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Fútbol
18 | 07 | 2016
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Para realizarse, ¿hay que ir a Europa?

Eduardo Verona
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Por Eduardo Verona


El fútbol europeo es el sueño de los jugadores y técnicos argentinos. ¿Pero qué tipo de sueño los convoca? ¿El económico, el intelectual? Los grandes protagonistas de la historia del fútbol nacional se construyeron acá. No allá. Messi parecería ser una excepción, pero no lo es. Su fútbol es una marca registrada que trasciende a Europa.

Para realizarse, ¿hay que ir a Europa?
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¿Es necesario jugar en Europa para ser un gran jugador? No. ¿Es necesario dirigir en Europa para ser un gran técnico? No. Diego Maradona ya era un extraordinario  jugador antes de partir a Europa para sumarse al Barcelona con 21 años. Ricardo Bochini, Beto Alonso, Mario Kempes, Fernando Redondo, René Houseman y Miguel Brindisi  ya la rompían a los 20 años en Independiente, River, Rosario Central, Argentinos Juniors y Huracán. El Loco Gatti nunca actuó en Europa. El Pato Fillol recién lo hizo después de jugar en la Argentina hasta los 33 años. El Maestro Amadeo Carrizo tampoco jugó en Europa. Los ejemplos en esta dirección son innumerables.  

En el rubro de los entrenadores, el Flaco Menotti hizo su primera escala como técnico en el Viejo Continente luego de dirigir en los mundiales de 1978 y 1982, cuando en el arranque de 1983 asumió como entrenador de Barcelona. Carlos Bilardo recién en 1992 realizó su experiencia europea conduciendo a aquel Sevilla que había incorporado a Maradona, después de su etapa en el Napoli. Marcelo Bielsa no precisó ser reconocido en Europa para graduarse como un técnico de elite. Ya lo era mientras dirigía en la Argentina a Newell´s, Vélez y después la Selección. Los ejemplos en esta dirección también son innumerables.

Es cierto, Alfredo Di Stéfano y Enrique Omar Sívori (al que Menotti, más en privado que en público, suele ubicar en un podio como uno de los jugadores más brillantes que dio el fútbol mundial) se consagraron mundialmente actuando en Europa. Pero ya habían sido figuras en la Argentina en un fútbol de grandes figuras. Europa los expuso en vidrieras muy afamadas y los exprimió. Pero ya estaban formados y definidos como jugadores cuando Di Stéfano arribó al Real Madrid en 1953 y el Cabezón Sívori a la Juventus en 1957.

A propósito del término "exprimir", es lo  que en alguna noche de concentración como técnico de River, Daniel Passarella nos comentó para definir su paso por Europa que se extendió desde julio de 1982 hasta mediados de 1988, cuando regresó a River para  retirarse un año después: "Allá sí que te exprimen. Las presiones del periodismo son tremendas. Hay mucha guita en juego, muchos intereses y el jugador está en el medio de todo eso teniendo que responder sin despersonalizarse. Para triunfar y dejar una huella también tenes que dejar muchas cosas por el camino. Yo en Europa lo hice. Te dan  todo, pero ojo que te piden todo. Hasta años de vida. Yo dejé años de mi vida defendiendo las camisetas de la Fiorentina y el Inter. Por lo menos cinco años. Porque si no pones todo en cada partido y en cada entrenamiento, no podes  seguir. Te rajan enseguida. Y esa entrega tiene un costo que más temprano que tarde se paga".

Quizás la excepción en el plano del jugador que llegó a Europa siendo un pibe la encarna Lionel Messi. Se desarrolló físicamente en España luego de partir desde la Argentina a los 13 años. Pero no aprendió a jugar al fútbol en España. Ya era un monstruo en las inferiores de Newell's. Messi no expresa al fútbol europeo. Expresa lo mejor del fútbol de todos los tiempos. Que no significa que sea el mejor jugador de todos los tiempos. Algo tan intangible e inclasificable como el fuego sagrado no parece ser un compañero de ruta permanente de Messi. ¿Qué es el fuego sagrado? Es hacer en la adversidad o en la urgencia lo que no puede hacer nadie.   

Frente a la dimensión de los casos citados, igual se naturalizó en el ambiente del fútbol argentino que Europa devuelve después de unos años jugadores y técnicos más plenos, más inteligentes y más sensibles a entender los pequeños y grandes secretos y misterios de la alta competencia.

Como si allá, por ejemplo Diego Simeone, primero como jugador y ahora como entrenador, encontrara lo que acá no pudo encontrar, más allá de las siderales diferencias económicas que reformulan todos los rumbos. Pero nos referimos al conocimiento. No al dinero. El dinero no, necesariamente, otorga conocimiento. También puede exponer inocultables ignorancias.  

El Cholo Simeone se hizo acá.
En la Argentina. Como jugador y después como entrenador. No fue al revés. Aunque cierto colonialismo cultural que, por supuesto también impera en el fútbol doméstico, privilegie todos los contenidos que incorporó en el Viejo Continente.

Es una forma bizarra de tirarle un centro a Europa. De querer pertenecer a Europa para colgarse alguna medallita. Esa especie de tilinguería europeísta con perfume a clase media alta o alta, Messi, nunca la adoptó. Aunque creció allá. Y ganó todo allá. Pero él reivindica que es de acá. Que se hizo acá. Porque esas cosas no se olvidan. Aunque dentro y fuera del fútbol más de uno quiera olvidarlas. 
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