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Boxeo
25 | 07 | 2016
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Falta de voluntad

Gustavo Nigrelli
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Por Gustavo Nigrelli


Hace un par de semanas, fuertes acusaciones del púgil Carlos Aquino pusieron en tela de juicio la transparencia del boxeo de AIBA, siempre en el ojo de la tormenta. ¿Qué hubo de cierto? ¿Fueron verdades, o excusas de perdedor? Las redes sociales potencian la cultura del desprestigio, y a veces obligan a extremar recursos para detectar falsedades, si es que todavía interesa llegar a la verdad.

Falta de voluntad
Carlos Aquino
Foto:

Puede parecer desactualizado, pero fue un tema que pasó injustamente inadvertido y, por respeto a todos quienes estamos involucrados en el boxeo de una u otra manera, merece al menos un mínimo de atención.

Se trata de las declaraciones, mejor dicho, de las graves denuncias del púgil entrerriano Carlos Aquino, el 64 kg profesional que intervino en el último preolímpico de Vargas, Venezuela -donde se mezclaron profesionales y amateurs-, quien acusó a la AIBA de arreglar una pelea en su contra ante un qatarí.

Aquino perdió en su primera pelea frente a su rival asiático, de extracción amateur, llamado Thulasi Tharumalingam.

Sin embargo, la historia dirá que el argentino quedó afuera por no dar el peso en la lucha por el 3º puesto que lo podría haber convertido en el 7º representante del boxeo nacional en los JJOO de Río '16, de haber ganado.

Aquino tenía la ventaja de haber sido el único en pasar bye la 1ª rueda, es decir, pasó sin pelear,  gracias al sorteo. Y Tharumalingam, en cambio, había dejado en el camino a un italiano profesional de nombre Massimiliano Ballisai, por lo que tenía ya una batalla sobre el lomo. Pese a eso, Aquino no lo supo aprovechar.

El entrerriano ya había llegado a Venezuela con problemas serios de peso, y las malas lenguas comentaron que de no haber sucedido esa milagrosa lotería en el sorteo, no hubiese podido pasar la balanza en esa fecha si le hubiese tocado pelear.

¿Alguien de la FAB usó sus influencias para eximir a Aquino en el bolillero? Cómo no pensar o suponer que sí, aunque sea imposible comprobarlo. Pero sea como fuere, alguno se tenía que salvar, y le tocó al nuestro.

Aquino luego dio sus 64 kg –dos días después, ya en semifinales-, enfrentó al qatarí, y en pelea pareja, que él consideró un robo, perdió 29-28 en las tres tarjetas. Los tres jueces lo vieron perder los dos primeros rounds y ganar el 3º.

Sin embargo, se quejó. Y expresó en su facebook declaraciones que levantaron varios portales de internet, entre ellos, "A la vera del ring", del colega Gustavo Zamudio, manchando a todo el mundo. Aquí lo reproducimos:

Declaraciones de Aquino

Es cierto que Qatar es una potencia económica, y que no había clasificado a ningún púgil hasta ese  momento. También es cierto que el Jeque –o como se le llame a su autoridad máxima- estaba presente en el estadio, con su tradicional túnica blanca. Ahora bien; ¿el mismo que tuvo el poder de meter la mano en el sorteo para ayudar a Aquino, no lo tuvo para impedir que le robaran la pelea en sus narices?

A propósito de lo que Aquino pone en boca de su DT Fabián Escalada, cierto es que para motivar, o para que el púgil no relaje ni subestime, los DT suelen exagerar verbalmente las dificultades a enfrentar, empeorando el panorama si es necesario, para mentalizar a su boxeador.

El DT es el primero que está expuesto a percibir sensaciones, temores, o detectar señales sospechosas que lo hagan dudar y abrir el paraguas, cosa que les transmiten luego a su pupilo para que éste esté atento, y poder exprimirlo al máximo. Pero eso no quiere decir que tenga asidero todo cuanto éste le comenta, ni que sea una información fidedigna, que, de haber sido tal, seguramente no se habría enterado nadie, y menos la delegación argentina.

Lo concreto es que esta es la pelea. Son sólo 3 rounds, obsérvela si tiene tiempo y opine si se trató de un robo o no:

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En AIBA se cometen muchos fallos malos, injustos, dudosos. Pero querer hacer pasar éste por uno de ellos, desacredita cualquier posterior queja y atenta contra la credibilidad de cualquier protesta.

Lo puramente cierto es que Aquino, con ganar una sola pelea en Venezuela iba a Río. Y que pese a su derrota, no estaba para nada eliminado.

Tenía que pelear al día siguiente contra el otro perdedor, el ucraniano Volodymyr Matviichuk, que había recibido una paliza por parte del búlgaro Hovhannes Bachkov, y estaba verdaderamente peor que él.

Aquino sólo tenía que dar el peso. Perdón; Aquino lo único que tenía que hacer, por obligación, y de mínima, era dar el peso. Y no sólo no lo dio, sino que ni siquiera se subió a la balanza.

El DT Escalada había ordenado tomar algo liviano, descansar 3 horas y luego levantarse a la noche para entrenar y ponerse en categoría a efectos de ir al pesaje unas horas después y sacarse de encima el reto de la balanza. Luego sí, alimentarse tranquilos hasta el momento del combate.

Pero Aquino, que se fue a su pieza con 1,500 kg arriba, se levantó con 3,500 de más, imposibles de bajar en tan poco tiempo. Desobedeció las órdenes y no controló su ingesta, como le habían recomendado.

Distinto fue el caso del 49 kg Leandro Blanc, el otro representante argentino que viajó, que sí cumplió, dio el peso y entró a los JJOO.

Aquino siguió de largo y se quedó durmiendo en su cama, echando culpas al resto, sin la menor autocrítica. No reconoció siquiera su responsabilidad, que a fin de cuentas es la única comprobable y la que importaba antes que nada.

Cuentan que en el pesaje, el ucraniano que debía enfrentarlo estaba abatido sobre las sillas, al límite de sus fuerzas, preguntando incrédulamente si era cierto que el argentino no se presentaba.

Fue el día en que a grandes rasgos, y salvando las distancias, se reeditó la "Alí-Frazier III" en versión olímpica y sin subirse al ring, sino frente a la balanza. La diferencia fue que Aquino se rindió por voluntad propia, o mejor dicho, por falta de fuerza de voluntad.

Horas después, tras reflexionar un poco y recibir algunas réplicas, bajó los decibeles, borró algunas declaraciones y dejó esto:


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El boxeo, como todo suceso social, tiene una historia que debe ser contada desde ambas campanas, porque como de costumbre, suelen surgir dos versiones distintas según el protagonista que la emita. Pero la verdad siempre es una sola y es justo querer llegar a ella tal como es, porque así es perfecta.

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