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Política
25 | 06 | 2016
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Y un día la grieta llegó al seno del kirchnerismo

José Di Mauro
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Por José Di Mauro


El viento sigue soplando en contra en el mundo respecto de Argentina: a la crisis brasileña se agregó el Brexit. La buena noticia para el gobierno es que en el plano interno el avance judicial viene diezmando la resistencia K.

Y un día la grieta llegó al seno del kirchnerismo
Foto: Hugo Villalobos
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El ex presidente Carlos Menem resumía a la gestión kirchnerista de manera simple e intencionada: "Es soja y suerte". Más atrás en el tiempo, el dirigente Dante Dovena -pingüino originario- solía decir que "la mujer ideal tiene los ojos de Elizabeth Taylor, las tetas de Sophia Loren y el culo de Néstor Kirchner". Con el tiempo, el chiste se fue aggiornando, cambiando los nombres de las mujeres según los gustos de cada época, pero el final siempre se mantuvo inalterable.

"No fue magia", fue la respuesta que sobre el final del tercer mandato encontró Cristina Fernández para responder a los que atribuyeron los éxitos de la gestión K a un período incomparable de bonanza internacional, también llamado 'viento de cola'. Pero aunque se enojen, los kirchneristas deben reconocer que suerte no les faltó en sus tres períodos de gobierno, más allá de que en lo personal la tragedia también los haya tocado, o que las pruebas acumuladas comiencen a estudiarse. Eso es otra cosa.

Pasada la mitad del primer año de mandato de Mauricio Macri, podría decirse sin temor a errar que la suerte no es lo que caracteriza a esta gestión. Más bien lo contrario, advertían desde el Ministerio de Agroindustria en abril, cuando las fuertes lluvias provocaron consecuencias graves en la producción agropecuaria, en plena época de cosecha.

Menos puede hablarse de viento de cola si se contempla la insólita crisis brasileña, que se llevó puesto al gobierno de Dilma y que nos costará al menos un punto y medio del PBI, tal es la dependencia que Argentina tiene de que nuestro socio gigante vuelva a crecer. Y por si algo faltaba, se dio el batacazo del resultado del referéndum británico que abrió grandes interrogantes, pero sobre todo alteró los mercados internacionales de los que tanto depende la Argentina, cuyo gobierno apostó buena parte del éxito de su gestión al plano externo. No anduvo con vueltas la canciller Susana Malcorra al admitir que "la salida del Reino Unido de la Unión Europea preocupa enormemente" al gobierno nacional.

No es para menos. Nada bueno puede esperarse para la Argentina de lo que acaba de decidir el pueblo británico. Veamos: sube el dólar y en consecuencia caen los precios de los productos agropecuarios que exportamos; el Estado nacional y los provinciales apuestan a colocar deuda y eso se ha complicado. Será más caro y habrá más restricciones. Las inversiones, clave del gobierno de Macri, demorarán aún más; habrá que armarse de paciencia, máxime teniendo en cuenta que históricamente las principales empresas interesadas en la Argentina han sido europeas, y ahora están llenas de dudas.

Otra gran apuesta del gobierno es el blanqueo, que será ley el próximo miércoles, y lo que pueda suceder genera demasiadas dudas que pueden demorar las acciones. "La incertidumbre siempre es mala para la economía", sintetizó el viernes un analista financiero. Como mínimo, el tan esperado segundo semestre hoy se ve desdibujado en el horizonte.

Macri alardea en privado diciendo que "el mundo no tiene buenas noticias', pero dice que él se ha transformado en 'el Presidente de 2016". Y es cierto, así lo ven y si lo dice es porque lo ha percibido en el trato con sus importantes pares. Trabó una muy buena relación con Barack Obama y se vio dos veces con David Cameron, en lo que parecía ser el inicio de una auspiciosa relación. Pero ahora el inglés se irá, expulsado por el Brexit, y el moreno transita su último semestre. Si la mala suerte persiste, ¿habrá que considerar en serio un triunfo de Trump?

Pero las malas para la administración macrista parecieran agotarse en el terreno económico, que no es poco. En lo político, son casi todas buenas noticias, partiendo del deterioro acelerado que está sufriendo el kirchnerismo. Que es tan serio que hace repensar la estrategia oficial que lo tenía como principal adversario, pero a este paso esa alternativa se diluye.

