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Boxeo
11 | 07 | 2016
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El león no era tan fiero

Gustavo Nigrelli
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Por Gustavo Nigrelli


Terminó el preolímpico de boxeo en Vargas, Venezuela, que admitió por primera vez a púgiles profesionales en ese contexto, y la mayoría de éstos fueron vencidos por los amateurs, desmintiendo temores que presagiaban una matanza. Leandro Blanc entró en 49 kg y será el 6º argentino en representar al país en los JJOO.

El león no era tan fiero
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Sin darnos cuenta, pasó el preolímpico de Vargas, Venezuela, que quedará en la historia como el 1º torneo en que se enfrentaron púgiles amateurs contra profesionales dentro del orbe olímpico,  que a su vez fue el último clasificatorio a los Juegos de Río '16.

No se reportó ninguna muerte, ni accidente de ring que ocasionara tragedia, donde un profesional haya mandado al hospital a un aficionado. Más bien fue al revés.

Sería tedioso confeccionar una estadística al respecto, pero baste con decir que al 2º día de competencia, ya habían sucumbido 17 profesionales a manos de olímpicos, y muy pocos casos a la inversa.

Es más; el propio Leandro Blanc, entrerriano de 49 kg, considerado amateur por el sistema profesional  tradicional -aunque para la AIBA es un PRO-, a la postre nuestro único púgil que aprovechó la instancia para entrar a Río, sumándose a Fernando Martínez (52), Alberto Melián (56), Ignacio Perrín (60), Alberto Palmetta (69) y Yamil Peralta (91), en su primera pelea venció a Carlos Suárez, un trinitense profesional de 4 peleas (2-1-1, 2 KO), radicado en USA. Y lo hizo con amplitud: 30-25 y 30-26 en dos tarjetas.

Luego Blanc cayó contra el ecuatoriano Carlos Quipo, que es amateur. Y por el 3º puesto se impuso al surcoreano Jonghung Shin, un profesional de 2 peleas (0-1-1), ante quien sacó pasaje a Río.

Curioso, perdió con el amateur y venció a dos rentados. Buenos, o malos, pero fueron los que se anotaron y que supuestamente tenían ventaja, porque antes les estaba impedido pelear.

Nuestro otro participante, el también entrerriano Carlos Aquino (64 kg), que todos sabemos es profesional (14-1-0, 11 KO), perdió la única pelea que disputó frente a un qatarí amateur (Thulasi Tharumalingham) que había realizado ya un combate previo ante el profesional italiano Massimiliano Ballisai (20-3-0, 12 KO), y lo había vencido por puntos, al igual que hizo con Aquino.

Luego el qatarí cayó en la final por KOT 3 vs un amateur, el armenio Hovhannes Bachkov. Sí, ante el amateur como él no salió al 3º, pero a los rentados los dejó en el camino.

Aquino se quejó de que lo robaron, porque estaba todo preparado para favorecer al qatarí, dado el poderío económico de aquel país, que no poseía clasificados aún. Pero sin embargo, el único que quedó by en 1º rueda fue él (Aquino), quien ni siquiera aprovechó la chance por el 3º puesto, ya que se fue de peso y ni a la balanza se subió.

Se jugó todo a su primera pelea, y cuando perdió se le vino la noche. Pero no fue capaz de hacer valer su pegada ante alguien más cansado y noquear, o vencer antes del límite para evitar así lo que él supuso un robo. Si lo pudo hacer el armenio Bachkov en la final, por qué no él.

La cuestión es que nuestros mismos púgiles perdieron todas las peleas ante los amateurs y ganaron todas ante los profesionales. Llamativo.

Por supuesto, no viajaron los de más renombre. No viajó un Klitschko, un Pacquiao, un Golovkin, un Canelo Álvarez.

En primer lugar, por el escaso tiempo que hubo entre que se aprobó oficialmente esta fusión y que se puso en marcha el torneo de Vargas.

Y en segundo, por la parte económica, algo que tienen que arreglar los púgiles con sus respectivas Federaciones, amén de la amenaza del CMB de desclasificar y suspender por 2 años a todo aquel boxeador que participe del proyecto AIBA.

Sin embargo hubo dos profesionales que fueron los más rutilantes de esa esfera del pugilismo en intervenir: uno fue el camerunés Hasan N'Dam Jikam, de 33-2-0, 19 KO, ex campeón mundial interino mediano AMB y OMB, quien pese a sus 72,600 de competencia habitual, se anotó en 81 kg. El otro fue el tailandés Amnat Ruenroeng (17-1-0, 5 KO), campeón mundial mosca FIB hasta recién (lo perdió el 25 de mayo), quien participó en 60 kg. Ambos se clasificaron a Río, pero sin embargo perdieron las finales. ¿Frente a quiénes? Frente a  sendos amateurs.

Hassan -que en 1ª ronda había vencido ajustadamente (29-28) a otro amateur-, cayó ampliamente (30-27) ante el colombiano Juan Carrillo Palacio en la final, quien dicho sea de paso, en este torneo derrotó a 3 profesionales. Y Ruenroeng por KOT 2 ante el mexicano Lindolfo Delgado Garza.

Como leyó: perdió por KOT 2 ante un amateur.

Al que el camerunés venció con holgura en 2º vuelta (30-27) fue al ucraniano Denys Solonenko, que es profesional. De apenas 1 pelea, pero profesional.

Puede ser que algún neófito, en su afán de justificar posturas, argumente que ambos dieron ventaja de peso. Pero el conocedor sabe lo que suben los púgiles el mismo día de la balanza, y mucho más el siguiente, por lo que de competir en sus pesos originales los dejaría afuera en el pesaje de un torneo de este tipo, donde a veces hay que combatir cada 24 horas. Sin ir más lejos, fue el problema de Aquino.

Lo cierto es que las voces que se alzaron en contra de la fusión de estos dos grandes campos, en nombre de la salud de los atletas, y con el fin de evitar una supuesta masacre –a favor de los profesionales, claro-, tienen un argumento menos. La coherencia indica que ahora deberían dejar de oponerse, porque de lo contrario tendrían que blanquear el motivo verdadero de su rechazo.

Cabe destacar que cuando se propuso esta inclusión de profesionales al olimpismo, los primeros en levantar la mano para aceptarla fueron los cubanos, cuyos boxeadores son y serán 100 % amateurs, y se supone que serían los teóricamente más perjudicados.

Pero el presidente de la Federación Cubana alzó la mano y dijo: "queremos que los profesionales compitan en los JJOO para poder vencerlos y demostrarles que somos superiores".

Cuando se habla de boxeadores profesionales, no se hace referencia únicamente a los de la Gran Elite, que en un principio no serán los animadores de los JJOO. Se habla de éstos, de los más anónimos, que sin embargo antes no podían participar.

Los de renombre lo harán recién en un futuro, más cercano o más lejano, cuando se haga costumbre y casi todos sean profesionales como ellos. Cuando los sponsors se acerquen y los convoquen con tentadoras sumas de dinero. Y cuando se compruebe que nadie matará a nadie, o  por el contrario, haya que reivindicar algún prestigio perdido, o ego pisoteado.

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