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Opinión
03 | 06 | 2016
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La deuda de Messi

Eduardo Verona
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Por Eduardo Verona


Messi, sin dudas el mejor jugador del mundo, recibe en la Argentina tantos elogios como críticas. Su capítulo en la Selección aún no cerró de la mejor manera. Si se precisa una Argentina plena para ganar esta Copa América, también se precisa un Messi pleno (hoy no lo está) desde el arranque hasta el final para conquistar lo que aún no conquistó

La deuda de Messi
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No se puede ocultar detrás de mensajes políticamente correctos: Lionel Messi no despierta unanimidades en la Argentina. Aquí no son pocos los que lo discuten, lo cuestionan y lo critican, producto de sus rendimientos erráticos en la Selección nacional. Por estas tierras hay claramente dos vías para interpretar al mejor jugador del mundo: los que lo endiosan y los que le encuentran sus zonas erróneas. Que las tiene. Como cualquiera.

Ahora, en la inminencia del debut de Argentina en la Copa América Centenario frente a Chile, en San Francisco, la presencia de Messi en Estados Unidos es muy probable que siga dividiendo las aguas. Y generando polémicas futbolísticas que no pueden derrumbarse por ningún decreto de necesidad y urgencia.

¿Qué tipo de polémicas? Las que están vinculadas a su mayor o menor influencia en los desarrollos de los partidos. Y en especial, de algunos partidos. Más precisamente, los decisivos. El foco de las críticas que se le destinan a Messi pasan por no haber resuelto en los compromisos definitorios de acuerdo al potencial sin equivalencias que todos le reconocen.

En esos partidos a todo o nada (una semifinal o final de un Mundial, una final de Copa América), las apariciones de Messi de ninguna manera fueron brillantes. Y no alcanzaron para ganar ningún partido que la memoria colectiva haya instalado como un episodio inolvidable.   

¿Esa es una deuda que contrajo Messi? Sin ninguna duda. Dejando de lado a Diego Maradona que hizo todo lo que se podía hacer para quedar en la cumbre, por ejemplo, Claudio Caniggia, que por supuesto nadie puso ni pondrá nunca a la altura de Messi, es todavía homenajeado por aquel gol a Brasil en Italia 90 después de una jugada maravillosa de Maradona y por su otro gol a Italia en la semifinal. Esos dos flashes recordadísimos que determinaron el rumbo de la Selección en aquel Mundial le permitieron a Caniggia inmortalizarse como un jugador siempre presente y muy reivindicado por el sentimiento argentino.

Messi aún no lo logró. No ganó con la camiseta de la Selección un partido fundamental. En esos partidos fundamentales ante adversarios de jerarquía, no la rompió. Ni tampoco conquistó un gol (en esa clase de encuentros) que sometiera la rutina de los equilibrios. Esa mochila no deseada que viene cargando Messi desde hace casi una década es la que también le despierta preocupaciones insalvables cada vez que juega para Argentina.

La Copa América Centenario se presenta como otra posibilidad para que Messi al borde de los 29 años (los cumple el próximo 24 de junio) encuentre lo que jugando para el Barcelona él supo naturalizar: en la  gran dificultad y en los grandes escenarios, el brochazo sensible de un protagonista iluminado.

Plantear con más o menos énfasis que no es necesario brillar en la recta final de un Mundial o de una Copa América para obtener unanimidades o consensos absolutos, es desconocer o subestimar los climas de época. Maradona sin el paisaje irrepetible de México 86 no sería la deidad que es hoy. Y no continuaría festejando lo que hoy el show del fútbol festeja y celebra a 30 años de aquella película magistral.

Si la Selección precisa una consagración después de la última Copa América que atrapó en Ecuador en 1993 bajo la conducción de Alfio Basile, Messi también precisa ser un Messi pleno (hoy parece estar lejos de esa meta) para liderar la búsqueda de ese objetivo desde el arranque hasta el final de la competencia.

La realidad es que no se le hace ningún favor a Messi repitiendo en tono encendido que un jugador de su dimensión no tiene que demostrarle nada a nadie. No es cierto, aunque suene antipático. El primero que lo sabe es Messi. La Selección encarna una deuda. Aquellos que más lo frecuentan a Messi (Javier Mascherano entre ellos) puedan dar fe.             

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