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Fútbol
06 | 07 | 2016
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Todos papelones: los antecedentes de Olarticoechea como técnico

Nicolás Rotnitzky
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Por Nicolás Rotnitzky


Dirigió solamente un club en el fútbol argentino. Y le fue mal. Dirigió a la Selección femenina. Y le fue mal. Los antecedentes del hombre que se encargará del equipo que viajará a los Juegos Olímpicos.

Todos papelones: los antecedentes de Olarticoechea como técnico
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El título no busca generar clicks ni visitas estratosféricas. El título de la nota ilustra una realidad: todas las experiencias como técnico del Vasco Olarticoechea, el entrenador que se ocupará del seleccionado en los Juegos Olímpicos, fueron papelones. Y papelón es una expresión que, incluso en su literalidad, se queda corta.

Empecemos por el principio. El único equipo que dirigió Julio Olarticoechea fue Talleres de Remedios de Escalada. Nunca más trabajó en otro club. En Talleres de Escalada estuvo en la temporada 2000/2001. El Tallarín, en ese torneo de la B Metropolitana, terminó 12°. El Vasco ganó 12 partidos, empató 15 y cayó en 11. Ni siquiera ingresó en el reducido para ascender a la B Nacional. "Era un antifútbol", lo recuerdan los hinchas. Después, se dedicó a trabajar como ayudante de campo en distintos equipos: entre ellos, Unión de Santa Fe y Mandiyú de Corrientes.

Con un currículum desnutrido, ¿cómo llegó a ser el técnico de Argentina en los Juegos Olímpicos?

El Vasco integró el paquete de "campeones del '86" que desembarcaron todos juntos, como un contingente de turistas chinos, en AFA. Carlos Bilardo es el gran responsable de aquel especie de homenaje carísimo. El Doctor asumió la dirección general de Selecciones Nacionales en octubre del 2008. Hizo algo similar a lo que ocurre cuando un partido político gana las elecciones presidenciales: ocupó los cargos en AFA con allegados suyos. Muchos integrantes del plantel de México '86 consiguieron puestos: Diego Maradona, acompañado por Héctor Enrique, agarró la Selección mayor, Sergio Batista quedó al mando del sub-20 y José Luis Brown se ocupó del sub-17. Olarticoechea, en ese entonces, trabajaba como ayudante de campo de Oscar Garré junto a los menores de 15 años. Tardaron poco en pasar vergüenza. Viajaron a Bolivia, en noviembre del 2009, a disputar el Sudamericano de la categoría. Retornaron en primera rueda: con Lucas Ocampos y Federico Andrada como principales figuras, no pasaron la primera fase.

Con los héroes de México empezó la caída abrupta de las juveniles.


      Olarticoechea

A Olarticoechea, sin embargo, no lo sacaron. El Vasco se ató al predio de Ezeiza. Giró entre las distintas categorías juveniles. Walter Perazzo comandó la sub-20 desde enero del 2011. Olarticoechea lo acompañó. Ahí, tal vez, tuvo su mayor éxito: como coequiper de quien luego entrenó a Olimpo, alcanzó los cuartos de final del Mundial de Colombia. Recién en 2012 se lanzó como solista. Agarró la sub-18. No pasó nada, no disputó ninguna competencia: contratado por AFA, no se movió, no se expuso. Ni siquiera la salida de Bilardo en 2014 le sacudieron los cimientos. Ese año le pasó algo increíble. Se encargó de dirigir a la selección femenina. Dirigió a las chicas en el Panamericano de Toronto 2015. Fracasó, otra vez: se marchó en la fase de grupos.

Siguió, con fuerza, en AFA. Renovó contrato hasta marzo del 2017. Compitió con el seleccionado sub 23 de la Primera B Metropolitana en un campeonato en India. Perdió los tres partidos: uno de ellos terminó a las piñas.

Por el descontrol de AFA, por ser el único entrenador contratado por la institución, por ocuparse de dirigir a un seleccionado fantasma sub-20, por esperar una oportunidad que jamás creyó que le iba a llegar, Olarticoechea viajará con el seleccionado a los Juegos Olímpicos de Río de Janeiro. Sin experiencia, sin recursos, sin más méritos futbolísticos que haber formado parte de un equipo campeón del mundo, sin antecedentes de éxito, sin que se conozca su estilo de juego —sus preferencias tácticas o estratégicas—, sin haber trabajado con el plantel: sin nada más que buenas intenciones, Olarticoechea pondrá la cara en un escenario que parece destinado a un nuevo fracaso. La diferencia es que, esta vez, el país lo estará mirando.

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