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Viva la pesca
09 | 06 | 2016
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En tiempos fríos, variada de lujo en Arroyo Seco

Wilmar Merino
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Por Wilmar Merino


En campos inundados por la gran crecida del Paraná se afincó una calificada variada que permite obtener sorpresas pescando al garete con morenas y también con artificiales de sub superficie.

En tiempos fríos, variada de lujo en Arroyo Seco
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La falta de guías es acaso el principal impedimento para que Arroyo Seco sea cada vez más conocido, pues tiene todo para ser un gran pesquero: un muy buen club para bajar lanchas, y la más rica variada compuesta por surubíes, dorados y muchas sorpresas, en un pesquero poco difundido entre Baires y Rosario.

La entrada a Arroyo Seco queda en el km 265 de la autopista Buenos Aires-Rosario, y una vez en el pueblo cruzamos la vía y bajamos por la calle Aníbal Mafei hasta el Arroyo Seco Rowing Club, en las barrancas del Río Paraná. El lugar es agradable para quien no guste embarcar: hay bajada y guardería de lanchas, kayac y windsurf zona de pesca y camping, cancha de pelota paleta y voleibol playero, amplios sectores con mesas con sombra como así también un amplio solarium, parrilleros cubiertos y buffet con servicio de 9 a 24.

Pero nosotros aprovechamos la convocatoria de nuestro referente en pesca local, Emiliano Michelotti, para hacerle un intento a una variada típica de verano en tiempos de pejerreyes. "Eso sí, hay que conseguir morenas que es lo único que toman los cachorritos", nos advirtió nuestro guía ocasional, pues no se dedica a sacar gente.

Así lo hicimos y nos mandamos un frío viernes para este pesquero, en donde el nivel de agua llegaba casi a nivel del Club, cuando normalmente está 4 o 5 metros más abajo. Salimos con la cómoda lancha de Emiliano, cruzamos a Entre Ríos y empezamos a navegar entre campos inundados. Armamos equipos compuestos por cañas de 7' Tech Osaka y reeles Shimano rotativos y con un leader y anzuelo 9/0 encarnamos una morena por la boca y empezamos a garetear arrastrando el cebo a unos 50 metros de la embarcación.

Los piques no tardaron en llegar: uno a uno fuimos izando cachorritos de 2 a 4 kilos, que nos dieron hermosas corridas. Cerca del mediodía, nos pusimos en la punta de un banco a probar suerte anclados. Y allí empezamos a cobrar bravas manduvas y picopatos o cucharones, especie no tan frecuente pero también muy divertida y peleadora.

Satisfechos con haber sumado ya tres deportivas especies, hacia el mediodía fuimos por el dorado, atravesando campos donde a todas luces la gente la estaba pasando mal con sus ranchos con el agua hasta la puerta y los animales amontonados en los pocos manchones secos. Vimos muchas nutrias, muchas flacas nadando a nuestro paso, otras muertas en los costados de los juncales. Tristísimo.

Así las cosa, llegamos en 20 minutos de lancha a un campo donde trepaba el agua del Paraná armando unos rápidos interesantes. El dorado se veía activo atropellando mojarrones, pero había que usar solo señuelos que bajaran unos centímetros para poder pescarlos, dado que apenas habría unos 40 cm de agua. Cambiamos a equipos de 6-18 libras con reeles de perfil bajo con multifilamento. Con un skiter Walker de Rapala, algunos Inna de Marine Sport y algunos lipless trabajados con la punta de la caña hacia arriba, empezamos a cobrar doraditos menores y algunos de 2,5 kilos. Muy interesante y divertida pesca.

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Al caer la tarde volvimos a trabajar las canchas de surubí más rendidoras, logrando varios ejemplares más, pero sin que ninguno rompiera el molde, es decir, todos menores a 5 kilos. La nota novedosa, además de los siempre presentes manduvíes y algunas palometas descarnadoras, fue la captura de un pequeño surubí atigrado (Pseudoplatysoma fasciatum), especie en serios problemas poblacionales que rara vez vemos por estas latitudes. En total habremos logrado 13 cachorros en una jornada riquísima por lo variado de las especies y las distintas situaciones de pesca.

En medio de tanta abundancia, la nota triste no solo pasa por el sufrimiento de muchos compatriotas que ven sus ranchos isleros inundados, sino por la intensa presión de pesca comercial que sufre la zona. Una desgracia enorme que no se cuide tan valioso recurso natural.

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