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Viva la pesca
26 | 05 | 2016
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Un “abanico” de emociones nos espera en Costanera Norte

Wilmar Merino
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Por Wilmar Merino


Tradicional pesquero frente a los carritos, convoca a pescadores que pueden llegar en bicicleta o colectivo y nos permite hacer efectivos intentos con el pejerrey en un balcón al río totalmente gratuito.

Un “abanico” de emociones nos espera en Costanera Norte
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Siempre en la intención de encontrar un buen balance entre propuestas que puedan satisfacer las expectativas de quienes puedan hacer un viaje o pagar una salida guiada, pero también entre quienes quieran hacer pesquitas bien "populares", ésta vez nos vamos a referir a un pesquero capitalino de acceso público y costo cero. Hablamos de El Abanico, muelle de costanera norte porteña, justo frente a los famosos "carritos" y a metros de Tierra Santa, un sitio donde podemos llegar en auto o bien nos acercan los colectivos 160, 37 (ramal 3 y 4), 33, 45, o el 107 en Ciudad Universitaria.

Este pesquero recibe su nombre porque el muelle tiene precisamente forma de abanico, con una confitería en su ingreso y algunos puestos de ventas de carnada en la zona. Una opción para proveerse de este vital insumo es llevar carnadas de El Abuelo, en Flores, con las mejores mojarras vivas, o pasar por la puerta del Club de Pescadores.

Una vez en el ámbito, bastará un equipo compuesto por caña de 4 metros tipo Spinit Spectrum o Tech Karma, reeles chicos con multifilamento de 0,16, boyas esféricas redondas Doble T o tipo chupete bien chicas de la misma línea, un lindo puntero impulsor para lograr distancia y usar brazoladas cortas de no más de 20 cm, para lograr mejores resultados.

La mañana de nuestra visita, con cielo despejado río bastante planchado y mucho frío matutino, vimos que los aficionados pescaban mayormente cerca de los pilotes del muelle. Nosotros probamos tirando lejos, y pesscand a pick up abierto para que aún con el mínimo movimiento de la marea, en creciente, las líneas "caminaran" buscando pique. Fue un acierto. Empezamos a pescar pejes de 20 a 30 cm, bastante buen tamaño para éste ámbito.

Es clave contar con un surtido de boyas en colores contrastantes: algunas verde limón o blancas y otras en tonos oscuros, preferentemente naranjas o rojos -que siempre se ven bien- y alguna negra total, para pescar sobre el brillo del sol en horas del mediodía, si la pesa así lo exige.

Hay que afinar equipo, pescar caña en mano y contar con carnadas siempre frescas para maximizar las chances. Mojarras que pasan horas sin ser renovadas, brazoladas enruladas y demasiado largas, anzuelos demasiado grandes y en ocasiones desafilados u oxidados, serán sinónimo de estar perdiendo el tiempo.

Es menester ser bien selectivo en el equipo para que todo quepa en un bolsito, de modo tal que si tenemos que movernos a la curva que está pasando Tierra Santa, mudarnos al Parque de Los Niños o bien queremos cambiar de sitio dentro del mismo muelle, no tengamos que andar levantando campamentos importantes.

Otro tip: tener la carnada viva, del tamaño justo del anzuelo, es importante. Por eso un aireador de carnadas será útil para mantenerlas siempre vivas en el baldecito portacarnada. Y no olvidar el asticot o gusano de mosca, que en este caso nos proveyó El Abuelo. Muchas veces cuando el peje de medida en adelante se hace desear y solo aparece el pejerrey bien juvenil, éste se vuelca con gran fruición sobre el gusano, que a razón de cuatro o cinco pinchados de una sola pasada en un anzuelito 5, será mortal.

Ya que hablamos de carnadas, al gusano de mosca le podemos sumar filets de dientudos o de pejerreyes bien devastados (finitos), ya sean simples o teñidos de rojo. Este cebo suele ser muy efectivo y combinarlo con una mojarra como remate de anzuelo, de una sola pasada. Hablando de mojarras, enhebrarlas de cola a cabeza o hacerle dos o tres pasadas en el mismo sentido, será el modo correcto de encarnarlas.

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