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Sureño
31 | 05 | 2016
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El color y calor de una jornada que se vistió a puro granate

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A la espera de los futbolistas tras la obtención del título, los simpatizantes se fueron acercando desde temprano a la Fortaleza de Guidi y Arias. Familias completas en una noche de lujo para disfrutar del flamante campeón.

El color y calor de una jornada que se vistió a puro granate
Foto:

Mientras los casi 30 mil hinchas que coparon la tribuna visitante en el Estadio Monumental deliraban con el 4 a 0 consumado frente a San Lorenzo, de a poco, otros miles se empezaban a asomar al centro neurálgico de los festejos posteriores, una vez apagadas las luces de la cancha de River. Allí, en Guidi y Arias, en plena Fortaleza, centenares de simpatizantes, bajo una leve lluvia y un frío que no hacía mella por el calor de la pasión que genera ser campeón, ingresaban a las gradas familias enteras, vestidas de granate, de pies a cabeza.

Un rato antes, esos mismos chicos, jóvenes y ancianos, habían sufrido el choque con el Ciclón por televisión. Pasaron por todos los estados: la ansiedad previa; la esperanza inicial; el grito desaforado del gol que abrió el marcador; los nervios de ver al rival cerca del empate; la expectativa, mezclada con tensión, del entretiempo; el desahogo de la segunda conversión; el alivio del tercer tanto y la alegría inconmensurable del cuarto hasta el pitazo final del árbitro Darío Herrera.

Luego de ese interín, momento para escuchar a los protagonistas en el terreno. Y verlos levantar la copa, después. Y observar el llanto de aquellos que estaban en las tribunas del Monumental, luego. Y ahí sí, salir de casa para ir rumbo a casa.

En procesión, los hinchas fueron, desperdigados o en patota, solos o acompañados, rumbo a esa intersección de Lanús Este. Porque sí, "este año, de Lanús Este, de Lanús Este, salió el nuevo campeón".

En el camino

Y en el camino están los bocinazos de los autos armando su sinfonía. También están las banderas que salen de las ventanillas, vistiendo la Avenida Hipólito Yrigoyen de granate. Una marea transita 9 de Julio y, paso previo, frente a la sede social del club, eleva la voz y remarca el "dale campeón, dale campeón". Otra pasa el bajo nivel Rosas, de oeste a este, recorre Arias y ya, a la distancia, observa el cielo gris iluminado por las luces de la cancha, esa Meca que la espera para escuchar su "minuto de silencio para Banfield..."

De esa manera la Fortaleza toma color y calor. Se llena, de a poco, mientras los jugadores siguen disfrutando en el Monumental. Ellos, los que no estuvieron en el partido, quieren su festejo especial. Y lo tienen al rato, cuando el plantel entra de incógnito al campo de juego evidenciando otra marea granate, ésta, diferente: con una copa -la Copa-, alzada por un puñado de manos.
El cielo, en ese instante, en ese punto central de Lanús Este, se tiñe de blanco y granate mientras los celulares despliegan sus flashes. Porque nadie se quiere perder la fiesta y cada uno quiere vitorear al campeón.

Todos y cada uno

Todos, sin dudas. Aquellos dos ancianos que se deleitaron con este modelo 2016 de un equipo que les hizo recordar viejas épocas, las de los Globetrotters y los Albañiles de los 50' y 60'. Ese cuarentón que mira de reojo, mientras Lautaro Acosta levanta el trofeo actual, la estampa en la pared de la gloria de la Conmebol de hace 20 años en Colombia o la estrella inicial en el ámbito doméstico de 2007 con los pibes de Ramón Cabrero. Y también los más jóvenes que se suben al alambrado para agradecerles a los futbolistas como lo hicieron hace no mucho, en 2013, con la Sudamericana.

Y también está el semillero. Porque una coronación así se vive en familia. Y por eso ese papá llevó a sus dos gemelos que no pasaban los tres años y que estaban vestidos igual, a puro granate, sólo diferenciados por su bufanda, él de azul y ella de rosa. Cantando, alentando, disfrutando de algo que probablemente no recuerden en un futuro, pero que seguramente no se van a olvidar más, como ocurre hoy con todos y cada uno de los hinchas de Lanús.

En la región es todo felicidad absoluta, única, irrepetible. O, más bien, que quieren repetir en el corto plazo, soñando, por qué no, con la ilusión de seguir dando vueltas en el plano local e internacional.

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