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Facundo Arana: “Me gusta la gente que se anima”

Grisel Coyle
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Por Grisel Coyle


Cómo se preparó para la expedición. La importancia de la familia y la satisfacción, mas allá de haber alcanzado el objetivo: “salimos con la idea de disfrutar y regresamos con el dulce sabor de los días transitados”.

Facundo Arana: “Me gusta la gente que se anima”
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Papá de tres hijos, Facundo Arana (44) fue por la revancha. El actor dejó su profesión y el inminente lanzamiento de su disco para participar de una expedición de dos meses que lo llevó a la cima de Everest. De regreso -llegó el viernes- su esposa, María Susini, lo esperaba con los brazos abiertos. "Me gusta mucho la gente que hace lo que dice que va a hacer, que cumple con las acciones lo que dijo con la palabras. Nadie está preparado para viajar y que te pase algo, eso me incluye a mí y nos incluye a todos", dice el actor y músico que realizó el viaje con el apoyo de una compañía dedicada a brindar servicio de salud al viajero.

"Salimos de nuestras casas con la idea de disfrutar y de que todo va a ir por los carriles normales. Que regresaremos con el dulce sabor de los días transitados", dijo.

"En el 2012, también en el Everest, tenía un servicio de rescate, no de asistencia. Previamente informando donde iba a estar, tenía un teléfono a donde llamar. Era una especie de botón rojo que podía apretar y que iba a venir gente de Estados Unidos al lugar en donde yo estaba, por supuesto haciendo logística con gente local. Esta compañía se jactaba, ufanaba de que ellos entraban incluso en lugares en donde hay conflicto armado. Venían con un manual de instrucciones bárbaro, con fotos divinas. Resulta que cuando a mí me pasó lo del edema, me tenía que evacuar y no tenía mucho tiempo. Apreté el botón, me comuniqué perfectamente con ellos, me dijeron que lo mío se solucionaba bajando de la altura y que lo hiciese. Esa fue la asistencia que me dio esta compañía".

Dice que por el contrario, la empresa que es la que lo apoya en la nueva expedición "estuvo en lugares tremendamente más penosos, en un estado más complicado que el mío". Concluye: "Ahora, volví al mismo lugar pero con la seguridad de que fui preparado por si volviese a pasar algo similar...".

l ¿Cómo te preparaste para esta experiencia?

-Entrené con una máquina que, básicamente, lo que hace es quitarte oxígeno. El entrenamiento viene desde el año pasado... También, lo hice levantando el peso de un jaguar de ciento veinte kilos, que es un deportista de alto rendimiento y enorme riesgo, que hoy me acompaña en esta experiencia. No soy de señalar para afuera cuando algo no sale. Después de que pasa un tiempo, me gusta mirarme al espejo y analizar como fue la situación. Yo cometí varios errores, que son errores que ya hoy no cometo. No subestimé pensando que me iba de paseo, porque soy consciente de que me fui a la montaña más alta del mundo. Aparte de entrenar bien fuerte, me preparé para estar lejos de mi familia durante dos meses. Sin embargo, no hay preparación que uno pueda hacer suficiente para eso porque a las dos semanas todo te parece que fue poco. Pero tuve los afirmativos que necesitaba para irme y me animé. Me animé a hacer algo que, en su momento, me había dado una paliza. A mí me gusta la gente que se anima... A partir de determinada altura, me acompaña el oxígeno, en el día en que la expedición implica estar arriba de los 8.000 metros. Justamente, la experiencia dura dos meses por la cantidad de veces que vamos a subir y bajar, para ayudar al cuerpo a que se vaya sometiendo a la altura y que la médula me de todos los glóbulos rojos que necesito para exponernos. Los glóbulos rojos, para nosotros que no somos médicos, llevan el oxígeno a la sangre, y necesito mucho oxígeno.

l ¿Y a nivel psicológico?

-La mejor asistencia psicológica que una persona puede tener es contar con una familia bien formada. Mi mujer me acompaña en todo lo que haga. De hecho, en la última semana antes de viajar, estuvimos todo el tiempo juntos, no nos despegábamos y me acompañaba a todos lados. Incluso, ella me armó el bolso con las cosas técnicas que necesitaba, ya que a esta altura entiende más que yo. No tengo miedo porque no me tiro por paracaídas hecho por otro que yo no se qué es. Fui con gente que conozco, que tiene valores que me representan en la montaña y, además, con una compañía que pude probar en el Aconcagua, de cómo es con la logística. Si tomás los recaudos, ya no es un deporte de riesgo sino un deporte, tan apasionante como otros.

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