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Vida
19 | 06 | 2016
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Caminando sobre las huellas de papá

Nicolás Clementoni
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Por Nicolás Clementoni


No sólo a la hora de optar por aquellos valores a seguir, sino también desde la vocación y el trabajo, muchos son los hijos que deciden seguirles los pasos a sus padres. La conexión en los casos que se muestran en esta nota es muy positiva desde todo punto de vista. El apoyo mutuo es un aspecto fundamental.

Caminando sobre las huellas de papá
Los Mastronardi, un trabajo que inició el abuelo y la tradición pasó del padre a los hijos.
Foto:

"Por vos tengo estos ojos, esta forma de mirar/ esta poca paciencia y mi voz para cantar/ un ángel que me cuida/ un hijo que criar, la luz que me ilumina y también mi oscuridad...", canta Bersuit Vergarabat en la emocionante letra de "Cuatro vientos", música que popularizó la telenovela de Telefé, Señores Papis.

Pisar sobre las huellas de papá es un camino que muchos hijos eligen. No sólo a la hora de optar por aquellos valores a seguir, sino también desde la vocación y el trabajo. En este Día del Padre encontramos historias de papás que trabajan o estudian junto a sus hijos o hijas. La conexión, en los casos que les mostraremos, es positiva desde todo punto de vista.

Por eso, como prólogo de los diferentes testimonios, les damos paso a los muchachos de La Bersuit para que sigan cantando: "Te quiero/ y lo voy a gritar a los cuatro vientos/ ya no voy a ocultar mis sentimientos/ hoy no pienso esperar que pase, ni un minuto más para que sepas lo que siento/ ¡Te quiero...!".

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Del carro al gran negocio

Horacio Mastronardi trabaja con su papá (Juan) en el local de electrodomésticos que fundó su abuelo (Don Ciro): "Laburar con mi viejo y con mi familia es algo que siempre agradezco. Hoy él ya tiene 73 años. Sin embargo, sigue estando presente y viene al local, toma decisiones, pero somos mis hermanos y yo los que llevamos la parte pesada, como debe ser. Yo me crié en la casa de artículos para el hogar que fundó mi abuelo. Cuando yo era un bebé y estaba en el negocio, mi corralito era un lavarropas redondo.Puedo decir que nací adentro de una caja de electrodomésticos. Y estoy orgulloso. La historia la comenzó mi gran abuelo, que falleció hace dos años. Él vino de Italia y arrancó vendiendo mimbre con un carro tirado por un caballo. Después, mi papá, cuando tenía 11 años ya lo acompañaba. Y cuando mi abuelo pudo abrir el local en Villa Madero todo empezó a crecer porque enseguida incorporaron electrodomésticos. Mis hermanos Fernando y Claudio, y yo continuamos con todo esto. El mejor consejo que atesoro de mi viejo es cuando me dijo que nadie iba a cubrirme en un negocio como un hermano. Él siempre sostiene que 'cada uno tiene que cumplir su función y cubrirle la espalda al otro'. Así, a base de confianza y laburo es que seguimos adelante".

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Consejos en la redacción

Guillermo Tagliaferri es periodista deportivo como su hija Ailín, de 22 años: "César y David, los hermanos más grandes de Ailín, son futboleros, pero no eligieron mi oficio. Ella sí. Estudió en el instituto que le aconsejé y me escuchó. Durante la carrera hizo una pasantía en el diario deportivo Olé y en El Show de Vélez, el programa de Carlos Cárrega. Yo trabajo desde 1980 en Clarín. Muchas veces nos tocó cruzarnos en entrenamientos y en canchas porque cada uno iba a realizar la cobertura para su medio. Siempre traté de darle una mano, pero en varias oportunidades fue ella la que me terminó ayudando. Por ejemplo, Ailín cubría las prácticas de Argentinos Juniors y me ha facilitado teléfonos de jugadores para que yo pudiera hacer notas... y hasta me dio una mano en las producciones. Tal vez ella contactaba a un futbolista y le avisaba 'te va a llamar mi viejo', y entonces el jugador me atendía cuando lo llamaba. Volver juntos del diario o de un entrenamiento a casa en Parque Avellaneda, charlando de nuestras cosas, son momentos que disfrutamos mucho. Me gustaba darle una mano en sus primeros reportajes, cuando tenía que entrevistar a alguien para que supiera encararlo. Hoy, por desgracia, ella está buscando trabajo en algún medio porque se le cortó la pasantía. Tiene una changa en venta de ropa, pero no es para lo que verdaderamente se formó. Y también trato de ayudarla a la hora de buscar laburo de periodista. Estoy muy feliz con que ella tenga mi misma pasión".

