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Un megaproyecto para reencauzar la gestión

José Di Mauro
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Por José Di Mauro


En el Congreso arrancó el debate de un proyecto que le servirá al oficialismo para recomponer fuerzas después de la ley antidespidos, y mostrar que no es sólo "ajuste" lo que puede ofrecer.

Un megaproyecto para reencauzar la gestión
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Los vaivenes de la gestión suelen generar efectos ciclotímicos en cada administración. Hay semanas buenas y malas; la que pasó bien podría ser de las primeras, pero en lugar de terminar con sonrisas para el gobierno, lo hizo con muecas de preocupación por la salud presidencial.

Independientemente de los avatares médicos, el saldo oficial de la semana fue positivo. Al menos así lo mensuró el ala política de esta gestión, que como dijimos en su momento tomó el episodio de la Ley Antidespidos como punto de inflexión.

Tras haber comprobado la capacidad de daño que en el Congreso la oposición puede llegar a generarle al gobierno, y haberse permitido el veto presidencial como elemento contundente de poder -más la verificación de que los efectos colaterales fueron moderados-, el gobierno evaluó el episodio como una derrota digna y salió a recuperar la iniciativa.

En esa medida contribuyó la necesidad de modificar un estado de situación que comenzaba a asemejar una suerte de ajuste perpetuo. "Si hubiera sido sencillo salir de la mentira de las tarifas contenidas, lo hubiera hecho alguna vez el kirchnerismo", razonó ante este medio un funcionario del gobierno de Cambiemos, que recordó a continuación que todos los candidatos tenían en sus plataformas secretas el sinceramiento de las tarifas dentro de las prioridades, junto la salida del cepo, la devaluación y el arreglo con los fondos buitre. No necesariamente en ese orden, pero en todos los casos los casos lo que variaba eran los tiempos para cumplir cada una de esas metas.

Con la premisa de bajar la inflación a un dígito antes de terminar su mandato, Mauricio Macri era el más decidido en apurar los tiempos de modo tal que todas las medidas negativas se cumplieran el primer año, mientras que sus competidores habían anticipado un mayor gradualismo. De hecho, le critican al gobierno su actitud con las tarifas y hasta hablan de "ajuste salvaje". Los reacomodamientos en los porcentajes de aumentos infieren un reconocimiento oficial de sus propios excesos.

Las razones de Cambiemos para la estrategia implementada no deben circunscribirse estrictamente a lo técnico, sino también a cuestiones políticas. Más allá de estar convencidos de que la mejor manera de garantizar una efectiva salida de la inflación es hacerlo rápidamente, cuentan con una desventaja con relación a sus rivales. Cualquiera hubiera sido otro ganador, Daniel Scioli o Sergio Massa hubieran unificado tras de sí al peronismo, con lo que se hubieran asegurado una mayoría parlamentaria con la que no hubieran estado obligados como Macri a ganar sí o sí las elecciones intermedias. Y para hacerlo, éste debe haber concluido el ajuste en el presente año y comenzar a crecer con el tiempo suficiente de modo tal de llegar a la campaña electoral en alza.

De ahí la promesa recurrente de un futuro venturoso a partir del segundo semestre. Sin embargo en las últimas semanas el optimismo ha comenzado a moderarse. En el gobierno ya prefieren hablar del último trimestre, y los más realistas anticipan que habrá que conformarse con una baja de la inflación, pero que el crecimiento quedará para el próximo año.

Con esos pronósticos, se hizo necesario cambiar las expectativas y el punto de partida es este proyecto que comenzó a ser tratado esta semana en el Congreso, destinado a pagar la deuda a los jubilados. La iniciativa implica un gran esfuerzo fiscal, pero generará para el consumo una fuerte inyección de dinero en un sector que no tiene voluntad de ahorro. Los efectos comenzarán a sentirse en el comienzo del segundo trimestre de 2017, justo para cuando comience a transitarse la campaña electoral. Casi una política kirchnerista. "Llamémosle keynesianismo", corrigió nuestro interlocutor.

El gobierno jugó al misterio hasta último momento con el envío del proyecto. Como dijimos hace una semana, se descontaba que ingresaría por Diputados, pero el día del envío del proyecto sonó muy fuerte que lo haría por el Senado, donde Miguel Pichetto tiene listo un proyecto de blanqueo 'más permisivo' que el del gobierno. Mandarlo por el Senado podía dar la sensación de que los gobernadores pasaban a ser interlocutores más confiables que los impredecibles massistas. Pero no: entró por Diputados, como debía ser.

Se trata de un proyecto de ley "ómnibus", aunque el presidente del PJ, José Luis Gioja, prefiere llamarlo 'ley tren', por la cantidad de títulos que incluye. En rigor, deberían ser al menos dos proyectos, en lugar de uno que mete en una misma bolsa el pago a jubilados, blanqueo de capitales y resarcimiento a las provincias. Pero hay que entender al oficialismo: esta es la única manera de garantizar su aprobación.

Con todo, tal cual viene sucediendo con los proyectos que envía el Ejecutivo, se descuenta que sufrirá multiplicidad de modificaciones. El día y la noche de lo que sucedía con el kirchnerismo, refractario a cambiar hasta una coma en los textos. Y es muy difícil que termine pasando el artículo que permite la venta de acciones de la ANSeS en empresas privadas. Obviamente el kirchnerismo se opone; con Diego Bossio a la cabeza el bloque Justicialista también, y crece la sensación de que esa misma postura terminaría adoptando el massismo, en cuyo caso el artículo 26 del proyecto podría ser modificado en el debate en particular. El oficialismo había arrancado la semana con fuertes discrepancias internas exteriorizadas por Elisa Carrió primero, y después por los radicales, respecto de la posibilidad de que los funcionarios pudieran acogerse al blanqueo. La líder de la CC, fiel a su estilo, lo gritó a los cuatro vientos; los radicales fueron más moderados, pero no menos enfáticos. Solo que Mario Negri fue a decírselo el lunes a Marcos Peña a la Casa Rosada, en lugar de hacerlo a los medios.

Esa cláusula fue modificada armoniosamente, y mostró a Cambiemos como un espacio de consenso; sin embargo la paz se alteró el miércoles por la noche, cuando Elisa Carrió salió con todo a cruzar a Gabriela Michetti por un título periodístico que malinterpretó, pues la vicepresidente se había cuidado de no destratarla en el reportaje que alteró a la diputada. Igual, la sangre no llegará al río por este tema, pues la titular del Senado se ha propuesto no polemizar con Carrió, aunque quedó muy dolida.

Fue un mal antecedente para la armonía de Cambiemos, que fastidió al Presidente, quien también se ha propuesto no confrontar con su socia política - menos ahora con su arritmia-, pero está molesto porque esos chisporroteos empañan el efecto de una ley de tanta importancia como la que comenzó a ser debatida el jueves.

Con toda lógica, la oposición le ha advertido al oficialismo que ni se le ocurra emitir dictamen este martes, pues semejante proyecto amerita más días de estudio. Cambiemos querría firmarlo entre miércoles y jueves, y darle media sanción el miércoles 15. Ese podría ser ya no otro "supermiércoles", pero sí un gran día para el oficialismo, pues además de encaminar su 'megaproyecto', en el Senado se aprobarían finalmente los dos pliegos de jueces para la Corte. No estaría mal para encarrilarse políticamente.

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