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Viva la pesca
02 | 06 | 2016
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Melincué recobró su brillo con cantidad y calidad

Wilmar Merino
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Por Wilmar Merino


Con nuevos servicios y un pejerrey bien activo, la laguna da sorpresas que pasan el kilo con creces. Es vital tener buenos guías para saber navegarla pues tiene muchos palos y alambrados sumergidos.

Melincué recobró su brillo con cantidad y calidad
Foto:

Hace tres años volvimos a hacer una nota en laguna de Melincué después de largos años de ostracismo, cuando nadie hablaba de ella. Por aquel entonces la comuna no permitía embarcarse y la pesca se hizo vadeando. Felizmente de a poco se fue comprendiendo la importancia de contar con un recurso turístico tan valioso y se empezó a permitir la pesca de embarcados, se abrieron posibilidades para bajar embarcaciones y... sus buenos pejerreyes hicieron el resto.

Tras otra visita efectuada el año pasado, esta vez el aviso de los buenos rindes que venía reflejando el espejo nos lo dio nuestro referente en el Sur santafesino, Ricardo Capicúa Paulucci, quien tanto de orilla como de embarcados venía metiendo pejerreyes buenos. Pero para relevar la laguna como Dios manda, contó con un as en la manga: el guía Uriel Balbi quien, junto a su colega Rogelio Nardis, organizó todo para salir en búsqueda de los matungos que tienen estas aguas ricas en yodo, donde moran flamencos andinos refugiándose del crudo invierno de las montañas.

Así las cosas, tras hacer noche en el Hotel Residencial del Lago que trabaja con los guías, a primera hora pasamos por buenas mojarras en la casa de carnadas local El Biguá, y prontamente estuvieron las lanchas listas en el agua. Partiendo de la bajada La Fábrica, bastaron 15 minutos de navegación para estar en zona. Armamos cañas de 4 metros Spinit Spectrum y Shimano Sojurn, montamos línea de tres boyas Doble-T y -a sugerencia de los guías- buscamos el pique arriba. La pesca empezó a las 9 de la mañana, con un viento Oeste de 14 km/h. Y los piques se dieron en brazoladas bien cortas, entre 10 y 25 cm. Por suerte, el peje comía franco, y -pescando a esa profundidad- cada clavada concretada hacía estallar el agua.

Dado el excelente tamaño de los pejes, por encima de los 30 cm, decidimos voluminizar el cebo agregando filet de dientudo. Fue un acierto: así salió el primer peje de kilo, a cargo del joven Pedrán, que a sus 17 años no cabía en sí de la alegría. Luego se lucieron los guías, y Uriel logró un soberbio ejemplar que también pasó el kilo, en tanto su socio aprovechó la mejor hora del día metiendo un par de dobletes.

Sin embargo, cuando todo aventuraba una fiesta de piques, a media mañana se paró el viento, se planchó la laguna, y el pique se hizo esperar. Se veían los borbollones, pero no picaban, hasta que los guías empezaron a mover las boyas para darle vida a la carnada. Y ahí lograron gatillar ataques de un pejerrey que -si bien luce bien comido-, no desdeña un bocado bien ofrecido. Capicúa Paulucci se lució en este momento del día logrando piezas del modo descripto. Se podía ver a los pejes con su aleta dorsal fuera del agua, bulando antes del ataque y luego llevándose las boyas. Un espectáculo sólo superado cuando, al clavarlos, explotaba el agua. Los pejes de Melincué son muy combativos y, como vimos, pueden llegar a portes sorprendentes.

Se obtuvieron en total 44 capturas, en un promedio de 33 cm y 450 gr, con los ejemplares ya destacados que pasaron el kilo. Como dijimos, se pudieron sacar algunos dobletes, pero la falta de viento hizo que la pesca no fuera la deseada, sin ser para nada mala.

Un dato a tener en cuenta para visitantes que no conozcan la laguna: El espejo tiene 18.000 ha, con profundidades de hasta 6 m. La media es de 4m en el medio. Pero hay que andar con cuidado porque muchos palos de los alambrados están a ras del agua y es un peligro para las embarcaciones.

Por último, recordar que la cantidad máxima de extracción es 30 piezas por pescador, de más de 25 cm cada uno.

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