonsín, que en sus cinco años de gobierno (1983-1989) vio sancionadas 645 leyes, de las cuales vetó 49.

Porcentualmente hablando, Eduardo Duhalde es el que más vetos tiene, con un promedio de 20,4%, seguido por Fernando de la Rúa, con el 14,1% y Carlos Menem con 12,5%. Luego está Raúl Alfonsín, con 7,5% y al final aparecen los Kirchner. Néstor, con un 6% y Cristina, con apenas un 2,1%.

LEA MÁS

      Embed


Por el breve tiempo que lleva en el poder no se incluyó en este ranking a Mauricio Macri, que tiene hasta ahora un solo veto, pero con apenas 4 leyes aprobadas, lo que lleva su porcentaje al 25%. Una cifra que bien puede reducir rápidamente si decide que lo de la semana pasada fue un hecho excepcional, o bien puede convertirse en una tendencia, si se convence de que esa es la única manera que tiene para sostener su gobernabilidad. Por eso hicimos hincapié en su pasado como jefe de Gobierno, donde llegó a vetar 160 leyes en el término de 8 años.

Macri debe tener claro que no es el mismo efecto el que pueden provocar los vetos de la Ciudad, que los de la Nación. Ya una catarata de reacciones provocó su hasta ahora único veto, si bien las consecuencias han sido mínimas, considerando la magnitud de lo que tenía enfrente: nada menos que todo el sindicalismo promoviendo la ley que el Presidente rechazó.

Pero más que pensar en las leyes resistidas que la oposición pueda llegar a aprobar, el gobierno nacional debe pensar en las normas que necesita. Solo no puede, y una mala relación con la oposición conducirá a la parálisis del Parlamento.

El oficialismo necesita normalizar la relación con las otras bancadas para aprobar de aquí a fin de año las leyes que se propuso impulsar en su primer año. Hasta ahora el balance es bastante pobre. Si bien pudo celebrar la aprobación holgada del acuerdo con los holdouts -clave para la gestión macrista-, la emergencia ocupacional obturó el andar en ambas cámaras y llega casi a mitad de año con muy pocos avances en materia legislativa. La ponderada ley de Acceso a la Información recién pudo ser aprobada en la Cámara baja la semana pasada, al igual que la devolución del IVA para los sectores más vulnerables, y ni siquiera está en carpeta el inicio del tratamiento en comisión en el Senado.

Sin considerar que los pliegos de los dos abogados elegidos por el Presidente para completar la Corte Suprema de Justicia siguen esperando para llegar al recinto, con destino incierto.

Proyectos de reforma judicial, una ambiciosa reforma electoral y el blanqueo de capitales, otra ley considerada clave por esta administración, son parte de la agenda legislativa que, al paso que vamos, quedará para el segundo semestre. Ese período del año al que el oficialismo ha asignado tantas expectativas.

      Embed


Comentarios Facebook