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Política
20 | 07 | 2016
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El tope a las tarifas de gas torna innecesario ahorrar

José Di Mauro
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Por José Di Mauro


La última modificación tarifaria en el servicio de gas va a contramano de la obsesión presidencial de ahorrar en el consumo. Una encuesta muestra que la gente es consciente del atraso tarifario.

El tope a las tarifas de gas torna innecesario ahorrar
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De todos los aumentos de tarifas, se decía que el del gas sería el más leve, pues a diferencia de los otros servicios el fluido sí había tenido algunas recomposiciones durante la gestión kirchnerista. Sin embargo fue el que desató la gran discordia que todavía tiene conmovido al gobierno.

No es para menos, si se considera que tal es la situación que el replanteo tarifario decidido la semana pasada -acuciado por los fallos en contra de parte de juzgados y cámaras distritales- no fue el primero, sino el segundo que tuvo que adoptar esta administración.

La primera recomposición la tuvo que adoptar el gobierno el 23 de mayo pasado, acuciado por los gobernadores patagónicos que tuvieron que ponerse a la cabeza de los reclamos de la gente de sus provincias, a fin de evitar que esa gente los pusiera a ellos como objeto de sus reclamos. Y ante la intransigencia del ministro de Energía, Juan José Aranguren, debió laudar el ministro del Interior, Rogelio Frigerio, y se anunció entonces que las tarifas de gas de usuarios residenciales tendrían un tope de aumento del 400% en las provincias patagónicas.

Prueba y error, duró poco la calma, pues los topes no incluían las penalidades por mayor consumo con relación al año anterior. Así las cosas, el problema se extendió al resto del país, habida cuenta de que no solo el presente invierno es muy crudo, sino que también lo fue el otoño, registrándose en mayo las temperaturas más bajas de los últimos 60 años. No podía tener peor suerte el gobierno.

Igual, no fueron las protestas de los usuarios las que frenaron esta vez al gobierno, sino la justicia, que a fuerza de amparos le puso coto a la implementación de los aumentos y ahora deberá ser la Corte la que defina la controversia. Con todo, el gobierno decidió implementar una salida que le generará un fuerte costo fiscal -casi 12.000 millones de pesos-, al extender el tope del 400% a todo el país, pero ya sin tener en cuenta las penalidades. Esto es, así haya gastado el usuario más que en el mismo período del año anterior, eso no será tenido en cuenta, sino que el valor de la tarifa surgirá de la multiplicación por 5 de la factura correspondiente al mismo período de 2015, sin tener en cuenta que en el presente se haya excedido en el consumo.

El resultado servirá para apaciguar los ánimos y sobre todo dará certidumbre a los atribulados usuarios. Pero será un golpe muy duro no solo para las arcas fiscales y el objetivo de reducir el déficit, sino que también pondrá en saco roto la prédica del propio Presidente en pos de reducir el consumo. Es que a partir de esta decisión a la que se debió llegar empujado por los gruesos errores de implementación de los aumentos, no tiene ningún sentido ahorrar gas, al menos este año.

¿Por qué? Porque al ya no contemplarse la comparación entre un período y otro, hemos llegado a una suerte de tarifa plana, que es lo que se supone regirá al menos por este año. Se descuenta que en el próximo volverán los premios y castigo, y con un invierno menos crudo que el actual, lo más probable será que la mayoría termine ahorrando gas con relación a este año.

Ahora bien, por si las temperaturas no suben en 2017, convendrá también que este año se haya gastado mucho, para no ser penalizados el año que viene. Esta recomendación que puede poner los pelos de punta a Mauricio Macri, tan obsesionado como está porque los argentinos moderen el consumo, puede enojar a las autoridades, pero es producto de lo que ellas mismas han dispuesto.

Y rige solamente para el gas, conviene remarcar.


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La gente entiende

Independientemente de ello y de las protestas que persisten en torno a la magnitud del tarifazo, por una vez pareciera que la gente ha tomado conciencia de la necesidad de reacomodar los precios, admitiendo la irrealidad en la que nos habíamos acostumbrado a vivir.

Una encuesta de Giacobbe & Asociados, permitió determinar que el 71,1% es consciente de que las tarifas de luz, gas y agua estaban atrasadas. Apenas un 17,5% opina lo contrario, siendo obviamente los votantes kirchneristas los que más abonan ese pensamiento.

Un 61,8% valora como un signo de inteligencia la rectificación de sus políticas que suele hacer el gobierno, mientras que un 37,6% lo considera un signo de torpeza. Y para tranquilidad de Macri, vale destacar que un 70,7% dice estar gastando ahora menos que antes, contra un 28,9% que sigue gastando igual. Hablamos de energía, no de plata, claro está.

En tren de atender las consecuencias del aumento del gas, un 37,6% piensa que los jubilados deberían ser subsidiados en este rubro, mientras que solo un 22,8% opina que eso debería correr para toda la población. El 20,4% cree que los subsidios deberían alcanzar solo a las zonas más frías.

Eso sí: el 81,3% de la gente opinó que el tarifazo debió aplicarse de manera gradual, contra apenas un 16,4% partidario del shock: de una sola vez.

Un 29,6% piensa que si Daniel Scioli hubiera sido presidente hubiera aumentado las tarifas de una sola vez, mientras que un 40,4% cree que lo hubiera hecho de manera gradual y un 26,9% piensa que no las hubiera aumentado.

Un área donde las opiniones están muy divididas es cuando la pregunta apunta a que el costo real de los servicios es mayor al que se cobra a los usuarios. Ahí el 51,3% piensa que la diferencia la debería pagar el Estado, contra un 46,8% que piensa que deberían pagar los ciudadanos.


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