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Opinión
20 | 07 | 2016
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Favoritismo engañoso

Gustavo Nigrelli
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Por Gustavo Nigrelli


La protección de los favoritos a la hora de las peleas, contrasta con la desprotección que a veces sufren debajo del ring, ya sea en los entrenamientos como en el cuidado personal, para subir de la mejor forma sin subestimar rivales por considerarlos inferiores. ¿Y si no, por qué cada vez les cuesta más a éstos demostrar su supremacía?

Favoritismo engañoso
La "Indiecita" Anahí Sánchez
Foto:

El pasado finde se acentuó algo que viene ocurriendo cada vez más en el boxeo doméstico: que el favorito gane en fallo ajustado, polémico, o que directamente pierda.

Le sucedió el viernes a la "Indiecita" Anahí Sánchez ante la santafesina Tamara Núñez (6-7-3)en Pergamino, donde a la primera la beneficiaron con un fallo localista, aunque haya sido no unánime –era más para un empate-, y el sábado al bonaerense Germán Benítez, quien directamente fue noqueado por el pampeano Sergio Gil por KOT 4.

Ya antes a la "Bonita" Bermúdez le habían dado un triunfo injusto en la FAB ante Paola Benavídez, y en otros casos menos conocidos, a los favoritos les costó, o perdieron ante oponentes inferiores.

Pero analicemos los ejemplos más frescos.

La Indiecita subió en un estado calamitoso: rolliza, lenta e imprecisa, pese a que hacía bastante que tenía programada su pelea.

Las limitaciones de su rival, el cierto respeto inspirado, algo de oficio adquirido de la Indiecita y lo cortas que son las peleas de mujeres, obraron para que Sánchez retuviera su título superpluma FIB y disimular en lo macro su falsa actuación.

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¿Y el caso de Benítez?

Benítez subió físicamente impecable, al menos en lo visual. Tenía la experiencia de Los Cóndores encima, donde peleó un par de veces y enfrentó a lo mejor de AIBA. Venía invicto como profesional, con 16-0-0, 8 KO, y una proyección en alza, además de un valioso KO –hasta ahora, de lo mejorcito del año- ante Horacio Cabral en marzo. Sin embargo sufrió un traspié inesperado y resonante.

Peleas son peleas y podía ganar o perder, pero no era lógico que lo hiciera por semejante KOT –otro de los mejores de la temporada- ante un púgil que venía de 4 derrotas en los últimos 5 combates. ¿Qué pasó?

Cierto es que Gil, cuyo record es de 18-7-2, 13 KO, las mete duras, y que las derrotas sufridas fueron siempre por puntos y casi todas en fallos divididos, pero no era para tanto.

El sábado sin embargo parecía potenciado, al punto que desde la 1ª vuelta se notaba que cuando lo pescara lo iba a liquidar a Benítez, porque sus manos –en especial la izquierda en cross- pasaban cerca como bombas, y cuando llegaban se percibía que hacían estragos.

Y así fue. ¿Pero se trató de un mérito propio, o de una debilidad ajena? ¿Se habrán confabulado ambas cosas, es decir, la potencia de Gil y la poca absorción repentina y desconocida de Benítez?

Hay un dato: Benítez estuvo ayudando en el gimnasio durante este último tiempo a Matías Rueda, que como todos saben, es un pegador picante y el sábado tendrá una chance mundialista ante el mexicano Oscar Valdez, por el pluma OMB vacante en Las Vegas. 

Rueda asegura estar en la mejor forma física de su carrera, y además viene de cambiar de entrenador (ahora está con Tommy Zalazar), por lo que dice haber mejorado su técnica ofensiva en cuanto a la ejecución de sus golpes, además de la parte defensiva. Y tal vez Benítez haya sido el inocente damnificado de ese aprendizaje.

Hubo y habrá muchos púgiles en la historia que "se acabaron en el gimnasio", como se decía antes cuando las promesas quedaban en el camino a causa de los duros guanteos en los entrenamientos.

Los que peinan canas hablaban de Norberto Rufino Cabrera a manos de Carlos Monzón, quien no obstante señalaba a éste como su sucesor, por las batallas de igual a igual que sostenían en el gimnasio. Pero Cabrera era un peleador sostenido, que más era lo que aguantaba que lo que pegaba. Y del otro lado estaba nada menos que el Gran Carlos.

Similar le pasó a otro sparring del recordado campeón mundial mediano, como Daniel "Cañonazo" González, que si bien era welter, ayudaba a Monzón por estar en el equipo de Amílcar Brusa. González llegó a pelear nada menos que contra Sugar Ray Leonard y perdió por KOT 1.

Ya más acá, recordamos casos como los de Manuel Alejandro, sparring del Zurdo Vásquez, promesa desde amateur, que de buenas a primeras se vino abajo. Mario Gastón "Chávez", también sparring de Vázquez -e incluso del Roña Castro-, pagó caro tributo de ello.

Hubo otros que sufrieron las consecuencias –aunque sea esporádicas- de guantear con Juan Martín "Látigo" Coggi, como Oscar "Cañete" López, Jorge Melián, o Alberto Arano, incluso el mediopesado uruguayo Rodrigo Benech.

Y para agregar algunos más, recordamos otros como el de Alfio Ruiz, que ayudaba a "La Hiena" Barrios, o el de Juan Manuel Bonanni, que guanteaba con Lucas Matthysse, sólo por nombrar algunos que la memoria rescata, aunque varios hayan sido casos fugaces que luego recobraron su entereza.

En épocas de vacas flacas hay que cuidar cada detalle, porque una promesa en ese contexto es como el ahorro mensual, que debe ser gastado con inteligencia y no con despilfarros.

Por eso a veces se contrata a púgiles de afuera para pagarles como es debido y poder practicar la parte fuerte del entrenamiento sin remordimientos. Y si no se va al exterior a guantear fuerte allí, donde proliferan sparrings de todos los colores. Eso se llama "invertir", pero hoy en día nuestro medio no da para eso.

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La fragilidad demostrada por Benítez, sin desmedro de la pegada de Gil, hace pensar que pagó tributo de guantear con Rueda, lo cual por un lado significa que éste está afilado para el sábado en su poderío ofensivo. Pero sería bárbaro en lo sucesivo que una cosa no afecte a la otra.

Párrafo aparte amerita la actuación del árbitro Rodolfo Stella, quien le dio el pase a Benítez tras la primera caída en el 4º cuando le pidió que "camine" para ver su motricidad, y pese a que al hacerlo trastabilló, lo habilitó a seguir. Una incoherencia inentendible y peligrosa que también atenta contra la protección de valores, y que se debe cuidar un poco más.

Y por último, sería genial además que se exijan a los fondistas con peleas de mayor nivel para que no se aburguesen confiados en la accesibilidad de sus rivales, cuyos números a veces son mentirosos, como los de Gil.

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