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02 | 06 | 2016
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La periodista ciega que vuelve esencial lo invisible a los ojos

Nahuel F. Montenegro
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Por Nahuel F. Montenegro


Verónica Gonzalez trabaja en la Televisión Pública con perspectiva de género y Derechos Humanos. Es decir, se mete con temas que son escondidos, descartados o ignorados por los medios de comunicación. Ella se dedica a visibilizar a los invisibles

La periodista ciega que vuelve esencial lo invisible a los ojos
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Creo que el periodismo siempre es bueno y necesario cuando visibiliza las injusticias. Y de todas las personas dedicadas al periodismo, de las que más trabaja para visibilizarlas es una mujer ciega. Parece una paradoja. Pero no, es una certera realidad. Verónica Gonzalez trabaja en la Televisión Pública con perspectiva de género y Derechos Humanos. Es decir, se mete con temas que son escondidos, descartados o ignorados por los medios de comunicación. Ella se dedica a visibilizar a los invisibles.

Por ejemplo, si hay una chica pobre con discapacidad intelectual que está presa acusada de matar a su beba, cuando en realidad el asesino fue su pareja, ahí va ella para agitar, armar redes, denunciar y termina logrando que la liberen con absolución. En todo el mundo hay dos periodistas ciegas en la televisión y ella es una. Así que, para mi tercer reportaje, fui hasta su casa en San Martín, donde vive con su compañero Lucas y sus tres hijos hermosos, Ignacio, mi tocayo Nahuel y el pequeño Lautaro. Tomamos mates, comimos bizcochuelo y hablamos de varios temas, que tal vez quieran leer a continuación:

-¿Por qué elegiste ser periodista?
-Antes de estudiar periodismo, hice la carrera de Licenciatura en Sistemas, me gustan desde siempre las tecnologías, y empecé a trabajar de eso. En un momento, me salió la oportunidad de hacer una capacitación en Tailandia que organizaba el Banco Interamericano de Desarrollo. Cuando volví, yo trabajaba en una empresa de telefonía, y el presidente me dijo que arme un proyecto sobre discapacidad, que la fundación de la empresa lo iba a financiar. Así que con otra chica decidimos hacer algo acerca de cómo nos mostraban a las personas con discapacidad en los medios de comunicación. Luego se nos ocurrió hacer micros en programas de radio. Y ahí empecé a conectarme con los medios. Buscaba temas para trabajar y me fue gustando, apasionando, cada vez más. Ahí pensé que sería buena idea estudiar periodismo. Entonces, fue la segunda carrera que estudié.

      Nahuel Montenegro y Verónica González
 
-¿Te gusta trabajar en la televisión?
-Sí, me gusta mucho. Pero no es que me gusta para salir en cámara o ser famosa. Sino porque me parece que cuando la gente ve a una persona con discapacidad en cámara trabajando como cualquier otro periodista, siento que cambian muchas cosas. ¿Viste que en general se cree que las personas con discapacidad no podemos hacer nada? Bueno, me gusta pensar que cuando la gente ve una persona con discapacidad trabajando, esos prejuicios se rompen, comienzan a resquebrajarse.

--Tu trabajo difundiendo injusticias que afectan a personas etiquetadas con alguna discapacidad es muy bueno. Sos una referente muy respetada. ¿Cómo fue el proceso para hacer este tipo de periodismo, que no es el que más vende en los medios de comunicación?
-La verdad que fue todo un proceso. Tuve suerte. Cuando llegué a las Televisión Pública, al noticiero, la persona que me propuso hacer la columna sobre discapacidad fue el gerente de noticias, que en ese entonces era Raúl de la Torre. Yo plantee que mi trabajo sería con enfoque de Derechos Humanos, que no sería nunca periodismo amarillo. No quería hacer la típica nota que te hace llorar. Con golpes bajos. Digo que es un proceso porque hay gente que lo entiende y muchos otros que quieren que se haga la nota amarilla. Está naturalizado ese modo de tratar las noticias dentro de los medios. Pero se puede hacer un abordaje respetuoso.

