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10 | 07 | 2016
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La adolescencia o el estrés de crecer

Karina Muzzupappa
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Por Karina Muzzupappa


Etapa de preguntas, de nuevas experiencias y de descubrimientos, genera una revolución interna que va desde los cambios físicos a la personalidad. De ahí, de esa transformación, surgen las alteraciones hormonales como respuesta al “estrés durante el comienzo de la madurez”. Acompañarlos durante este período de vulnerabilidad es un comienzo a ver todo mejor.

La adolescencia o el estrés de crecer
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Sin dudas, la adolescencia es una etapa muy especial. La adolescencia es la etapa de formar grupos, es la etapa de los descubrimientos, de las nuevas experiencias, de la eclosión hormonal, y de la metamorfosis de los cambios físicos, de la personalidad, y de las alteraciones hormonales como respuesta al "estrés de crecer".

El estrés se define como una respuesta hormonal: segregación de cortisol y adrenalina frente a una amenaza real o imaginaria. Es así que estas hormonas, a través del sistema autónomo, movilizan la energía necesaria para la adaptación a la situación vivida.

Las situaciones nuevas, impredecibles, incontrolables o que afectan el ego son las que contribuyen a la respuesta fisiológica de estrés y en algunos casos pueden estar relacionados con las adicciones. Si bien el estrés no es la única causa para el comportamiento adictivo, ya que los aspectos propios de personalidad, el entorno emocional y otros también pueden ocasionarlo, lo cierto es que el estrés en los jóvenes contribuye a la fragilidad con la que se puedan o no enfrentar los dilemas de esta etapa de la vida de cambio y crecimiento.

Según la Dra. Laura Maffei, Directora de Maffei Centro Médico, (MN 62441) "el dramático aumento de las hormonas sexuales podría relacionarse con la actividad hormonal frente al estrés, además de vincularse con los cambios corporales que se hacen presentes, tales como el crecimiento de las mamas y la menstruación en las niñas, y la barba y los cambios en la voz de los varones.


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Además, el cerebro adolescente es especialmente sensible a la acción de un aumento del cortisol y en particular en el lóbulo prefrontal, hipocampo y amígdala, áreas fuertemente implicadas en la memoria y las emociones".

Hay evidencias de alteraciones del volumen de la materia gris y de la integridad neuronal en el lóbulo frontal en niños expuestos a situaciones estresantes en la primera infancia. Varias dificultades psicológicas, tales como la ansiedad y depresión también aumentan su prevalencia durante la adolescencia.

Los seres humanos sentimos placer por comer ya que el alimento es vital para la sobrevida de la especie. Es así que satisfacer las necesidades vitales se relaciona con una motivación positiva para hacerlo. Sin embargo, cuando ese circuito se adopta para algún comportamiento que perjudica al individuo y que no puede refrenar aún frente a los efectos negativos de dicha conducta, estamos frente a una situación de dependencia. En algunos casos, la droga se convierte en un distractor que le permite aliviar los malestares provocados por tantos cambios, también como forma de escape de situaciones estresantes ambientales o síntomas de malestar interno.

Si bien la drogadicción es un fenómeno complejo que involucra los aspectos hormonales descriptos, también conlleva otros aspectos sociales, culturales y de personalidad. Quien vende droga se aprovecha de una etapa de vulnerabilidad de los jóvenes y buscan facilitarse el proceso incluyendo las poblaciones menos favorecidas económicamente (y también más expuestas al estrés). Los niños hasta los 12 años y los adultos son más sensibles al estrés según el nivel socioeconómico y los adolescentes que por su etapa de ciclo vital son un mercado potencial más permeable.

No quedan dudas de que la adolescencia es un momento de gran vulnerabilidad; a veces nos enojamos frente a las respuestas intempestivas que nos dan, no siempre adecuadas y que ciertamente también necesitan límites.

Es preciso comprender que los enojos, el aislamiento, nuestra pérdida de influencia, la preferencia de los amigos, forman parte de esta etapa de sensibilidad, con un mundo de emociones nuevas y de difícil manejo. Un mejor acercamiento para fortalecer a nuestros hijos implica reflexionar sobre el estrés que padecemos como adultos y que también podemos irradiar a nuestros hijos, ya que una persona estresada no favorece la empatía con el otro, sino que generalmente repele la interacción.

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