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Historias de vida
27 | 06 | 2016
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Yanina, la maestra que para enseñar aprendió a escuchar

Sergio Tomaro
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Por Sergio Tomaro


Dominada por una férrea vocación docente, entiende que la educación requiere compromiso y renovación para llegar a los alumnos, en especial a aquellos que sufren las desigualdades sociales.

Yanina, la maestra que para enseñar aprendió a escuchar
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Yanina Carbajo apoya su enorme vocación docente en firmes convicciones que la convierten en una maestra diferente a partir de su compromiso con la  educación pública en la cual se formó y en la que empezó, de muy chica, a valorar los réditos del desafío de enseñar "distinto".

En eso mucho tuvo que ver la señorita Ana, su maestra de segundo grado en la Escuela Nº 14 de Villa Lugano, su barrio natal, que aunque nunca más la  volvió a ver fue quien la impulsó a encender el motor de la máquina de la inspiración que regulando,  primero, y a toda marcha después, la hizo avanzar hasta desplegar desde el frente al aula sueños y propuestas innovadoras.

"Me cautivaba escuchar a la señorita Ana porque era fuera de lo común ya que enseñaba a través del juego y eso me parecía maravilloso" puntualizó Yanina que hoy, a los 38 años, no se olvida la vez que su maestra preferida le dio el hámster de pelo largo y blanco que acostumbraba a entregar como  reconocimiento a los alumnos que se esforzaban en clase.

A propósito del esfuerzo, no le resultaron fáciles las cosas a Yanina para plasmar sus anhelos de maestra. Héctor, su papá, fue uno de los tantos miles de trabajadores que las privatizaciones salvajes de los noventa dejaron fuera de Metrogas, en su caso, y lo obligó con dignidad de trabajador a vender  artículos en los colectivos para aportar va la economía familiar.

"Fueron tiempos complicados en mi casa. Con mi hermana le escribíamos los textos para que papá tuviera letra en los colectivos y mientras tanto mi mama, María del Carmen, que era ama de casa, daba clases de yoga", recordó.

Mucho después los planes Trabajar lanzados por el kirchnerismo le dieron una mano a Héctor que, como un auténtico maestro les dio a sus cinco hijos otra clase de responsabilidad al desoír a quienes le sugerían que simplemente cobrara el plan sin trabajar esas horas. Hoy el papá de Yanina se está por jubilar como auxiliar de portería de la Escuela Nº 2 de Lugano, donde quedó efectivo.

Con el derrotero marcado por la señorita Ana y don Héctor, Yanina vio cumplido su sueño de ser lo que quería, convencida que una maestra "tiene que proponer cosas distintas y aportar donde más hace falta pero para eso hace falta escuchar como un herramienta fundamental para llegar al alumno".

Contexto, burocracia y sistema Hoy Yanina, que está concursando para ser secretaria, es maestra de Ciencias y Lengua de cuarto y quinto grado en la  Escuela Nº 19 Leandro N. Alem, en Flores, un ámbito  que le permite tener contacto con la diversidad planteada por alumnos de distintas comunidades y  decepcionar en el aula un sinfín de problemáticas sociales.

En ese espacio se mueve con soltura porque considera que 'el docente  tiene que abrirse más al mundo y al contexto y enseñar elementos que aporten en serio a los chicos sin que la burocracia o el sistema los canse o aburra'.

Esta bibliotecaria escolar que cuenta con posgrados en didáctica de la pobreza hace carne su propuesta en el aula cuando matiza sus clases contando historias o interpretando a algún personaje de esos relatos que atrapan la atención de sus alumnos, más aún de los que algún día digan orgullosos que quieren ser docentes como la señorita Yanina, la maestra que para enseñarles primero los escuchó.

La cumbia villera y las drogas como tema de la clase

Madre de Joselyn, de 8 años, Yanina es una defensora a ultranza de la escuela pública y se empeña para que la educación llegue a todos, incluso a los que atraviesan dificultades sociales y marginación. Ese encuadre la llevó a sumarse al programa "Aceleración", del Ministerio de Educación, enfocado a generar docentes con capacidad para asistir a alumnos repetidores donde la peor calificación no se la lleva su rendimiento escolar sino el hambre y la discriminación que padecen.

"En el marco del plan había preparado una clase para compartir con los chicos pero un alumno de sexto grado me propone escuchar una cumbia villera que hablaba de lo mal que hacen las drogas y de golpe tiró sobre la mesa que él estaba en medio de ese problema", rememoró la maestra.

"El chico hablaba con mucha sobriedad, franqueza y necesidad que lo escucharan, lo que nos llevó -apuntó- a abrir un debate sobre lo cerca que estaba la droga de todo ese grupo, lo que dio lugar a una experiencia inolvidable por lo que sirvió para bajar un concepto con mucha claridad". Ese tipo de situaciones fuertes y movilizantes son las que llevan a Yanina, vecina del barrio de Mataderos, a profundizar sus convicciones al punto que sueña con ser el día de mañana directora de una escuela carenciada. "Eso sí -explicó- me gustaría abrirla de cero y empezar con algo nuevo".

La "Seño", premiada en España

A Yanina la literatura la atrapa al punto que la incorpora en la estrategia didáctica que vuelca en sus cursos de cuarto y quinto grado en la Escuela Nº 19. Ese apego a las letras la llevó a incursionar por poemas y cuentos que se convierten, cuando los escribe, en su cable a tierra sostenido con palabras, contenido y sentimiento.

Esa producción literaria le ha dado satisfacciones porque no hace mucho fue premiada en España en un concurso al que envió sus poesías por correo, las que incluso fueron publicadas para el mercado español. "Mi mamá escribía poesías y estimo que debe ser de ese lado que heredé el amor a esa manera de expresarme", admitió Yanina que emplea la literatura como una manera de acercar a los alumnos a un espacio donde la imaginación cobre vuelo.

"Les leo mucho a los chicos, les pongo música y les pido que escuchen y cierren los ojos porque considero que ese tipo de experiencias les abre muchas puertas", aclaró.

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