-También te encargás de visibilizar aquellas decisiones que son acertadas para las personas con discapacidad, que las ayudan o favorecen a la mejor convivencia. Esto no se valora mucho en los medios. La noticia positiva tampoco vende. Pero vos siempre encontrás ese espacio.
-Sí. Yo hago mucha crítica porque la verdad que el tema de las discapacidades da para que yo haga mucha crítica. Falta mucho para que haya un real reconocimiento de los derechos de las personas con discapacidad. Pero cuando hay cosas positivas que se hacen, desde cualquier lugar, pienso que hay que destacarlas. Desde el Estado o desde empresas privadas. Donde sea. Si vale la pena, porque ayuda a que tengamos un mundo mejor, hay que mostrarlo. Del mismo modo cuando es al revés, y lo que ocurre es negativo. Y esto en cualquier gobierno, el anterior. el actual y el que venga.

-Sos una de las dos periodistas ciegas que trabajan en la televisión en todo el mundo. ¿Por qué razón no llegan más personas rotuladas con discapacidad a ocupar espacios relevantes en los medios?
-Todavía existen muchos prejuicios cuando hay una discapacidad. Aún hoy, la discapacidad se ve como algo negativo, que no está bueno mostrarlo en cámara. Hace muchos años fui a un canal privado a presentar mi currículum, sin pretensiones de hacer cámara, sino a ofrecerme para trabajar en producción o lo que sea. Estaba todo bien, yo quería aprender. Recuerdo que el gerente del canal me dijo que no había antecedentes de una persona con discapacidad en cámara. Y yo pensé: ¿qué querés que haga si no hay antecedentes? No me quería tomar. Y yo tenía muchas ganas de hacer tele. Me gusta esto de que alguien con discapacidad ocupe un lugar que se suponía no debía ocupar. Casi como un acto de rebeldía o de intento por cambiar el paradigma vigente. Siempre se habla de la gente con discapacidad como personas necesitadas, pobres víctimas de nuestras circunstancias, con necesidades especiales o anormales. La televisión es un espacio de mucha frivolidad, pero también un lugar para hacer cosas profundas. Se supone que en la tele hay que estar flaca, con el pelo perfecto y todo así, pero conmigo ahí adentro siento que eso cambia, porque claramente yo no soy perfecta para ese estándar.

      Verónica González

-En tus coberturas siempre aparecen como temas destacados las distintas problemáticas en las escuelas con chicas y chicos con alguna discapacidad que padecen violencia, discriminación o exclusión. ¿Cuáles son, a tu criterio, los mayores desafíos para que la educación respete las diversidades y sea inclusiva?
-Lo primero para pensar es que al educar debemos tener como premisa las individualidades. Si en un aula tenemos 15 alumnos, lo cierto es que tenemos ese número de realidades distintas. Tenés esa cantidad de visiones diferentes del mundo. Me parece que la educación debe ser flexible. También creo que hay que articular mucho más entre las escuelas llamadas comunes y las especiales. Me gustaría mucho que funcionen en el mismo lugar. Porque de esa manera sería más sencillo el abordaje conjunto ante determinadas problemáticas. Si una persona necesita integración total, que la tenga. Si otra requiere un rato de integración con alumnos sin discapacidad y otro rato con profesionales específicos, que tenga también esa chance. Pienso que es importante pensar en una educación que respete mucho las potencialidades individuales. Pareciera que hay que cumplir con determinados parámetros, y eso deja afuera las diversidades, o que muchas personas llegan a los contenidos de otra forma. Creo que hay que trabajar para lograr el mayor desarrollo de las personas, pero evitando que la chica o el chico caigan en frustraciones. Tengan o no alguna discapacidad. Asimismo, creo que para modificar la naturaleza de las escuelas, debe darse una profunda política de reforma desde el Estado, porque no puede depender de la buena voluntad y las posibilidades de los docentes o la conducción de las escuelas. Nuestro Estado tiene obligaciones contraídas por ratificar la Convención sobre los Derechos de las Personas con Discapacidad, que tiene rango constitucional. No se puede mirar para otro lado.

