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Política
26 | 05 | 2016
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Los Tedéum incómodos que contrariaron al poder

José Di Mauro
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Por José Di Mauro


Enojado con el tono de las homilías de Bergoglio, Néstor Kirchner decidió sacar los Tedéum de la Catedral de Buenos Aires, cosa que mantuvo su esposa hasta que se hizo devota de Francisco. Macri faltó en 2012.

Los Tedéum incómodos que contrariaron al poder
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En los años en que el kirchnerismo le "vació" el tradicional Tedéum de la Catedral Metropolitana, el entonces arzobispo Jorge Bergoglio decidió en varias oportunidades suspenderlo. Cuando se realizó, allí estuvo Mauricio Macri como jefe de Gobierno porteño. Salvo una vez, en mayo de 2012 -meses antes de que Bergoglio se transformara en Francisco-, cuando en su lugar estuvo la vicejefa de Gobierno María Eugenia Vidal.

Previamente habían tenido en 2009 el primer gran choque que los distanció, cuando el entonces cardenal le recriminó personalmente no haber apelado una sentencia judicial que habilitó el casamiento de la pareja de homosexuales Alex Freyre y José María Di Bello. Consciente del conflicto, el jefe de Gobierno le solicitó a Bergoglio una audiencia que se extendió por 20 minutos, casi el mismo tiempo que lo atendió en febrero pasado en el Vaticano. Se sabe que esa reunión a solas fue muy áspera y allegados a Bergoglio dijeron entonces que nunca lo habían visto tan furioso como luego de que Macri resolviera no apelar el fallo que declaraba inconstitucionales los artículos del Código Civil que regulan el matrimonio.

En esa homilía a la que Macri no concurrió, Bergoglio pareció referirse a la actitud que tanto le reprochó, al cuestionar "el relativismo que, con la excusa del respeto de las diferencias, homogeniza en la transgresión y en la demagogia; todo lo permite para no asumir la contrariedad que exige el coraje maduro de sostener valores y principios". El futuro Papa señaló ese 25 de mayo de 2012 que "el relativismo es, curiosamente, absolutista y totalitario, en nada difiere del 'cállese' o 'no te metas'". Teléfono para Macri.

El que decidió poner fin a los Tedéum en la Catedral de Buenos Aires fue Néstor Kirchner. El enojo del santacruceño se originó en la homilía del 25 de mayo de 2004, cuando Bergoglio hizo referencia a "las luchas internas, la ambición compulsiva y las componendas de poder que absorben las instituciones". En otro pasaje, quien hoy el mundo conoce como Francisco expresó que "este pueblo no cree en las estratagemas mentirosas y mediocres. Tiene esperanzas, pero no se deja ilusionar con soluciones mágicas nacidas en oscuras componendas y presiones del poder. No lo confunden los discursos; se va cansando de la narcosis del vértigo, el consumismo, el exhibicionismo y los anuncios estridentes".

"Me parece ver aquí una fuerte protesta contra los que se sienten tan incluidos que excluyen a los demás. Tan clarividentes se creen que se han vuelto ciegos, tan autosuficientes son en la administración de la ley que se han vuelto inicuos", dijo el arzobispo en su mensaje.

No crean que el entonces presidente Kirchner reaccionó intempestivamente. Por el contrario, al salir de la catedral calificó de "muy buena" la homilía y consultado puntualmente sobre si interpretaba que el obispo se había referido a su gobierno, consideró que el mensaje era "para todos". Dos días después, el padre Guillermo Marcó, vocero de Bergoglio, respondió "posiblemente sí" cuando le preguntaron si aquello sobre "el exhibicionismo y los anuncios estridentes" aludía al kirchnerismo. Aunque luego aclaró que los mensajes estaban dirigidos a todo el pueblo argentino.


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Más allá de posteriores aclaraciones, los Kirchner habían tomado ya una resolución para con la Iglesia en general y Bergoglio en particular. Poco antes del 25 de mayo de 2005, la Iglesia advertía sobre "el crecimiento escandaloso de la desigualdad" en un documento que escandalizó al gobierno, al punto tal que Néstor Kirchner lo calificó como propio de un partido político.

