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29 | 06 | 2016
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La verdadera historia de la Copa del Mundo de 1986 tiene su libro

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Editorial Planeta editó "1986 -La verdadera historia" un libro escrito por Gustavo Dejtiar y Oscar Barnade. La obra repasa toda la intimidad de ese equipo histórico, desde las críticas, las peleas y el intento de Alfonsín por sacar a Bilardo. El martes lo presentan. Imperdible.

La verdadera historia de la Copa del Mundo de 1986 tiene su libro
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Treinta años pasaron del último título mundial de la Selección Argentina. Aquella hazaña lograda por el equipo dirigido por Carlos Bilardo y comandado dentro de la cancha por Diego Maradona, tiene muchas historias, anécdotas y curiosidades que siempre valen la pena repasar. Editorial Planeta acaba de publicar el libro "1986 – La verdadera historia", escrito por los periodistas Gustavo Dejtiar y Oscar Barnade, y donde se cuenta toda la intimidad de aquella selección. La obra está basada en la serie documental "1986: La historia detrás de la Copa", del director Christian Rémoli, que fue estrenado en abril en el Bafici y se emitió durante mayo y junio en la TV Pública.

El libro apunta directamente a la intimidad del plantel que logró clasificar de manera angustiante al campeonato que después terminó ganando con autoridad. Además repasa las duras críticas que recibió en la previa el equipo de Bilardo y el enfrentamiento con el gobierno de Raúl Alfonsín quien había intentado en su momento sacar a Carlos Bilardo del banco de la Selección. "Yo creo que una de las mejores definiciones de lo que fue ese mundial, la da Jorge Valdano: se trata del milagro de transformación más grande, él dice de su carrera; yo digo de la historia del deporte argentino", comenta Gustavo Dejtiar, que también fue guionista de la serie documental, junto con Ariel Scher. Para Oscar Barnade, el otro de los autores, una de las claves está en lo que revela: "No todos saben cómo comenzó la historia, cómo fue que César Menotti dejó su cargo al frente del seleccionado y cómo y por sugerencia de quién se eligió a Bilardo para reemplazarlo. Nosotros contamos la historia desde 1982 que es donde todo comienza".

La Editorial Planeta hará la presentación el próximo martes 5 de julio en la Dain Usina Cultural a las 18.30 hs: la entrada será libre y gratuita. La presentación estará a cargo de Luis Rubio y acompañará a los autores, el periodista y escritor Ezequiel Fernández Moores. Además, para cerrar el evento con humor habrá un Stand Up fútbolero con Gerardo Freidels y Hugo Lamadrid.

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Capítulo 8. Personas comunes.


"El 12 de septiembre de 1984 Argentina finalizó su primera gira por Europa en la era Bilardo. El saldo de aquella excursión resultó altamente positivo: 2-0 a Suiza en Berna, 2-0 a Bélgica en Bruselas y 3-1 a Alemania en Düsseldorf. Veintiún meses antes de las instancias finales de México 86, el seleccionado había derrotado a dos de los otros tres semifinalistas. Primero a Bélgica y después a Alemania, como en el Mundial. El periodista Jorge Taboada aseguró en Tiempo Argentino que Franz Beckenbauer, que el día anterior había cumplido 39 años y debutaba al frente del equipo alemán, había sentenciado tras la victoria argentina en Düsseldorf: «Si Bilardo lo acopla a Maradona en este equipo, Argentina es finalista en México». Sin embargo, el 13 de septiembre, el diario Clarín reprodujo unas declaraciones del Kaiser en sentido contrario: «Maradona podría actuar como un cuerpo extraño en la Selección argentina. Estos hombres desarrollan un buen juego de conjunto y con Diego en el equipo todos tendrían que jugar para él». Traducciones del alemán al español al margen, la admiración de Beckenbauer hacia Maradona se fue acrecentando con los años. Ya veterano, antes de la tercera final mundialista entre Argentina y Alemania en Brasil 2014, el alemán declaró que la comparación entre Messi y Maradona era muy apropiada, pero que Diego «era entonces un jugador más excepcional» de lo que era Lio en ese momento.

El fantasma de Maradona —que en ese 1984 aún no había disputado ni un minuto en la era del Narigón y que no jugaba en la Selección desde julio de 1982— siempre merodeó en la cabeza de Beckenbauer. Diego no estuvo en Düsseldorf, pero tampoco sobrevivieron muchos nombres de aquella gesta, la mejor actuación de Argentina en el camino de preparación. De los once titulares, volverían a estar en el Estadio Azteca el 29 de junio Nery Pumpido, Ricardo Giusti, José Luis Brown y Jorge Burruchaga. Apenas cuatro de los iniciales. De los otros siete, Oscar Garré fue titular en el Mundial hasta que sumó su segunda amarilla en el cuarto partido, contra Uruguay, y salió del equipo para no volver. Ricardo Bochini jugó cinco minutos en la semifinal ante Bélgica, y Marcelo Trobbiani, dos en la final frente a Alemania. Mientras que Enzo Trossero, Miguel Ángel Russo, José Daniel Ponce y Ricardo Gareca no formaron parte de la lista de 22. Tampoco Julián Camino y Jorge Rinaldi, que ingresaron en el segundo tiempo. Oscar Ruggeri, indiscutido en México, había sido expulsado en el amistoso anterior ante Bélgica y estuvo en el banco en el partido en Düsseldorf, pero no formó parte de la planilla oficial. Del resto de los jugadores que participaron de esa gira, Luis Islas fue al Mundial mientras que Eduardo Saporiti, Alberto Márcico, Oscar Dertycia y Gerardo González, no.