-Una amiga me dijo hace poco que las personas con discapacidad no tienen que pensar que deben adaptarse a la escuela sino que son las escuelas las que deben adaptarse a las diversidades que tenemos las personas. Me encanta eso. ¿A vos qué te parece?
-Me encanta también, estoy completamente de acuerdo. A veces la sociedad se piensa que tenemos que ser de determinada manera para cumplir con los objetivos o conformarnos porque no podemos alcanzarlos. Adaptarnos, por nuestra discapacidad. No es así. Mis padres siempre me decían: "a vos te van a exigir 300, mientras que a otros sin discapacidad 100". Encima soy mujer. Mis viejos me enseñaban eso porque creían que era lo mejor para mí. Cuando llegué a REDI (Red por los Derechos de las Personas con Discapacidad) aprendí sobre el modelo social de aprendizaje. Decimos que la discapacidad siempre es en función de las barreras que coloca el entorno. Con esa visión, entonces, es la escuela la que debe adaptarse a las diversidades. Del mismo modo que la sociedad debe adaptarse a la diversidad. La discapacidad es una realidad que nos involucra a todos los componentes de la sociedad.
 
-¿Me contarías cómo fue tu experiencia con la escuela primaria, la secundaria y la universidad? ¿Fue importante el apoyo de tu familia?
-Mi familia fue y es un factor fundamental en mi vida. Cuando era bebé, tuve un problema en la incubadora que me produjo mi problema de visión. Los médicos descubrieron que yo veía un poquito, pero les dijeron a mis padres que me traten como si no viera nada, porque indefectiblemente iba a perder la visión por completo. Para ellos fue un golpazo enorme. Soy la menor de cuatro hermanos. Mis hermanos mayores no tienen discapacidades. Lo mío fue después de nacer, estaba todo bien hasta que pasó lo de la incubadora, algo que no se pudo prever. Un momento durísimo para toda la familia. Pero en el dolor emergió la fortaleza. A los cinco meses me empezaron a llevar a estimulación temprana. Vos sabés, Nahuel, que cuando somos bebés hacemos muchas cosas porque vemos que otros las hacen. Por esa razón, si hay un bebé que no ve hay que enseñarle todo eso que ocurre a su alrededor. Eso hicieron conmigo. A los tres años me integraron en un jardín común. Era la única. Tanto en jardín como en la primaria todo fue normal. Ningún rollo. Si corríamos, yo iba de la mano de una amiga. Si me caía y me golpeaba una rodilla era como cualquiera. Si escribían en el pizarrón, me dictaban mis compañeros. Súper normal. En la secundaria también fue todo bien, tuve mucho apoyo. Quizás en lo social aparecieron problemas, porque en la adolescencia te empezás a perseguir más por los defectos. Pretendés ser perfecto. Te miran si sos distinto y eso te impacta. Para peor, en esa época no tenía amigos ciegos, así que no contaba con personas que entendieran lo que me pasaba. Recuerdo que iba a bailar y les pedía a mis amigas que me maquillen para que no se note la discapacidad en mis ojos. Pensaba que ningún pibe se me iba a acercar. Era jodido pasar de la amistad a otro plano. En la universidad ya tenía las cosas un poco más superadas. Estudié en la Universidad Argentina de la Empresa. Y la verdad no fue muy bueno. Con los compañeros sí, con algunos profesores también. Pero me pasaron cosas. Una profesora decía que yo no podía hacer sola los trabajos. Cuando terminó la cursada, de un grupo de 40, sólo promocionamos un chico y yo. Le demostré que sí podía. De la universidad me fui con el sabor amargo de que no pude generar cambios. A pesar de eso, hicieron autobombo de que yo era la primera egresada ciega y todo eso. Luego, cuando estudié periodismo, en una institución de San Martín, fue completamente distinto. Ya pude decir lo que necesitaba para estudiar. Fue más sencillo, más natural y relajado. Te decía que fue fundamental el apoyo de mis padres. En el proceso me grababan los libros. Leían el libro en tinta y me lo grababan en casetes. Eran muchos libros. Una vez, para un solo examen, leyeron cuatro libros. Mucho laburo. Impresionante. En otra oportunidad, cuando estudiaba sistemas, mi mamá hizo el circuito de una computadora, lo que se llama unidad aritmetológica. Lo amplió, me lo hizo punteado. Lo tengo en una de esas carpetas gigantes para meter planos. Mi mamá es docente, seguramente fue importante. Se llama Gloria. Vive con mi papá en Santa Teresita. Vamos siempre a visitarlos.

