domingo 4.12.2016 - Actualizado hace
Fútbol
06 | 07 | 2016
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El Vía Crucis de Martino hasta llegar a la renuncia

Luciano Bottesi
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Por Luciano Bottesi


El Tata no soportó más y ya no está en la Selección. Se bancó una deuda monumental, dos subcampeonatos, pero no aguantó la falta de compromiso de los clubes para armar el equipo olímpico.

El Vía Crucis de Martino hasta llegar a la renuncia
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No una, sino varias gotas dejaron de contener el líquido vital para Gerardo Martino. El Tata dejó de ser el técnico de la selección por goteo. Le debían todos los sueldos de 2016 y algún pucho del año pasado, pero seguía al frente. Perdió una final, la primera ante Chile en la Copa América de ese país, y siguió adelante.

Cayó en la siguiente, ante el mismo rival y también por penales, y le puso el pecho a lo que se venía: los Juegos Olímpicos, aunque no iba a contar con el ancho de espada, Lionel Messi. Pero ni los clubes que constituyen la misma asociación que le debe dinero cooperó con su patriada y le negaron a varios de los futbolistas convocados. Hasta salió a apurarlo el titular del Comité Olímpico Argentino, Gerardo Werthein, pidiendole que "se ponga las pilas" y puso en duda la participación argentina. Adiós Selección.

Y tuvo que comunicar su decisión y lo hizo ante el dirigente que más a mano tuvo, quien antes de que la FIFA disolviera el comité ejecutivo oficiaba de vicepresidente segundo, Claudio Tapia. Chiqui fue el dirigente que acompañó al seleccionado en el último semestre y el único que en el medio del asado del lunes en Ezeiza, donde los 30 clubes de Primera despejaron sus dudas y se abrazaron a la Super Liga, exhortó a darle una mano al Tata. Pidió que no le negaran jugadores, excepto casos puntuales. Fue un pedido al aire, que no hizo mella y se esfumó entre achuras, buena carne y mejor malbec.


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¿A quien sorprendió la salida de Martino? A nadie, cualquiera lo veía venir. Lo llamativo es que ninguno se haya solidarizado con quien comandaba el único estandarte que le quedaba a una asociación derruida, acéfala, con una intervención de FIFA y una diversidad de veedores con los que se podría armar un equipo de futsal.

La renuncia formal llegará por mesa de entrada y seguirá su curso administrativo para liquidarle, junto a la deuda contraída, otros detalles burocráticos. Pero lo ridículo del asunto -no por el Tata-, es el contexto: Martino es un violinista del Titanic con la renuncia en la mano, sin un director de orquesta y ni capitán del navío a la vista.

Aunque en un bote salvavidas, el Tata logró al menos claridad en su salida. No hubo eufemismos esta vez para enmascarar una salida deshonrosa y el comunicado oficial fue claro (ver aparte). La renuncia de ayer llegó cuando parecía que nada peor podía pasarle a los restos de la AFA. Acaso, fue el último argumento que tienen a mano los mentores de la Super Liga para, sobre las ruinas de Viamonte, señalar con el dedo a quien no quiera un cambio.

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