Trabajar en familia y, además, disfrutarlo

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Ignacio Catullo, de diciembre a abril, se suma a la casa de té que sus padres (Julio César y Mónica) levantaron en las sierras cordobesas.

"Mi viejo tiene 62 años, es de La Plata y fue quien me contagió el amor por Gimnasia. Mamá es de Reducción, un pueblito cercano a Río Cuarto, en Córdoba. Yo tengo 33 y soy el más grande. Me sigue Marco Augusto, que nunca trabajó en el local con nosotros, y después está Juan Miguel. Nosotros crecimos en Tres Arroyos, donde mi papá, que es ingeniero agrónomo, trabajaba en el INTA. Ahí yo jamás iba al campo a laburar con él, ni a acompañarlo. La relación más linda que teníamos era por el fútbol. Mi abuelo y mi viejo son obsesivos del laburo. Eso yo siempre traté de no absorberlo. Papá es conservador, fiel y tranquilo. En eso trato de no seguirlo, (se ríe...). Yo soy perezoso, pero cuando me gusta el trabajo también soy responsable. Y eso lo adquirí de mi viejo. Siempre me incentivaron a estudiar y laburar, pero hasta los 30 años jamás había trabajado con ellos. El sueño de mamá siempre fue volver a Córdoba a poner una casita de té en las sierras. Compraron un terreno en Villa La Bolsa, pero al poco tiempo se separaron. Fue por un año. Papá vivía en Capital, mamá en Tres Arroyos y yo en La Plata. En ese momento me fui a estudiar a Buenos Aires y viví con él un tiempo. Cuando se arreglaron, se prometieron armar la casa de té. En un momento me quedé sin trabajo y comencé a ayudarlos con ese emprendimiento que parecía una locura. Y volví a vivir con ellos. Armamos el negocio y la relación se fortaleció. Ahora yo voy a dar una mano en los momentos fuertes de trabajo, en el verano, pero estoy seguro que en ese paraíso puede estar mi futuro más adelante. Mi viejo se sigue matando en el laburo y, si el local se llena, hasta se encarga de lavar los platos. En definitiva, cuatro meses al año vivo en ese paraíso y trabajo con mi familia. Lo disfruto muchísimo".


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Los Janson son una verdadera empresa familiar.

Christian Janson recibe la ayuda de sus hijas, Belén y Agustina, de 19 años, en una empresa familiar:

"De alguna manera, en casa trabajamos todos. Juntos. Mi mujer (Daniela) y yo hacemos el 85 por ciento y los chicos nos ayudan. Más que nada, Agustina y Belén, que son las más grandes. Les gusta hacerlo para sumar unos pesitos para sus gastos. Belén además realiza el Profesorado de Educación Física y Agustina estudia Audiovisuales. Nico y Sol, que tienen 16 y 13, y están en el secundario, no trabajan aunque les gusta ayudarnos. Nuestra empresita nació hace casi cuatro años. Se llama Godere, que quiere decir disfrutar en italiano. Lo primero que hacemos es fabricar almohadillas térmicas naturales. Ya las vendíamos antes, pero solo para conocidos. En un momento empezamos a venderlas, aunque no con la intensidad actual. Yendo a las primeras ferias de diseño vimos que se vendían bien. Tuvimos una gran aceptación y nos decidimos a darle para adelante. Primero yo trabajaba en relación de dependencia y la empresita era un complemento. Pero después, cuando me quedé sin laburo, empezamos a contactar a algunas farmacias y negocios relacionados con el tema. Y cuando llegó el verano decidimos alquilar un local en la costa para venderlas. Y encontramos un local en Mar de las Pampas que nos sirve aún hoy para vender y veranear al mismo tiempo. Lo hacemos de diciembre a marzo y los fines de semana largo. Belén y Agustina nos ayudan mucho. Como el local se abre poco a la mañana y después de las 7 de la tarde, podemos disfrutar la playa juntos. O sea que tanto en la parte de fabricación como en la venta, trabajamos como una empresa familiar. Mi mujer es la que mejor sabe coser, aunque las chicas también lo hacen. Yo me encargo de cortar la tela, de las compras y de las ventas. Los más chicos a veces ayudan cuando llenamos las bolsitas de semillas y porque se divierten con eso. Trabajar junto a mis hijos es algo nuevo y lo disfrutamos todos".