      Verónica González

-Empezaste en el periodismo haciendo radio, y llegaste a trabajar con Ernestina Pais. ¿Cómo fue esa experiencia?
-Me reí mucho. Era muy divertido. Hablábamos mucho de sexo. A mi marido le daba mucha verguenza. Ella no se inhibía con nada. Yo ya estaba en el canal. Fue en 2010, por eso siempre recuerdo que el día del fallecimiento de Néstor Kirchner, que fue el 27 de octubre de ese año, yo me enteré que sería mamá. Lo habíamos buscado mucho. En la radio no lo conté, porque de lo único que se hablaba era de la muerte del ex presidente. Me preguntaban como había vivido yo la noticia. Y se me notaba mucho en la cara el impacto de saberme embarazada. Tuve que contenerme para que no fuera una falta de respeto. Al tiempo me enteré que iba a tener gemelos, y lo conté al aire. Y se armó un debate, vaticinaban si serían nenas o varones. La pasé muy lindo. Tenía buena relación con Carlos Belloso, con Osvaldo Bazán. Fue muy linda experiencia. Ernestina me decía que cuando tuviera otro programa, me llevaría. Salvo que hiciera algo en el teatro de revistas. Yo le dije: ¿qué te pensás? ¿Que no puedo hacer de vedette? Es una mujer muy generosa.
 
-Te comunicás mucho a través de redes sociales, principalmente por Facebook y Twitter. ¿Qué pensás de esas plataformas?
-Son una herramienta. Se pueden usar para cosas buenas o no. A Facebook lo uso para cosas de mi trabajo pero también para cosas personales, por ejemplo subo fotos de mis nenes. En Twitter sólo publico temas de mi trabajo. Ahí no pongo nada de los chicos. Porque a la mayoría de las personas no las conozco. Twitter también me sirve para informarme. Sobre todo ahora que no tengo tanto tiempo por el nacimiento de mi bebé. Tengo un programa que me va leyendo. El celular viene con una aplicacion de fábrica. Uso I-Phone. Lee todo. Está bueno que ya venga integrado al teléfono. Porque si hay que descargar un programa así, el teléfono se pone lento. Pero cuando ya viene de fábrica es mejor. Además es inclusivo. Pero hablamos de la compañía Apple, que trabaja muy bien la inclusividad.
 
-¿Cuál fue la historia más difícil que tuviste que abordar como periodista?
-Es difícil elegir una sola historia. Tengo varias. Una de ellas involucró a una joven madre con discapacidad intelectual. La justicia le quitó a su hijo. Es una historia muy difícil. Desde REDI estamos involucrados en la defensa por los derechos de esa mamá. También seguí el caso de Yanina, a quien metieron presa acusada de matar a su beba, mientras el verdadero asesino está libre. Parió otro bebé en la cárcel, la pasó muy mal. La llevaron a juicio sin pruebas. Nunca se consideró su discapacidad. La fiscal Carolina Carballido Catalayud fue quien tuvo a cargo la causa, sin perspectiva de género ni enfoque de Derechos Humanos. Aberrante. Otro caso que seguimos fue el que padeció José Luis Orellana, un muchacho pobre, que estuvo dos años detenido por una causa armada. Era golpeado permanentemente, le robaban las cosas, ni comía. La primera vez que alguien lo escuchó fuimos a la cárcel con la abogada Gabriela Conder. Hablamos muchísimo y luego nos pusimos a trabajar. Cuando fue liberado, abrazó a su mamá, luego a su novia y tercera a mí. Ese abrazo es muy importante para mí. Sentí que para eso hacía periodismo.