Para que no quedaran dudas de cómo veía a esos obispos, Néstor Kirchner anunció que no concurriría al Tedéum en la Catedral de Buenos Aires, razón por la cual Bergoglio decidió cancelar la ceremonia. El gobierno trasladó los festejos por el 195º aniversario de la Revolución de Mayo a Santiago del Estero, con Tedéum incluido a cargo del obispo Juan Carlos Maccarone, quien pronunció una homilía conciliadora y muy elogiosa para con sus visitantes. Maccarone era considerado uno de los obispos más afines al gobierno, que tomó prudente distancia de él cuando tres meses después vio al prelado envuelto en un escándalo sexual que lo obligó a renunciar ante el Papa Benedicto XVI.

Tal vez por eso Néstor Kirchner resolvió volver a la Catedral Metropolitana en 2006. Pero Bergoglio lejos estuvo de buscar congraciarse con los Kirchner. Por el contrario, advirtió que poder y autoridad "nacen de la confianza, no de la manipulación, el amedrentamiento o la prepotencia". Llamó a "no buscar el aplauso efímero de las masas", y cuestionó "el internismo, la constante exclusión del que creemos contrario, la difamación y la calumnia como espacio de confrontación y choque". A la salida del Tedéum, Alberto y Aníbal Fernández -principales espadas dialécticas de ese gobierno- relativizaron la dureza del discurso. "Bergoglio le habló a toda la ciudadanía", interpretó Aníbal Fernández, entonces ministro del Interior.

"Desdichado el vengativo y el rencoroso, el que busca enemigos y culpables sólo afuera, para no convivir con su amargura y resentimiento", dijo ese mediodía Bergoglio ante un Néstor Kirchner con gesto adusto.

Ese mismo año, ante la tensión que existía entre las partes, Bergoglio ordenó a la Iglesia bajar el perfil y no hacer comentarios que pudieran afectar la relación con el gobierno. Pero su vocero deslizó un comentario que contradijo ese espíritu, al decir que "un presidente que fomenta cierta división termina siendo peligroso para todos". En su respuesta, Kirchner redobló la apuesta: "Nuestro Dios es de todos, pero cuidado que el diablo también llega a todos, a los que usamos pantalones y a los que usan sotanas".

En adelante, el gobierno transformó los Tedéum en ceremonias itinerantes y no regresó a la Catedral Metropolitana. En 2007 fue a San Rafael, Mendoza; en 2008 a Salta; luego a Puerto Iguazú (2009); Luján (2010); Resistencia (2011); Bariloche (2012) y otra vez Luján en 2013. Siempre se tomaba el recaudo de que las diócesis fueran cercanas al gobierno.

Cuando en 2014 Jorge Bergoglio se transformó en el Papa Francisco, Presidencia emitió un frío comunicado una hora después, cuando muchos otros gobiernos ya habían pronunciado su beneplácito, y hasta el venezolano Nicolás Maduro le había atribuido a Hugo Chávez cierta "responsabilidad" ante Dios por la elección de un Papa latinoamericano. Cuando más tarde la propia Presidenta se refirió al tema en Tecnópolis, lo hizo brevemente y no modificó demasiado el tono expresado por escrito. Los silbidos que acompañaron la mención de Bergoglio marcaron también el rechazo inicial que la elección de los cardenales había causado en el kirchnerismo duro.

Ya se sabe que un par de días más tarde Cristina Kirchner recompuso esa postura y para muchos llegó a ser más papista que el Papa... De más está decir que ese año y el siguiente volvió a la Catedral de Buenos Aires los 25 de mayo, ya sin Bergoglio al frente de la misma, sino Mario Poli. El mismo que ayer hizo un llamado a "no perder la sensibilidad por los más pobres" ante el nuevo Presidente de la Nación.

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