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Turismo
25 | 07 | 2016
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Por qué Villa General Belgrano enriquece tanto la mirada como el paladar

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Con la torre como emblema, esta localidad de estilo europeo y valles encantadores no detiene su marcha al momento de convocar a miles de turistas durante todo el año. La fiesta de la cerveza, por supuesto, también es una tentación entre expertos y aprendices de la fiebre por la siempre cautivante espumita.

Por qué Villa General Belgrano enriquece tanto la mirada como el paladar
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El repique de campanas llama a turistas y locales a reunirse ante la pequeña puerta de ingreso de la Torre del Reloj, en Villa General Belgrano, a la espera de comenzar un mágico recorrido que los internará en la historia del lugar, y les ofrecerá, desde el mirador, una vista privilegiada de esta localidad de estilo centroeuropeo enclavada en el cordobés Valle de Calamuchita. Es esta, sin discusión, uno de los principales motivos que explican por qué General Belgrano hoy es uno de los polos turísticos que más evolucionó durante los últimos años. Los 98 escalones en caracol de esta torre de 23 metros de altura, que lindera con el salón de convenciones -réplica de otros similares ubicados en ciudad alemana de Colonia-, no amilanan a los visitantes, que de a pequeños grupos, van subiendo al primero de los siete pisos en los que se divide la estructura.

El circuito autoguiado, con tres descansos, recibe al visitante con un cartel donde se cuenta la historia de esta localidad que cambió de nombre en tres oportunidades -primero se llamó Paraje El Sauce, luego Villa Calamuchita, y finalmente su actual denominación de Villa General Belgrano-, con la llegada de los inmigrantes y su proceso de integración con los serranos que ya habitaban la zona.

Los tres primeros pisos sirven de descanso antes de emprender la subida final hasta las alturas del mirador, y en cada uno de ellos, los afiches de la famosa Fiesta de la Cerveza, Octoberfest, desde la primera, en la década de los 70, hasta la del último año, decoran las desnudas paredes de la torre iluminadas por la luz natural que se filtra por los ventanales.

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La muestra de los afiches, donde se puede reconocer como fue variando el diseño con el paso del tiempo, son una suerte de homenaje a la fiesta más popular de la villa y coincidieron -en la reapertura de la torre el pasado 23 de abril-, con la celebración de los 500 años de la Ley de la Pureza, que establecía que la cerveza sólo se podía elaborar a partir de tres ingredientes: agua, lúpulo, y cebada malteada, según lo dispuesto en 1516 por el rey bávaro, Guillermo IV, y que todavía se cumple en la Villa.

El desenlace

Al transitar los últimos escalones se deja adivinar una luz intensa que ilumina un impresionante mural que abarca todo el escenario: el piso, con una gran rosa de los vientos desplegada, y los cuatro pequeños balcones donde el artista pintó flores representativas de los habitantes de la lugar: el Ceibo y la Chinta (como locales), y el Edelweiss y la Ezian (en homenaje a los inmigrantes centroeuropeos)".

Jugué un poquito con la idea de los relojes y también con el movimiento que genera el tiempo, en esto del paso de las estaciones.

También pensamos la idea de estar pintado el piso, con la rosa de los vientos, y poder ubicar a la persona que suba a la torre para que se direccione en función de las distintas vistas que hay, que varían además de acuerdo a los horarios", explicó el artista local, Héctor Dexamar, autor de la obra.

Para el sur, uno de los laterales de la calle Roca, la principal de la localidad, el final de las sierras chicas, el embalse, y la localidad de Yacanto. Girando hacia el este, el visitante se encuentra nuevamente con las envolventes sierras chicas, en cuyo semidesnudo faldeo salpica la vegetación autóctona, el cerro de la Virgen y el Pico Alemán.

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