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Política
26 | 07 | 2016
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El dolor de saber que era una hija ilegítima

Marcelo Pensa
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Por Marcelo Pensa


Según algunos biógrafos, en realidad, los hijos de doña Juana Ibarguren, madre de Eva, nunca fueron reconocidos por su padre, aunque adoptaron el apellido.

El dolor de saber que era una hija ilegítima
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Eva Duarte nació el 7 de mayo de 1919 en la ciudad de Los Toldos, Provincia de Buenos Aires, como hija natural de Juan Duarte -estanciero y caudillo de la zona- y de una mujer sencilla, Juana Ibarguren. Duarte mantenía con la madre de Eva una relación extramatrimonial y, además, una esposa -Estela Grisolía- e hijos legales.

De la unión de Juana y Duarte habían nacido, antes de Eva y en ese orden, Elisa, Blanca, Erminda y Juan. Según algunos biógrafos de Evita, en realidad, los hijos de doña Juana nunca fueron reconocidos por su padre y adoptaron el apellido. Duarte luego de la muerte del mismo. Cierto o no, la verdad es que Evita debió padecer, desde muy niña, la vergüenza de ser una hija ilegítima en la Argentina de principios de siglo XX. Doña Juana, desesperada por mantener a sus hijos, pasaba sus días sentada en su máquina de coser. Debió ser desde entonces que Evita empezó a ver en este elemento -que luego regalaría por miles a través de su fundación- una salida para el hambre y la miseria.

Evita era una niña morena con el pelo cortado estilo paje, delgada -quizás en extremo- y soñadora. Una anécdota cuenta que en la infancia, además de su fortaleza y el terror por ser una desposeída, también adquirió la piel transparente que siempre la caracterizó. Según esta versión -confirmada por su hermana Erminda posteriormente en su libro sobre ella-  un día, siendo niña, estaba mirando como su madre cocinaba aceite en un calentador cuando, de golpe, el líquido hirviendo cayó sobre su rostro. Aunque apenas gritó del dolor, con el correr de los días la piel se transformó en una costra negra que, al caer, dejó paso a la piel lisa y pulida que Alicia Dujovne Ortiz menciona en su libro como "piel de sirena o piel de muerta".

Un día, los Ibarguren-Duarte se despertaron con la noticia de que don Juan había fallecido en un accidente. Era el 8 de enero de 1926. Evita tenía sólo siete años cuando su madre la tomó del brazo y, junto a sus hermanos, la llevó a Chivilcoy, donde vivía Duarte, para asistir al velatorio. "Como era de esperar su llegada causó una conmoción y se le negó la entrada a la casa. Pero ella se enfrentó a la familia Grisolía y, después de una escena violenta, consiguió que sus hijos acompañaran el cuerpo de su padre hasta el cementerio", asegura en "Evita" Marysa Navarro.

Otras versiones dan cuenta de que Grisolía negó a doña Juana y familia la entrada al velatorio. Esta imagen de humillación, afirman, quedó marcada a fuego en la vida de Evita y le dolió mucho más que la quemadura con aceite.

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Quienes han investigado el origen de su carácter autoritario y fuerte, lo vinculan con su árbol genealógico: Evita era vasca por casi todos sus costados. A poco de morir Duarte, doña Juana, tan fuerte y autoritaria como su hija, decidió trasladarse con su familia a la ciudad de Junín. Allí, la mujer siguió con su trabajo como costurera, Elisa consiguió trabajo como maestra y "Juancito", como lo llamaba Evita, como corredor de la firma de jabones "Guereño", casualmente, una de las que posteriormente auspiciarían los programas de radio de Eva Duarte actriz. Para mejorar su situación económica, la madre de Eva empezó a cocinar y ofrecer sus servicios de comida casera a solterones que, cada mediodía, llegaban a su casa. Fue por entonces que Blanca conoció a Justo Alvarez Rodríguez, con quien se casó y Elisa hizo lo propio con otro de los clientes: el mayor Arrieta.

Evita, por entonces una esmirriada adolescente, soñaba con Norma Shraer -su actriz preferida-, los teléfonos blancos y las sábanas de satén de Hollywood. Tenía sólo 11 años cuando representó por primera vez ante un público. Fue en la obra "Arriba estudiantes", en ocasión de un acto escolar. Elsa Sabela, compañera de grado, recordó más tarde que "Evita era la mandona del grado pues pertenecía a los repitentes y, por esto, había dividido a la clase en dos bandos. A fin de año se debatían entre comprar un rosario -propuesta encabezada por Evita- y un misal. Por supuesto, ganó Evita. Siempre conseguía lo que se proponía".

Un tal Ricardo parece haber sido, de acuerdo a algunos testimonios, el único amor adolescente que se le conoció. Pero cuando cumplió catorce años una experiencia terminó de marcar su destino. Fue cuando fue invitada junto a una amiga a pasar unos días en la ciudad de Mar del Plata -por aquella época bastión de la gente de dinero- por un par de chicos "bien". Pero, como era de esperar, las intenciones de los jóvenes no eran todo lo "santas" que parecían, intentaron violarlas y las dejaron abandonadas en las afueras de Junín. Evita juró ese día que nunca más un "oligarca" iba a hacerle daño.

En 1934 la familia de doña Juana se mudó a una casa más confortable, situada en la calle José Arias al 100, en Junín. También sería este el año en el que las aspiraciones de Evita comenzarían a mostrarse de manera más marcada: quería ser actriz y estaba dispuesta a conseguirlo.

También en este caso -como sucede a lo largo de toda su vida- se suman las versiones. Que fue presentada por su hermano a Agustín Magaldi cuando el cantor viajó a Junín para una actuación y al día siguiente partió con él hacia Buenos Aires, donde posteriormente fue abandonada a su suerte; que Magaldi viajó junto a su mujer, se apiadó de ella y la trajo a la gran ciudad para ayudarla; que fue doña Juana quien la acompañó y la instaló en casa de unos conocidos de Junín; que Evita, con una pequeña valija, camisa blanca, falda y alpargatas, se lanzó sola a la aventura. Lo cierto es que el 2 de enero de 1935 Eva llegó a Buenos Aires para comérselo con sus ojos. El principio de su sueño estaba cumplido, aunque debió pasar mucho hambre y mucho dolor para obtener su gloria.

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