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Opinión
27 | 05 | 2016
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Deseo y decepción

Gustavo Nigrelli
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Por Gustavo Nigrelli


La renuncia del Canelo Álvarez al título mundial mediano CMB enfureció a los fanáticos más ansiosos, que lo tildaron de cobarde. Pero todo es cuestión de negocios y de tiempos, que es lo que la gente ignora en este rebuscado mundo, donde las lógicas y los lenguajes son inversas al resto de los deportes.

Deseo y decepción
Saúl Canelo Álvarez y James Kirkland
Foto:

La semana pasada una noticia sacudió el ambiente boxístico internacional, y por supuesto, repercutió también aquí: el Canelo Álvarez renunció al título mundial mediano CMB.

La primera reacción de la gente fue de asombro, incredulidad, incomprensión.

Pero indignó de inmediato, crispando los humores de los fanáticos –en especial los mexicanos-, que por redes sociales la emprendieron espontáneamente contra su figura calificándolo de cobarde" (o por su epíteto más vulgar), marica, mentiroso, ridículo, ventajero, "sacatón", vergüenza, falto de honor, etc. Pero sobre todo, la primera.

A los mexicanos no les gusta especular. Y quizás al Canelo tampoco.

¿Cómo se explica entonces semejante decisión, a tan poco de haberse bajado del ring tras noquear a Amir Khan, desafiar casi cara a cara a GGG y decirle que "ahorita mismo" se calzaba de nuevo los guantes y lo peleaba?

Brusco fue el contraste generado entre un momento y otro, que potenció tamaña decepción, quizás no calculada por quienes pergeñaron esta maniobra.

No previeron las repercusiones, y cómo estas afectarían la credibilidad de alguien a quien tanto le costó ganarla sobre el ring.

Es que el Canelo no es unánimemente querido en México, como lo eran JC, por ejemplo, o el Púas Olivares, el Ratón Macías, o Juan Manuel Márquez, entre otros. A muchos les costó aceptarlo, y aún lo miran de reojo.

Tiene que ver con su raza "rubiona", más bien "colorada". El azteca puro no lo considera a su altura, por asociarles injerencias irlandesas o mongólicas a estos nativos, a quienes les atribuyen connotaciones peyorativas.

Pero que a nadie le quepa duda: nada de lo que se piensa es así, sino todo lo contrario.

Este fue un plan ideado quizás por el mismo CMB, o bajo su consentimiento, como para exprimir el negocio, que no hubiese podido ser lo multimillonario que se deseaba si se cumplían sus reglas y sobre todo, sus plazos.

El CMB estipula 15 días para ponerse de acuerdo entre las partes, y si no, licitación. Y en breve, la pelea.

En la subasta, del monto máximo ofrecido por el promotor que la gana, se divide el 50 % para cada uno, porque ambos son campeones (Canelo regular, y Golovkin interino), aunque se comenta que el kazajo había aceptado el 40 % y cederle el 60 al mexicano.

Porque hete aquí que el Canelo es quien vende boletos, tickets, y encendido de aparatos por PPV, o al menos lo hace en mayor proporción que GGG. Por lo tanto, si Golovkin aceptara la oferta, el match sería inmediato, cuando aún el fruto está verde.

Si Golovkin dice sí, el Canelo debía decir que no, y para eso era menester resignar la corona.

Por extrañas razones, en boxeo una pelea cuanto más se dilata, más garpa. La sabiduría empresarial es "entender" cuándo arrancar la cosecha.

Sin la corona, alimentando con más tiempo la pelea, dejando que se cocine a fuego lento, el interés de los espectadores estallará, y podría subir la oferta para ambos. Y en el transcurso, fortalecer aún más la imagen del asiático, que es quien debe crecer en populismo, habida cuenta de que en las apuestas es el favorito, pero eso no se traduce en números.

Si llegado el caso es Golovkin quien se niega, se lo podrá presionar como retador obligatorio y destronarlo a él ante su negativa, para compensar emociones y así quedarse con un negocio mayor, primero por separado, con bolsas más elevadas por lado, y luego juntándolos como en las películas, donde los dos más fuertes se enfrentan al final.

Pero fundamentalmente es el CMB, quien cobra porcentajes de las sanciones de tales bolsas, quien se vería beneficiado, teniendo mayor volumen del cual deducir sus honorarios.

Porque el razonamiento es: si esta pelea que es la más interesante en plaza, y la que acapara más atención de los aficionados, la hacemos ahora, ¿después qué hacemos?

Y no falta razón. La pelea se va a hacer, pero antes irán otras que fogonearán desde abajo. Irán pasando todas aquellas que puedan, explotando lo más posible sus carteles individuales, para luego dar la estocada final.

Es que en boxeo no hay fixture, y difícilmente los grandes duelos vuelvan a repetirse como en el tenis o el fútbol, salvo excepciones. A lo sumo se hace una segunda versión.

Existe además el temor de que hoy GGG sea demasiado para el Canelo. Y se sabe que el CMB es su padrino protector, como lo era de JC Chávez Jr. Por eso contra Maravilla Martínez demoró tanto en realizar el combate obligatorio. ¿Allí no corrían los plazos? ¿No importaban las reglas?

Es evidente que el CMB las respeta cuando le conviene, y cuando no le conviene no.

Por eso hoy no correrá ese riesgo, ya que de darse cierta lógica, es decir, si pierde el Canelo, quedaría éste prematuramente varado en su carrera, tras haber caído primero contra Floyd Mayweather y luego contra GGG.

Llamó la atención que el CMB haya aceptado tan prontamente la renuncia de su púgil favorito así como así, sin chistar, aunque analizando el contexto, cierra.

Casi hasta se tropezaron para difundirlo y subir al kazajo como campeón regular, sin detenerse a blasfemar contra el mexicano. Al contrario, lo defendieron y trataron de poner paños fríos a la situación, dando un mensaje comprensivo hacia los fanáticos, deschavando su complicidad.

¿Pero por qué se resigna el condimento extra de que se enfrente el campeón regular contra el interino? Más que nunca queda en claro que eso es para la gilada. Está probado que las peleas pesan más que los títulos, y que en nada potenciaría una cosa a la otra. Hasta ese punto han quedado estos devaluados.

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