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Salud
23 | 07 | 2016
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El miedo a tener miedo

Facundo Manes
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Por Facundo Manes


El miedo a tener miedo
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En los últimos años resulta frecuente escuchar en las conversaciones cotidianas y también en los medios de comunicación referencias al ataque de pánico. ¿De qué se trata? Por sus manifestaciones físicas y psicológicas, el ataque de pánico es sinónimo de miedo extremo. Consiste en la aparición abrupta de cuatro o más síntomas físicos intensos acompañados de mucho temor. Entre los síntomas se encuentran, por ejemplo, las palpitaciones o taquicardia, dolor u opresión en el pecho, sudoración, temblores o sacudidas, sensación de ahogo, inestabilidad, mareos o sensación de desmayo.

Cuando se presenta en forma inesperada y repetidas veces, muchos desarrollan el miedo a tener miedo. En ese preciso momento se configura el trastorno de pánico. Por la intensidad de sus manifestaciones físicas, las personas que sufren por primera vez esta condición suelen ir primero a las guardias clínicas, consultorios médicos o consultan cardiólogos. En una encuesta online realizada por la Clínica de Ansiedad y Estrés de INECO, los participantes que informaron haber sido diagnosticados con trastorno de pánico consultaron en promedio a 3,4 médicos antes de recibir el diagnóstico correcto.

El trastorno de pánico generalmente comienza en la temprana adultez aunque puede haber casos de inicio en la adolescencia en pacientes más vulnerables a la ansiedad. En casos extremos el miedo está acompañado de fenómenos de extrañeza con el propio cuerpo.

Como las crisis de pánico tienden a repetirse, esto genera un estado de alerta ante la aparición de futuras manifestaciones. Este estado de hipervigilancia se conoce con el nombre de "ansiedad anticipatoria".

Librado a su evolución, el trastorno tiene una tendencia a volverse crónico con períodos de crisis más o menos severas que dañan el bienestar y la autoestima, y, a veces, lleva a que los pacientes se encierren en sus casas. También hay personas que solo experimentan una crisis de pánico aislada sin mayores consecuencias. Los expertos internacionales señalan que tanto la farmacoterapia como la psicoterapia cognitiva conductual son las dos herramientas básicas más eficaces para el tratamiento.

Tener un conocimiento más preciso sobre esta enfermedad nos ayuda a ser más comprensivos con quienes padecen el miedo a tener miedo.

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