-¿Qué te pasa con las historias de violencias? ¿Cómo te impactan en lo personal? ¿Qué ocurre con ese vínculo tuyo con las víctimas y sus familias? ¿Tenés algún ejercicio personal para cuidarte, que no te afecte la cercanía con el dolor?
-El vínculo con las familias y las víctimas se va construyendo, casi de un modo que no puedo evitar. Tampoco me lo propongo. A veces es muy duro, porque en ese involucramiento se incorporan anhelos de justicia. Como periodistas no sólo contamos hechos de injusticia, sino que se hacen carne en nosotros. Se transforman en algo nuestro. Es tan triste cuando la victimización no termina nunca. Los resultados jamás son los buscados o soñados. Porque aún cuando tengamos una condena ejemplar o una absolución, en el camino la persona afectada perdió muchísimas cosas de su vida. Tiempo, calidad momentos y mucho más. Respecto a cuidarme, tomar distancia o bajar la persiana, es algo pendiente. Me sirve mucho la familia. Mi marido Lucas me contiene. Su trabajo es totalmente diferente, él es quien me da un abrazo cuando llego saturada, triste, cansada o con rabia. Me brinda consejos. Me cuesta mucho mantenerme al margen. Con el embarazo avanzado de Lautaro, a través de REDI nos enteramos de un caso en Chile con una mujer llamada Valeria con una discapacidad a quien el Estado le sacó a su bebé argumentando que no podía cuidarlo. Empecé a activar, me puse en contacto con ella a través de Facebook. Y con 35 semanas de embarazo, viajé a Chile. Nació mi bebé y seguí armando puentes porque es indignante lo que ocurre con esta víctima. Pero sí, claramente tengo que trabajar el aprendizaje para protegerme, cuidarme, aunque es muy complejo.

      Verónica González

-¿Cuál es la historia que siempre recordás con una sonrisa?
-Hay un informe para el noticiero sobre maternidad que me gusta mucho, con historias de mamás. El resultado fue bueno. Cada vez que lo miro, digo ¡¡¡qué lindo!!! Después recuerdo una historia con una nena que no conseguía vacante en instituciones educativas por su discapacidad intelectual. Es muy traumática esa secuencia. Pero pudimos visibilizar y luego de emitida la nota consiguieron vacante. Alienta mucho a seguir adelante cuando hay resultados, o consigo generar repercusiones.
 
-Se acerca la segunda marcha por el movimiento colectivo Ni una menos. Vos formás parte de la Red Internacional de Periodistas con Visión de Género en Argentina. ¿Está muy invisibilizada la violencia que sufren mujeres diagnosticadas con distintas discapacidades?
-Absolutamente invisibilizada. Se cree que no sufrimos violencia o no somos víctimas de trata. Y la verdad es que sí padecemos esta problemática. Incluso, estamos más expuestas, más vulnerables. Muchas veces no se les cree a las mujeres con discapacidad. Porque presentan dificultades al expresarse y otros argumentos. Parece que vale menos la palabra de una mujer o niña con discapacidad. También debo decir que las violencias se presentan de muchas y variadas formas. No sólo podemos padecer golpes, violaciones, femicidios o explotación sexual. Hay violencia en la calle, en los trabajos, en las instituciones educativas. Para las mujeres con discapacidad es algo cotidiano tener que convivir con las violencias, tanto físicas como económicas o psicológicas. Todo está atravesado por mandatos machistas, y en nuestro caso se mixturan con prejuicios ligados a las discapacidades. Así que también es importante decir que no queremos ni una mujer discapacitada menos, ni sometida a violencias.
 
-Sos mamá de tres varones. ¿Cuáles son las cosas que mas te gustan de ser mamá? ¿Y cuáles las que menos te gustan?
-La verdad que ser mamá es maravilloso. Elegí ser mamá de tres. Ignacio y Nahuel nacieron en 2011. Y Lautaro en marzo de este año. Cuando tuvimos a los gemelos siempre dijimos que había que romper la simbiosis que se arma entre los hermanos. Pensamos que sería necesario que haya otro que comparta. Tengo con los nenes un diálogo buenísimo. Les explico todo. Me preguntan todo. Mi relación con ellos es algo que cuido y preservo un montón. Me gusta jugar, hablar, comparto lo que van aprendiendo. Me emociona ver sus avances. Recuerdo cuando se paró por primera vez Ignacio. Era un logro, porque era el más chiquito. Todavía me acuerdo y se me hace un nudo en la garganta. Ahora suman, restan, saben las letras o separan los billetes. Se sienten importantes. Lo que menos me gusta es la falta de tiempo. A veces me preguntan por qué no juego tanto. Y la verdad es que no tengo tiempo. El bebé demanda muchísimo. La casa. Las obligaciones. Nos restan tiempo. A la vez pienso que tienen una mamá que trabaja y hace otras cosas, y eso también los forma. Siento que les va a dejar algo. Creo importante que reciban la imagen de una mujer empoderada, independiente. Sobre todo porque son varones. Parte de ese proceso
 