Juntos a la Facu

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Carlos Arias, quien ya pasó los 50, estudia Trabajo Social en la UBA con su hija Lucía Victoria.

"Soy profesor de Educación Física, Entrenador Nacional de Atletismo y profe en escuela de Periodismo Deportivo. Mi hija, que tiene 24 años, es publicista y el año pasado dio la vuelta al mundo. Estuvo girando durante un año por Oceanía, el Sudeste Asiático, Europa Central, Europa del Este, Estados Unidos, Centroamérica, Sudamérica... Cuando regresó a la Argentina decidió que quería estudiar otra carrera. Como le daba fiaca empezar sola, me invitó a acompañarla. Decidimos anotarnos en la Universidad de Buenos Aires y estamos haciendo juntos el CBC para Trabajo Social. La idea de estudiar esa carrera tiene que ver con una inquietud que nació de ella a partir de vivencias que tuvo en la India y en el Sudeste Asiático. En esta idea de ayudar a los demás, la movilizó seguir una carrera afín. Y en mi caso, que vengo de una fuerte formación biologista por mis carreras de profe y entrenador, me pareció una buena forma para armonizar mi crecimiento y de paso, a mis 52 años, acompañarla a ella. Vamos juntos y con muchísimas ganas".

¡¿Para qué te traje?!

El relator de fútbol Pablo Bari no usa el apellido, pero sí comparte la pasión de papá: Juan Manuel el Bambino Pons:

"Laburé con mi viejo varias veces. Uso un seudónimo porque me lo aconsejaron cuando empezaba en esto para evitar que se hablara de que estaba acomodado. Bari lo eligió Carlos Bilardo y es por la ciudad italiana. Ya estamos acostumbrados a trabajar juntos con mi viejo porque hace doce años que entré a la empresa Torneos, pero sigue siendo muy lindo compartir esos momentos juntos. No hay ningún tipo de resquemor ni de inconvenientes. La mejor experiencia fue cuando él relató un Manchester United-Chelsea en el que yo fui el comentarista de la transmisión en 2006. Fue un domingo por la mañana y resultó extraño. Salimos por primera vez juntos en cámara, algo que nunca había pasado. Me gustó. Lo hicimos con mucho profesionalismo, pero también fue con mucho sentimiento desde lo personal. Antes solo habíamos hecho juntos alguna conexión a través de Fox Sports. Ese día salimos juntos desde casa hacia el canal. Yo vivía con él. Íbamos en el auto charlando sobre la transmisión y luego nos dimos cuenta que habíamos estado todo el viaje hablando del partido. Después en el 2011 estuvimos juntos en Fox Sports-Radio Del Plata de Verano. Una vez hice un comentario de que un jugador no podía ir a un equipo por sus características y mi viejo me retó. 'Pablo, no digas más eso. Si sabés que cualquiera debe adaptarse a lo que el equipo le pide'. Fue una reprimenda al aire, que lo sentí más de un padre que reta a un hijo, que una reprimenda profesional, (se ríe...). Para mí mi papá es un loco sano que además es mi maestro en la profesión".


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