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Fútbol
30 | 05 | 2016
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Lanús, un campeón brillante

Eduardo Verona
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Por Eduardo Verona


Lanús hizo todo lo que tiene que hacer un campeón para quedar en el recuerdo. El 4-0 frente a esta versión desconcertada de San Lorenzo no explica la superioridad total que estableció. El equipo conducido por Jorge Almirón brindó una auténtica lección futbolística muy poco frecuente en un partido final

Lanús, un campeón brillante
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Empezó con un baile y terminó con otro baile. Porque no fue un partido. Fue una sinfonía de Lanús que destruyó cualquier foco de resistencia que pretendiera establecer San Lorenzo en 90 minutos.

¿Cuánto tiempo hacía que no se advertía en un partido decisivo tantas diferencias entre dos rivales? Porque no fueron diferencias que se manifestaron exclusivamente en la chapa final. Fueron diferencias que abarcaron todos los planos. Y en especial, un plano, el más significativo: el del juego.

La lección futbolística que brindó Lanús resultó extraordinaria. Y muy similar en el concepto a lo que ofreció aquel Huracán del Clausura 2009 que dirigido por Angel Cappa vio frustrada su consagración cuando el árbitro Gabriel Brazenas le convalidó a Vélez, sobre el cierre del encuentro, un gol que debió ser anulado.

Ese Huracán conducido por Cappa e iluminado por Javier Pastore y Mario Bolatti entre otros, reivindicaba la idea del fútbol circular. Este Lanús de Jorge Almirón reivindica la misma idea con otros protagonistas. Es un fútbol con identidad argentina, aunque Barcelona como máxima expresión lo haya puesto en las primeras planas frente al mundo.  

 

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La conquista de Lanús también es la conquista del entrenador Jorge Almirón, vapuleado en Independiente y sin plafond para imponer lo que nunca logró imponer, salvo en períodos muy aislados. Ese Independiente errático y vulnerable de Almirón no jugaba ni de casualidad lo que jugó Lanús en las 16 fechas del torneo y en el 4-0 inolvidable ante San Lorenzo en el Monumental.

¿Cómo se explica entonces que Almirón en Independiente no pudo construir lo que construyó unos meses después en Lanús? Lo tienen que explicar los jugadores. Y los contextos y microclimas donde se desenvuelven esos jugadores. En Lanús se dio lo que siempre se denominó como círculo virtuoso. Todo funcionó desde el mismo arranque: el equipo, el juego, los resultados, la seguridad, la convicción, la idea, los rendimientos individuales, la fortaleza colectiva, la química con los hinchas.

Sostener ahora que Lanús es un equipazo infernal suena desproporcionado. No hay equipazos infernales en el fútbol argentino. Lanús es un campeón formidable. Eso sí. Como no lo fue Boca el año pasado. Como no lo fue Racing en el segundo semestre de 2014. Como no lo fue San Lorenzo en el cierre de 2013. Esos campeones no lograron dejar una señal valiosa, más allá de coronarse. Festejaron, dieron la vuelta olímpica, pero, en definitiva, no mostraron recursos especiales que los mostraran distintos.

Lo de Lanús, en cambio, fue muy particular. Dejó una evidencia. Un sentido a su conquista. Un toque simbólico y real que va a perdurar. Porque hay equipos que se recuerdan y otros no. Otros siguen de largo y no se filtran en la memoria. Este Lanús, en cambio, quedará en el recuerdo. Y más aún después de bailar como bailó al Ciclón con un 4-0 que aún pudo ser más amplio si hubiera dispuesto de mayor precisión en la zona de fuego.


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Jorge Valdano suele comentar que el fútbol, entre otras simplezas y complejidades, es un estado de ánimo. Quizás Lanús, precisamente expresó eso que caracterizó Valdano hace varios años: un estado de ánimo fenomenal. Para que todos participaran del rito que encandila cuando la pelota circula anticipando que va a venir algo mejor. Porque no es tocar por tocar. Es tocar para que se revelen los espacios. Y las llegadas. Y los goles. De Benítez, del paraguayo Almirón que mató en cada pique corto o largo, de Pepe Sand, de Lautaro Acosta.

Ganar así es una bendición del fútbol. Es una pieza de culto. Porque la agradecen casi todos, menos los adversarios que padecieron el partido. La agradecen los históricos de Lanús. Aquellos hombres que estuvieron y ya no están. Ramón Cabrero que sigue estando y que  también disfrutó un título como técnico con el Apertura de 2007. Los recuerdos que invocan a los protagonistas de ayer y a los de hoy. Están todos en el escenario.

El campeonato tuvo un campeón brillante. El mejor de los últimos años.

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