Argentina ya sabía, antes de jugar con Bélgica el 25 de junio, que el último rival sería Alemania, que había derrotado el día anterior, en Guadalajara, 2-0 a Francia con goles de Andreas Brehme y Rudi Völler. Diego, lúcido en la cancha y afuera de ella en México, le decía a los periodistas tras sus dos goles en la semifinal: «Alemania siempre juega igual, y parece que Beckenbauer encontró los jugadores justos para que el equipo desarrolle lo que él pretende. Pero mirá que Argentina es Argentina y está segura de lo que quiere».

En el entretiempo de la final del Mundial de 1930 que Uruguay le ganó a Argentina 4 a 2, hubo aprietes en el vestuario a los jugadores por parte de los hinchas, los militares y los policías uruguayos. En el 78, fueron los militares argentinos los que empañaron la fiesta. Pero aquel 29 de junio de 1986 no había excusas. La Selección estaba en la final de la Copa del Mundo de México y enfrentaba a Alemania. La tensión antes del juego se sentía, pero a ese plantel le sobraba fe. Tanta fe había, tanta adrenalina, que después del partido con Bélgica, Pasculli y Maradona, que compartían la habitación, se quedaron charlando hasta las dos de la mañana sobre el rival que se venía: Alemania. «Estamos convencidos que a él (Maradona) lo van a marcar hombre a hombre. Entonces, hay que tomar precauciones para contrarrestar eso. Burruchaga, por ejemplo, es uno de los que puede tomar la posta», contaba Pasculli a los medios el jueves 26 de junio.

Franz Beckenbauer tampoco evitó hablar del partido y del capitán argentino. «En principio, el hombre ideal para asumir la responsabilidad sobre Maradona es Lothar Matthäus», dijo el técnico alemán ante la pregunta de la prensa argentina. Y el crack teutón agregó su cuotaparte: «A Maradona ya lo marqué durante un amistoso en Buenos Aires que terminó 1 a 1 y pienso que esa vez me fue bastante bien. Si me toca marcarlo de nuevo y llego a controlarlo bien, la chance de Alemania será mayor, ya que él es el estratega y definidor del equipo».

Maradona seguía siendo el centro del universo. Hasta el eterno João Havelange le rendía pleitesía, aunque a regañadientes: «Diego Maradona es un genio, pero no se lo puede considerar el sucesor del rey Pelé debido a que es imposible comparar distintas épocas. En el mundo moderno no se sucede a ninguna persona. Creo que cada uno tiene su momento. Indiscutiblemente, en su era Pelé fue un genio, y ahora estamos asistiendo a la llegada de un nuevo genio que es Maradona».

El partido empezó en los días previos. En las declaraciones. En las especulaciones. En las apuestas deportivas. De un lado y del otro. «Yo creo que solo en base a esfuerzo físico Alemania no nos gana, para vencernos hay que hacer un esfuerzo físico y además intelectual, es decir, hace falta pensar y jugar bien al fútbol», explicaba Valdano. El Checho Batista decía que había visto jugar a los alemanes: «Me dejaron la impresión de conocer muy bien el manejo de la defensa y el contraataque, pero confío que Argentina le puede ganar». El Vasco Olarticoechea no solo hacía chistes en privado cuando se encendía la cámara, también cuando el seleccionado atendía a la prensa. «Ah, no... mirá que ahora cobro por las notas», le decía a Miguel Ángel Bertolotto, enviado especial de Clarín. Y enseguida un mexicano lo confundió con Giusti. «¿Viste qué conocido soy? Hay algunos que incluso me confunden con Maradona. Debe ser por lo petiso, claro».

Antes de la final, el técnico alemán se confesó ante la prensa mundial. Como Bilardo, él también sufrió fuertes críticas de un sector del periodismo: «Tengo ganas de dejar el fútbol. A veces se hace imposible vivir en paz. Hace dos años que me hice cargo de la Selección de mi país y fueron más problemas que satisfacciones ». Idéntico que el entrenador argentino, el Kaiser también le apuntó a la prensa: «Las críticas que recibí del periodismo... Imagínese que aquí en México mismo, hubo un momento en el que eran 130 contra mí». A Bilardo y a Beckenbauer los separaba una final del mundo, pero los unía un mismo enemigo. Ninguno se iría; cuatro años más tarde, en Italia 90, otra vez estarían frente a frente en el partido por el título.

Puertas adentro, a Julio Olarticoechea lo espera la otra mitad del equipo. La mitad que aún no se había confesado ante la El Vasco le pregunta al dueño de la cámara, Néstor Clausen, si está cagado «para la final del mundo, del mundo», repite con un eco que trasluce nerviosismo. «No», le responde el Negro, que sabe que no estará en el césped del Azteca porque desde el debut ante Corea del Sur ya no volvió a ser titular. Y agrega: «Cagados tienen que estar los once que van a salir a jugar». Oscar Ruggeri era uno de esos once que se preparaban para el último desafío. «Cagado no, sino...», y el Cabezón, siempre verborrágico, no encuentra palabras para describir sus sensaciones. El Vasco lo ayuda: «Un poco tensionado, lógico», y Ruggeri completa: «Por la responsabilidad». «No, cagado no, para nada voy a estar cagado», afirma con voz de atorrante de barrio el Negro Enrique. «No está cagado», afirma el Vasco. Y el entonces volante de River agrega con firmeza: «Por qué voy a estar si con los jugadores que hay, uno tiene que entrar confiado a la cancha». Y el Vasco, ya convertido en gran figura de la conducción televisiva, le pone un cierre: «eso se llama fe»."


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