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Karina K: “Siento que Yiya es un musical popular”

Marcela Korzeniewski
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Por Marcela Korzeniewski


La actriz define el rol que encarna como un dinosaurio, dice que fue la “primera asesina serial mediática” y comenta que la clave del éxito de la puesta es el humor. Además, la grieta, la tolerancia y los prejuicios.

Karina K: “Siento que Yiya es un musical popular”
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Karina K es un emblema del teatro musical en nuestro país y un referente para todos los que se inician en este difícil rubro de la profesión artística. En sus treinta años de carrera, protagonizó "Cabaret", "Pepino el 88", "Souvenir", "Al final del arcoiris", entre otros trabajos teatrales, y fue co-protagonista destacada en "Víctor Victoria" y "Drácula". Sus inicios fueron como artista alternativa en el Parakultural en los años '80 y trabajó varios años en España viajando como artista del llamado "neo cabaret".

Este año su nombre está empezando a sonar cada vez más en el público en general gracias a su grandiosa interpretación de Yiya Murano en "Yiya, el musical" -Teatro El Nacional-, obra basada en la famosa "envenenadora de Monserrat" que mató a sus amigas con masitas rellenas de cianuro.

Esta comedia musical, que tiene toques de revista porteña, cuenta con libro de Osvaldo Bazán, dirección de Ricky Pashkus y música de Ale Sergi, y las actuaciones de Fabián Gianola -como el amante de Yiya-, Patricio Contreras -su esposo-, Tomás Fonzi -su hijo-, y Tiki Lovera, Virginia Kaufmann e Iride Mockert como sus tres amigas.

l ¿Este musical te acerca más al gran público?

-Parece que sí porque la repercusión es notable. Los musicales tienen un público acotado pero acá viene gente que tiene curiosidad por el personaje. Siento que es un musical popular. Están los fanáticos del teatro musical y también los que no lo son, está viniendo todo tipo de público. Creo que tiene que ver con el humor con el que está planteada la obra. Porque, ¿cómo cautivamos al público hoy en día? Estamos en una situación socioeconómica compleja y al público hay que cautivarlo con humor para llegar al teatro.

l El personaje de Yiya también es convocante, está en la mitología de las crónicas policiales...

-Sí, claro. Era un personaje que tenía cierta simpatía, una mujer muy enigmática y con una personalidad muy atractiva. Parece que tenía un imán, propio de los psicópatas, para enredar hasta sacar partido de sus propósitos. Según dice su hijo -Martín Murano- en su libro, su grado de codicia era desproporcionado. Era una mujer muy materialista, homofóbica, xenofóbica, antisemita. Yo digo que es un dinosaurio, por momentos es un Velocirraptor, por momentos es un Tiranosaurio Rex. Hay dos entrevistas antológicas que la pintan muy bien, una que le hizo Lía Salgado en el '94, cuando recién salió de la cárcel, y otra que le hizo Solita Silveyra en el geriátrico en 2008. En este último, ya es una Yiya más zarpada donde se autocalifica como una mina ligera que tenía amantes. Era como...

l ¿Como una botinera?

-Claro, pero de los financistas. Ella se codeaba con gente de mucha plata. Y todo nos lleva al mundo de la revista porteña, porque ella era muy fanática de Olmedo, de Porcel, de Marrone. El hijo contaba que la confundían muchas veces con Juanita Martínez, la esposa de Pepe Marrone, y entonces le pedían autógrafos y ella los firmaba como Juanita Martínez. Le gustaba lo mediático. Fue la primera asesina serial mediática de la Argentina.

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l Igualmente, en los años 70 muchos pensamientos de Yiya estaban muy instalados...

-Sí, el "negro de mierda", por ejemplo. Ahora se dice, pero antes era más naturalizado. Yo he conocido gente que decía: "Ay, callate judía", como si fuera un insulto. Espantoso. Era muy de la época eso, estaba en el aire. Somos una sociedad que está empezando a humanizarse, pero hay algo de la animalidad corriente de esa época. Por eso yo digo que empecé a descubrir en mi personaje a una dinosaurio.

l ¿Sabés si está viva?

-Hay todo un mito. Se dice que está viviendo en un geriátrico en La Boca y que tiene Alzheimer. Otros dicen que murió, pero yo creo que hubiera trascendido más si hubiese muerto.

l ¿Nunca buscaste la popularidad fuera del ámbito del musical o la televisión fue un medio difícil para acceder?

-El año pasado hice "Esperanza mía", pero yo esperaba más del personaje que, si bien tuvo su desarrollo, era muy coral, porque estaba en el grupo de las monjas. Si no tenés un personaje protagónico de reparto o un protagónico-protagónico, es difícil tener un alcance. Pero confío mucho en esta obra. Siento que con esta obra la gente me está conociendo un poco más. Haber estado en lo de Mirtha también, que es como el galardón... Todo va sumando.

l ¿Creés que hay un avance en nuestra sociedad en cuanto a la aceptación del otro?

-Creo que es la grieta del corazón, la intolerancia hacia la diferencia de pensamiento. Cuando te transformás en el enemigo es muy triste, es como el corazón de Yiya Murano. Una vez me dijo Ricky Pashkus respecto a Yiya para entender algo de la locura: Yiya es: me hacés feliz, está todo bien, no me hacés feliz, te mato. Y eso me parece que tiene que ver con "te retiro mi saludo o te saco de Facebook" por tu inclinación política, sexual, es la intolerancia en el corazón. Yo no estoy de acuerdo con la forma de pensar de la gente que es muy de derecha, conservadora, homofóbica, pero no por eso los voy a atacar. A veces te toca trabajar con gente subida al caballo y decís: "Bueno, pobrecita, ya se va a dar de bruces". La vida es otra cosa, no es un programa de TV ni un aplauso de pie. La vida es mucho más profunda. Ningún piso en Libertador te va a dar la felicidad de tener un tesoro en el corazón.

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