sábado 10.12.2016 - Actualizado hace
Fútbol
04 | 07 | 2016
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La trama oculta de la Superliga que cambiará el fútbol argentino

Luciano Bottesi
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Por Luciano Bottesi


Boca y River, sus promotores, llevaron a la AFA a la intervención y la dejaron al borde de la sanción deportiva. La entidad está acéfala, con veedores de la Justicia, la IGJ y la FIFA. Y el Gobierno quiere estar en la Normalizadora

La trama oculta de la Superliga que cambiará el fútbol argentino
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Cuando aún no se cumplieron dos años de la muerte de Julio Grondona y las réplicas del escándalo de FIFA aún mueven el sismógrafo del fútbol, la Argentina se encamina a un cambio de paradigma en su deporte de cabecera. La reforma del estatuto prevista para el 11 de julio -tras el paso a cuarto intermedio de la asamblea extraordinaria del martes pasado-, prevé la creación de la denominada Superliga, de la que tanto se habla y poco se sabe.

Si se aprueba, nada cambiará en lo inmediato
. El torneo que se jugará será el mismo definido por la AFA en tiempos en que nadie quería cambiar nada más que al presidente. Serán los 30 equipos, los cuatro descensos y los dos ascensos. La B Nacional seguirá con un presupuesto ínfimo aunque algo mejor que el actual de un millón alcanzado con la solidaridad de Primera, donde las tres escalas de reparto de dinero no se modificarán. Los cambios llegarán a partir de la siguiente temporada: la torta se cortará distinto y nadie garantiza que se respeten los descensos progresivos.

Además entre los dirigentes y el gobierno se habla de incluir en el estatuto que tendrá la Superliga la figura de las Sociedad Anónima Deportivas para aquellos clubes que deseen acogerse a esa figura. Hoy del tema públicamente nadie quiere hablar, pero todos los dirigentes intuyen que es una decisión tomada para la nueva estructura que tendrá el fútbol argentino.

El escenario conocido puede sintetizarse: Boca y River se hartaron de no poder ostentar su status de grandes históricos y pretenden un reparto desigual del dinero comunitario, el que otorga la televisación de los partidos con el pago de los correspondientes derechos. En la Argentina, en cambio de la mayoría de las ligas competitivas del mundo, la diferencia entre lo que perciben grandes y chicos es ínfima.

Actualmente, existen tres escalas: en la punta de la pirámide Boca y River, más abajo Independiente, San Lorenzo, Vélez y Racing y en su base los 24 equipos que completan la Primera. De una punta a la otra, una cifra no dobla a la otra. En España -donde la 'Superliga' se llama 'La Liga' y cuyo gerente, Javier Tebas, estuvo en Ezeiza iluminando a apenas una cuarta parte de las categorías del fútbol argentino-, se necesitan ocho veces el peor presupuesto de Primera, para alcanzar al de Barcelona o Real Madrid.

El interés de Boca y River, encontró a Racing como tercero en defender su implementación exprés y hasta 'por fuera' de la AFA si fuera necesario y a San Lorenzo como aliado mesurado, al menos públicamente. El único grande 'desinteresado' fue Independiente, aliado a los intereses históricos de los principios fundamentales tallados por el propio Grondona, con el Ascenso en bloque alineado a su resistencia.

Los chicos -esa clase media del fútbol, que como la de la sociedad se mira en el espejo de los acomodados y no de la trabajadora-, como Lanús, Banfield, Temperley y Huracán, entre otros, se alinearon quienes pretenden cobrar más que ellos y generar una brecha imposible de equiparar.

Claro que la hora de la verdad está estipulada: si el lunes que viene a las 16, 60 de los 75 asambleístas no votan a favor de la creación de la Superliga, no habrá cambio posible. A diferencia de la asamblea que pasó a cuarto intermedio, esta vez algunas voluntades cambiaron de postura. Pero las cuentas, hoy, no dan el número deseado.

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