-Cuál es el mayor sueño de tu vida?
-Es difícil elegir uno. La vida me va sorprendiendo. Muchas cosas que pensaba que no me iban a pasar, terminaron pasando. Cuando era adolescente jamás pensé que iba a trabajar en la televisión. Me van ocurriendo cosas inesperadas. Planteo objetivos a corto plazo. Por ejemplo, ahora me gustaría cambiar de casa. El departamento nos quedó chico. Tengo ganas de una casa con patio para invitar amigos. Con mayor comodidad para los nenes. Enfoco en ver si puedo crecer en el trabajo. Me parece que soy una persona privilegiada, porque pude formarme profesionalmente, armar una familia. Vengo cumpliendo con todos los sueños y la vida no para de ponerme nuevas experiencias. Poder viajar, me abre mucho la cabeza. Conocer otras personas, culturas. Por suerte pude hacerlo. Y espero con ansias todo lo que vendrá. Lo que me gustaría mucho, eso sí, es poder conocer el pueblo de mi papá con mis hijos y con él. Mi viejo es gallego, de Galicia, de Bayona, un lugar con playa y montañas que según dice él es donde Dios se fue a descansar luego de crear el mundo. 

      Verónica González

• Ping Pong
Equipo de fútbol: San Lorenzo de Almagro. Mi papá, mi mamá y mi abuela son del Cuervo. Pero no toda la familia, porque mi abuelo era de Atlanta.

Música: escucho de todo. La cumbia me gusta para bailar, pero no para escuchar. Rock pesado, en una época mi mejor amiga escuchaba, entonces no me quedaba otra. Pero ahora no. Escucho de todo. No soy muy selectiva. No tengo una banda favorita. En la adolescencia escuchaba Guns Roses y Aerosmith. A U2 lo fui a ver en vivo. Me gusta Coldplay, Vétales, Serú Girán, Spinetta ó Mercedes Sosa, incluso entrevisté al hijo. Frank Sinatra tiene buena voz.

Comida: el asado me gusta mucho. Está en el tope de mis gustos. Después como de todo. Pero el asado de mi papá Manuel es tremendo. Los de mi marido también. Cada vez que vamos a visitar a mis padres en Santa teresita comemos asado. Allá tienen una parrilla en la casa. Así que la aprovechamos.

Libro: El principito. Me encanta. A lo largo de mi vida leí muchas cosas, pero ese libro me marcó bastante. De chica me traían libros en braille o casetes. A los nenes desde que tienen un mes de vida que les leo. A Lauti un poco menos porque no tengo tanto tiempo. .

Una mujer que te inspire: muchas me inspiraron. La primera mujer seguramente es mi vieja. Porque lo que hizo conmigo fue impresionante. Siempre creyó que yo podía hacer todo. Eso es fuerte. Cuando pasó el problema de la incubadora y mi vista, durante varias semanas me alejaron de ella. Fue duro. No sabía que iba a pasar conmigo. Pero siempre le buscó la vuelta, para ayudarme, alentarme, hacerme creer que podía lograr cualquier cosa en la vida. También me inspiran mucho las mujeres con discapacidad que pasan por cosas difíciles y siguen luchando, con el dolor a cuestas. En general, pensamos en mujeres famosas, con poder. Pero a mi me inspiran más las mujeres simples, que no se rinden. Mujeres que nacen en situaciones de vulnerabilidad, y se imponen, rompen con cuestiones preestablecidas.
 


* Producción periodística: Maximiliano F. Montenegro

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