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AFA PASILLOS
16 | 06 | 2016
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El meteorito de la FIFA va a extinguir a los dinosaurios

Yacaré Doria
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Por Yacaré Doria


Las costumbres en la asociación son tan antediluvianas que el estatuto que Don Infantino quiere rescribir. Los periodistas hacen un enjambre en la puerta y los acreditados, trabajan en un descanso de escalera.

El meteorito de la FIFA va a extinguir a los dinosaurios
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Volvamos a los dinosaurios. No todos se extinguieron y todavía pisan los pasillos de la AFA, aunque en ese hábitat la mayoría no come hojitas. Son los carroñeros que pocas veces cazan a su presa o los que la eligen y dejan que la cadena alimenticia ponga en su lugar al más débil. En Viamonte el cambio de una era geológica se avecina y ni el más voraz se da cuenta que la extinción será escrita en las páginas de su historia en el mismo capítulo que la comisión normalizadora de la FIFA.

Las costumbres en la asociación son tan antediluvianas que el estatuto que Don Infantino quiere rescribir. En épocas del dinosaurio mayor -ya extinto- el periodismo era una especie despreciada y los acreditados a la Casa, presa de los dientes más voraces. Hoy muchos mantienen vivo el sentimiento, pero hay algo que cambió. 

Por ejemplo, el terodáctilo que mora en lo más alto y fue implacable en tiempos de mejor andar ya no asusta a nadie. La semana pasada intentó correr a un grupo de periodistas que todavía tienen que trabajar en las peores condiciones –el descanso de una escalera, por ejemplo- y debió remontar vuelo sin cumplir su propósito. Acaso por eso acudió a un sabueso para que pegue un par de ladridos, aunque también volvió a cucha con el rabo entre las patas. 

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El dinosaurio que dejó descendencia en esta Era entre la familia de los zorros –ese que habitó en las estepas de Iojansberg-, acordó parsimoniosamente que el tercer piso sagrado no sea pisado por los cagatintas y después de proponerles la redacción de una carta para que la próxima gestión escuche los reclamos, llamó detrás de una puerta al grandanés para que los corra de la zona de exclusión recientemente acordada. Una bajeza habitual, ya puesta en práctica en el predio de Ezeiza en la previa de alguna de las últimas bochornosas asambleas.  

Después está el velocirraptor barbado. Ágil y conocedor de cada rincón, desde su madriguera opera como un actor más del mundo antiguo. Un templario más de la orden de Don Julio. Lo único que lo atemoriza del presente, es el avance de los escribas por los recintos prohibidos y la amenaza inminente de que lleguen al corazón del comité, solamente prohibido para ellos porque hasta secretarias, ordenanzas y otros empleados –y hasta dinosaurios herbívoros, de los buenos-, escuchan los pormenores de reuniones de cotillón, donde ya todo está arreglado de antemano. En ese mundo los empates 38-38 o los 29 miembros de comité disfrazados de 33 para convocar a asamblea, solo es posible con los dinosaurios como le gustan a Susana Giménez. Vivos.

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