lunes 5.12.2016 - Actualizado hace
Copa América 2016
16 | 06 | 2016
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¿Qué le falta a la Selección?

Eduardo Verona
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Por Eduardo Verona


Superada con holgura la primera ronda de la Copa América, la Selección igual no mostró un buen funcionamiento. La posibilidad de que Biglia le de otro volumen de juego al equipo y que la presencia de Messi desde el arranque termine de acomodar lo que todavía no está acomodado. Venezuela no debería complicar a Argentina.

¿Qué le falta a la Selección?
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Hay una pregunta que no puede ocultarse aunque los números (3 partidos, 3 triunfos, 10 goles a favor, solo 1 en contra) que vienen acompañando a la Selección en la Copa América Centenario sean óptimos: ¿Por qué el equipo que conduce Gerardo Martino no termina de jugar bien?

Porque la realidad es que salvo algunos pasajes muy breves, la Selección continúa sin levantar vuelo. Es cierto, le ganó a Chile 2-1 en el debut, a Panamá 5-0 en un rapto sensacional de Messi, autor de 3 goles en media hora y derrotó 3-0 a Bolivia. Pero no nos enfocamos únicamente en los resultados. Miramos el juego. Y en el plano siempre experimental del juego aún no se expresaron señales muy positivas.

¿Qué le falta, en definitiva, a la Selección? Juego colectivo. Más juego colectivo. Y mejor funcionamiento. Según el Tata Martino existe una evolución respecto al nivel que mostró Argentina en la anterior edición de la Copa América disputada el año pasado en Chile, cuando cayó en la final en la instancia de los penales.

Esa evolución que reivindica el entrenador no apareció tan clara y certera en el horizonte, aún frente a adversarios muy inferiores y básicos como Panamá y Bolivia, subordinados desde el mismo arranque de los partidos a ejecutar el papel de simples  partenaires.

Plantear que ante rivales que solo intentan defenderse es muy difícil construir un fútbol ofensivo con variantes y capacidad de desequilibrio, no deja de ser una justificación despojada de autocrítica. O una excusa sin proyección.

Se descontaban las victorias rotundas y holgadas contra Panamá y Bolivia. El único encuentro que sirvió como medida fue ante Chile, sin la presencia de Messi. Lo resolvió la Selección con un par de pelotas que robó en la mitad de la cancha y salió rápido y preciso para matar en el último toque, primero con un zurdazo de Di María al primer palo y después con otro zurdazo mordido de Banega también al primer palo del arquero Bravo. Pero no tuvo Argentina respuestas para entusiasmarse. Salvo que los entusiasmos se concentren en la buena labor defensiva que viene manifestando el equipo con su línea de fondo titular integrada por Mercado, Otamendi, Funes Mori y Rojo.

En la zona de volantes la reaparición de Biglia en el segundo tiempo frente a Bolivia, adquiere más importancia de la que se adivina a simple vista. Biglia no solo encarna el rol de socio eventual o permanente de Mascherano, sino que se distingue por ser un volante que suele hacer todo bien. Que recupera, que sale a cortar y corta, que achica los espacios para adelante y que tiene pase con lectura y perfume ofensivo.

El aporte de Biglia es más influyente de lo que podría presumir cualquier análisis ligero. Descansa Mascherano en el fútbol de circulación que promueve Biglia. Especialmente por un ítem esencial: sabe jugar en todos los sectores con un nivel de eficiencia que no baja de los 7 puntos.

Pero Biglia no es Riquelme. Y Pastore, ausente por lesión, tampoco se aproxima aún en su plenitud al nivel que podía ofrecer Riquelme. La Selección padece la ausencia de un jugador que arme, maneje los tiempos de la entrega y distribuya con inteligencia. Aunque Banega por instantes intente hacerlo. Pero Banega tampoco es un organizador o un armador clásico. No cambia la velocidad de la pelota. No cambia el ritmo. Y no sorprende en la medida en que hay que sorprender en tres cuartos de cancha.

Quizás por todo eso, arriba se apunta demasiado a las resoluciones individuales. A las búsquedas individuales. A ganar en el mano a mano cuando no están las condiciones dadas para ir al todo o nada. Porque falta elaboración de la maniobra ofensiva para encontrar el espacio en condición ventajosa.

Messi lo comprobó con Bolivia. Quiso asociarse con alguien que le devolviera una pelota profunda y no pudo. Quiso descargar por el lateral derecho y se quedó corto o largo. Quiso encontrar el oportunismo que lo iluminó ante Panamá y no tuvo chances, más allá de un tiro libre extraordinario que casi lo clava en el ángulo superior derecho. 

"Venezuela nos va a complicar la vida", afirmó como al pasar el Kun Agüero minutos después del anecdótico y olvidable 3-0 a Bolivia. No debería ocurrir ese anticipo de Agüero en la medida en que la Selección confirme la autoridad futbolística que se le reconoce y se le demanda.

En estos compromisos decisivos esa autoridad tiene que plasmarse en la cancha desde el mismo momento en que comienza el partido. No esperar. No dejar hacer. No ver qué pasa o que puede pasar.

Las diferencias futbolísticas con Venezuela a pesar del crecimiento que evidencia, siguen siendo notables, aún con algunos perfiles inciertos que conviven en Argentina. Pero estos partidos también se ganan en la víspera. Aunque los jugadores y el Tata Martino, por prudencia, hagan silenzio stampa. O silencio de prensa.     
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