Nada más fácil para cuantificar el deterioro que las fugas que se dan en el seno del bloque más sólido que ofrecía el kirchnerismo en el Congreso. Allí el jueves se produjo otro desgajamiento fuerte, al irse los seis integrantes del Movimiento Evita. No por nada la decisión fue anunciada al cabo del extenso debate en el que se autorizó a la justicia allanar a Julio De Vido, que deparó una nueva y contundente derrota K. Históricos rivales internos de La Cámpora, los del Movimiento Evita mostraron siempre un alineamiento tal que los identificaba dentro del más puro cristinismo, pero mostraban disidencias respecto del resto en cuanto a la falta de una autocrítica tras la derrota electoral, que se profundizó a partir de los escándalos de corrupción, si bien acompañaron a Axel Kicillof en su presentación ante la Justicia, y también fueron parte de la movilización a Comodoro Py cuando fue Cristina.

"Pero no íbamos a ir a Tribunales una tercera vez", aclaró a este medio un diputado del Evita.

La defensa de Julio De Vido fue el factor desencadenante, y si bien no consideraron procedente el planteo del PRO, menos aceptan que un funcionario o ex funcionario no se ponga a disposición de la Justicia, confiaron los diputados de ese sector, que consideran 'insuficiente' la respuesta del Frente para la Victoria ante el caso López.

Ahora se da por sentado que a las fugas ya no se sumarán otras, sino que directamente sobrevendrá un cisma a partir del cual no se separarían personas de un bloque, sino de la sigla que los identifica. Es que el caso López pareciera haber operado como disparador de decisiones que muchos venían madurando y en esta aceleración de los tiempos cada vez son más los que quieren dar una vuelta de página.

La fecha clave es el próximo jueves, día en el que se realizará en la sede de Matheu 130 de esta capital una reunión del Consejo Nacional Justicialista. Ese día se separará del partido al detenido José López; y, más importante, emanaría desde la cúpula partidaria una indicación a los jefes de los bloques de ambas cámaras para eliminar la denominación Frente para la Victoria y adoptar simplemente la del PJ. De hecho, en Diputados este año el FpV pasó a llamarse FpV-PJ, mientras que en el Senado la denominación es la misma, pero al revés. Cuestiones de estilo, que sirven también para detallar en qué cámara tiene más preponderancia el kirchnerismo.

Lo cierto es que la recomendación que bajará desde la cima del partido es pasar a responder estrictamente al peronismo, y como tal adoptar esa denominación. De confirmarse esta medida, el bloque de diputados se dividiría en por lo menos dos partes. La mayor seguirá manteniendo la denominación FpV, que reunirá alrededor de 40 diputados: los 25 de La Cámpora y unos 15 más conocidos como 'los tíos' de los camporistas.

La idea de los que vayan a conformar la bancada PJ es formar un interbloque con el resto de las de orientación peronista, pero no se espera que eso suceda en lo inmediato.

En el Senado en tanto, el desgajamiento podría ser menos importante, como quedó demostrado en la última votación para los pliegos para la Corte Suprema, cuando el kirchnerismo puro y duro quedó limitado a 8 voluntades. Se verá.

Mientras tanto el kirchnerismo trata de delinear su estrategia, que hasta hace pocos días apuntaba a un relanzamiento el 9 de julio, fecha en la que La Jefa había sugerido realizar una gran demostración de fuerza: una suerte de contramarcha que contrastara con las discretas celebraciones del gobierno actual.

Pero el devenir judicial ha generado tal desgaste para esa fuerza que no hay espíritu para festejos. O dirigentes dispuestos a organizarlo.

La velocidad de los hechos está marcada por la celeridad inusitada de los jueces, que reactivaron causas frenadas por hasta ocho años. Precisamente ese dato es el que dispara en el gobierno una cautela no exenta de escepticismo. Quien mejor lo expresa es el propio ministro de Justicia, Germán Garavano, quien advirtió que lo importante son "los pases a juicio, no las detenciones o las indagatorias. Porque yo conozco cómo funciona la justicia penal y lo que son la espectacularidad de las acciones". Si eso después no termina con sanciones, el desencanto será peor.


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