lunes 5.12.2016 - Actualizado hace
Fútbol
08 | 07 | 2016
Imprimir
Agrandar
Reducir

¿Imitar al que gana?

Eduardo Verona
0
Comentarios
Por Eduardo Verona


En la larga lista de lugares comunes que frecuenta el fútbol argentino, hay uno muy reconocido: reivindicar siempre al que gana. Y ponerlo en las alturas. En cada competencia que la Selección no se consagra (Copa América y Mundial), quedan en primer plano las voces que derrumban lo propio y sostienen que hay que imitar los proyectos ajenos.

¿Imitar al que gana?
Foto:

Apenas definida la derrota por penales de Argentina ante Chile en Estados Unidos por la Copa América Centenario, comenzó casi en simultáneo la reivindicación de lo que viene logrando Chile en los últimos años con una generación de jugadores que también expresan su crecimiento colectivo.

Se elogia de Chile su presión, como elabora juego, como hace circular la pelota, como toca, como defiende, como achica, como llega. En fin, poco menos que se le atribuyen a Chile respuestas brillantes que la realidad indica que no son tales. Es una buena selección y no una gran selección. Pero ganó Chile y entonces hay que imitarlo a Chile. Todo, por supuesto, en nombre de la victoria.  
 
El tema no es nuevo. En cada instancia en que Argentina compite en la Copa América y en el Mundial y no se abraza a una coronación, arrancan los análisis oportunistas en cadena nacional. Por ejemplo, cuando en el 2011 la Selección cae en cuartos de final ante Uruguay en la definición por penales arrastrando a Sergio Batista a su destitución y finalmente Uruguay dirigido por Oscar Tabárez levanta la Copa en el estadio Monumental, de inmediato surgió un reconocimiento atronador para la logística charrúa.

Se habló de las estructuras ideales en que se desempeñaba la selección uruguaya, del trabajo excepcional del Maestro Tabárez, de las formas y contenidos inteligentes que acompañaron la consagración y de una serie de virtudes extraordinarias que ponían a Uruguay en la cumbre del fútbol mundial. Ganó Uruguay y había que imitarlo a Uruguay. Todo, por supuesto, en nombre de la victoria.

Cuando un año antes, España conquistó su primer Mundial de la historia en Sudáfrica 2010 con aquel golazo de Andrés Iniesta a Holanda sobre el cierre del partido, mientras Argentina había perdido 4-0 frente a Alemania en cuartos de final, el ambiente del fútbol argentino le redescubrió a España poco menos que las bondades y los privilegios del fútbol total. Ganó España y había que imitarla a España. Todo, por supuesto, en nombre de la victoria.

En 2014, Alemania en la agonía de la final ante Argentina en el Maracaná con aquel gol de Mario Götze obtuvo el Mundial. No había sido en los 120 minutos superior a Argentina. Es más: Argentina dilapidó varias situaciones de gol muy claras que hasta hoy son muy recordadas. Pero Alemania se consagró en Brasil. Y la carrera para encontrarle las calificaciones más floridas y generosas comenzaron a multiplicarse como si Alemania hubiera sido una máquina irresistible. Había vencido Alemania y había que imitarla a Alemania. Todo, por supuesto, en nombre de la victoria.

Todos los casos relatados, denuncian lo que ya mencionamos anteriormente: un oportunismo salvaje del show mediático que siempre se precipita a favor del que gana subiéndole el precio y el puntaje. Sea quien sea. Y juegue como juegue. No importan demasiado los valores, que por supuesto los tienen. No importa si lo mereció o no. Importa, sobre todo, que ganó.

No pretendemos subestimar o relativizar las conquistas y los aportes de España en 2010, Uruguay en 2011, Alemania en 2014 y Chile en 2015 y 2016. Pero no parece la mejor receta repetir consignas facilistas y exitistas. Y sublimar siempre al que se quedó con todo.

¿O no tenía la sartén por el mango Uruguay hace 5 años? ¿Y qué pasó después? ¿Se olvidaron de las ideas que lo iluminaban? ¿O no tenía la sartén por el mango España hace 4 años después de ganar la Eurocopa en 2008, el Mundial en 2010 y la Eurocopa en 2012? ¿Y qué ocurrió después? ¿Rompieron los grandes proyectos que tenían? ¿O no será que a varios jugadores se les acabó la nafta y no encontraron reemplazos a la altura de esas exigencias?

Es fácil sostener que siempre hay que imitar al que gana. Y hay que rendirse frente al que gana. Pero es un mensaje despojado de identidad. Y es un barrilete que va para donde sopla el viento. Quizás entretiene. Pero aporta más confusión a la gran confusión que ya existe.
      Embed


Comentarios Facebook